25 de agosto de 2014

Nunca te dije que tuviera corazón


...cosas en las que nunca nos fijamos.
Esa alcantarilla, por ejemplo.
¿Qué habrá debajo?”dices.

No me apetece imaginarlo.
Yo vivo en un mundo, perfecto, Darling.
Sin pobres, ni perros abandonados, ni violadores de niños ni,
malos olores.
Vivo al abrigo de un rebaño.
A salvo de, cualquier eventualidad.

...¿quién quiere ser un héroe?
Me sientan mal las capas, prefiero el chándal,
y el único principio que me rige,
es que otro pase hambre;
que lo atropelle un coche;
que se muera de cáncer;
que sea otro el refugiado,
la víctima,
que otro, sea el crucificado, yo,
soy demasiado cobarde como para ponerme delante,
al amanecer, de un pelotón.

Ni con los ojos vendados. Ni siquiera por ti.

Por eso aún sigo entero,
mientras tú ya te has roto, tantas veces,
en mil pedazos.

Tú y tu dale una moneda.
Yo y mis ¿no ves que está borracho?
Tú. Tú y tu vocabulario de frases imposibles:
Deberías dejar de fumar”
Tú y tu paciencia. El calor de tus manos. Una orilla en tus ojos,
de siluetas pescando, y almejas enterradas en la arena.
Tú que te que te porque a Betty, la chica de la peli,
se le ha roto una uña.
Que te llevas a casa los nidos de gorriones.
Que te quedas a bailar hasta muy tarde, bajo la luz de la luna la danza de la vida.

Loca.

Te vas a matar.

¿Y qué haré yo sin norte?

¿A quién haré llorar?

Y aún te atreves a llamarme bebé, porque no tengo los ojos abiertos, dices,
todavía.

¿Sabes qué? Vuelve otro día.

He visto Matrix nueve veces.

No soy tu Neo.
No soy tu Popeye.
No soy Super ratón.

¿Todavía estás aquí?

¿Qué coño estás mirando?




14 de agosto de 2014

Algo que ver con el amor


No quiero a mi madre.
Mi madre me pegaba.

Eso es lo que pienso de la sangre, por cierto,
tengo un regalo para ti.

No es un transatlántico. Ni un pijamita rosa.
No es una ventana.
No es la luna.

En cambio aún quiero a mi padre.
Aunque también me pegara.
Soy yo quien decide a quién perdono, y por qué.

Los días que estaba sobrio,
me enseñaba a montar en bicicleta.
A fabricar cometas.
A dibujar con lápices de cera en el caparazón de las tortugas,
arcoiris y barcos.

Por cierto: no es un Iceberg.
Ni se come, ni un zapato.

No es otra canción.

¿Te he contado alguna vez por qué todavía sigo vivo?
A pesar de todas esas guerras que asolan mi mundo.
De que nadie se recicle.
De todos los cadáveres, las mocas, las lombrices.
De que las putas no coticen en la seguridad social.
A pesar de que un tipo saque una pistola en la cola del hipermercado y se ponga a disparar porque tiene mucha prisa.

A pesar de todos mis errores.

No. No se come. Por cierto, no es, un faro.

Porque tengo los ojos abiertos.
¿Ves todas esas estrellitas?
Se llama Universo.
Si sabes eso, también sabes que sólo eres un grano de arena en la playa,
y que la única palabra que importa, es, gracias.

Ya te he dicho que no es chocolate.
No es un yunque.
Ni un camaleón.

¿Recuerdas aquel gato que atropellamos con el coche?

Lloraste mucho.

¿Recuerdas el día que me encontraste en la basura?
¿Que me metías en el pico trocitos de pan?
¿Recuerdas cómo me vendaste el ala rota con una bufanda que llevabas al cuello,
de papel celofán?

No es París.
Ni un nuevo ordenador.
Ni una plancha.
Ni el cubo de Rubik.

Tiene que ver con que me habite tu luz el corazón.

Si dices que sí,
que sea para siempre,
-donde “siempre” sea igual, en la ecuación,
a los días que aún me quedan por vivir-.

17212 si no recuerdo mal.

Ya le puedes quitar el lacito...



13 de agosto de 2014

Ya ves, aquí...


Me llamo xxxxx y estoy muerto.
Se lee xx
No soy un fantasma. Ni ni un zombi.
Soy idiota.

Pero podéis llamarme Wallace.
Y sí, hay dos nis.
Le da cierto sentido musical a toda esta mierda.

Los demás iros a dormir.
Que descanseis niños.
Los mayores, vamos a hablar de cosas importantes.

¿Cuánto hace que no tocas la tierra con las manos?
¿Que para qué?
¿Que para qué?
Hace rato que tendrías que estar en la cama.

Para estar vivo.

¿Cuánto hace?

Yo daría lo que fuera por dejar resbalar entre mis dedos la arena de una playa.

¿Cuánto hace que no...ya sabes?
Era bonita. ¿Lo recuerdas?
Le echabas dos polvos sin sacarla.
Y ahora ni siquiera la miras a la cara.

Yo, daría...

¿Cuánto hace que ya no tienes ganas?
¿Que te has rendido?
¿Que ya no te acuerdas de ti?

De cómo eras.
Hermos@.
Bravo@.
Feliz.

Por oler de nuevo el césped, recién cortado yo, daría, mi contraseña de hotmail.

Por tantas cosas que no hice.
Por miedo.
Por cobarde.
Porque era imposible.

En 1416, ver un pájaro de hierro en el cielo rumbo al JFK,
también era imposible.

Daría lo que fuera por comerme un huevo frito.
Con pan.

Con mucho pan.



12 de agosto de 2014

El día que inventé los arbotantes


Tengo tantas cosas que contarte...Me he sentado donde siempre a mirar nuestro horizonte. Corre una leve brisa. ¿No crees que todo el mundo busca a alguien que le ayude a construir un lugar donde cumplir sus sueños?
El mar me ha preguntado por ti. 

Mientras te escribo, alrededor, la vida se mueve. Hay una mujer mirando a un hombre como si estuviera envuelto en papel de regalo. Ya sabes, que gracias a mis superpoderes, puedo escuchar sin moverme de la silla como laten. Es su primera cita. Se hacen radiografías y esas cosas, y huelen como si acabaran de salir de la ducha. Él está pensando en si la besará en los labios cuando se despidan, o en la mejilla. Ella se asegura de que no se equivoca. De que es él. Ese. El que estaba esperando. Porque se lo merece. Porque después de las tormentas la vida continúa. Porque ha terminado de pagar sola la hipoteca. De amamantar crías. De llorar.

Son bonitos. No sé si lo saben.

El sindonio se muere. Se le han puesto las hojas blancas, y se caen. Ven ya. O no quedará ni una planta cuando vuelvas.

También hay una mujer vendiendo papeletas. Se acerca a la gente con un buenos días para a continuación contarles la historia de Marta, la hija de su vecina. Se va a morir. Si no la operan. Y se han puesto de acuerdo todos los vecinos para... Un euro...el premio es una cesta con fiambre. 
Pero todo el mundo sabe que el premio es más grande, y algunos, compran dos, o tres, y lo guardan en la cartera, donde seguramente se quede olvidado para siempre y aparezca un día después de pasados muchos años, y uno, se acuerde de si Marta aún sigue viva, de si habrá ido al instituto, de si la habrán invitado al cine alguna vez.

Ayer soñé que me enrolaba en un mercante que iba rumbo a las Américas.  Nos dieron un papel, con el día y la hora a la que zarpaba. Era un barco grande, con pasillos largos y muchos camarotes repartidos a izquierda y derecha.

Hay una niña de unos dos años jugando con la tierra. Tiene coletas. Y una boca muy pequeña con un caramelo dentro. Y una pelota de goma rosa. Y toda la vida por delante. Ahora parece una ardillita. Lo mira todo. Como si fuera la primera vez de todas las cosas de este mundo. Ha metido la mano en un hormiguero y está boquiabierta viendo subir hormigas por su brazo. 

Ya sabes, un lugar donde hacerse fuerte, y resistir juntos los embates. A salvo de las guerras de este mundo. ¿No crees? Que la gente se busca como imanes, que solo eres una presa fácil, que las nostalgias te pueden, que no puedes engañarte mucho más tiempo. Que no es lo mismo, contigo. Que todo es más. O al menos, lo que debe. Que sacrificio no es sinónimo de perder algo a cambio. ¿No te hace sentir importante? Amar así. Tan lindo. 

Yo te doy mis pájaros y mi mirada furtiva esa que dices que a donde, que qué lejos, que cómo se llama esa estrella. Tú me das las ecuaciones correctas. Los besos más pequeños. Los metes en bolsas de plástico que cierras atándolas con un lacito y me los mandas por fax al corazón. Me compras calzoncillos. Calcetines, bufandas...y yo te escribo en las palmas de mis manos, y pincho chinchetas en un mapa de todos los sitios a los que todavía no hemos ido.

También hay un gato. Se pasea por entre las patas de las sillas de aluminio.

Cuando vuelvas, vendremos a este sitio. Tengo un regalo para ti. 

-¡Rinnnnnngggggggring ring ring ring!!!!!!!!!!!!!

-¿Sí?

-Dame una pista.




10 de agosto de 2014

Ensayo bajo la sombra de una higuera


Klein
-mi osito de peluche-,
 va a necesitar un hogar cuando me muera
-que no voy a morime todavía-,
no,
llores.
Te pones muy fea.

Todo lo demás, sólo son cosas.
Cosa bonitas que he ido metiendo en la maleta,
por todos esos sitios, en los que estuve alguna vez.
Y las cosas se oxidan. Se arrugan. Desaparecen.
Como el pez naranja, que amaneció doblado,
bocarriba,
tieso,
como un palo.

Las cajas de música dejan de sonar.
Las brújulas se tuercen.
Los barcos de papel, naufragan.
El usb con todos mis poemas, se perderá en una mudanza.

Lo importante, son aquellos sitios.

Así que quiero que lo cuides.
No lo hagas por mí.
Se lo merece, le había prometido, una vida feliz.

Cada cierto tiempo mételo en la lavadora.
Le gusta.
Y  tenlo cerca, en la cocina, junto a la cama, en algún sitio,
donde haga tibio y se escuchen las voces de la casa.
Y no le hables.
Lo intentarás.
Pero no va a contestarte.
Tiene la boca cosida con hilo.