22 de octubre de 2014

Toma 3


Fue tan bonita como escribir un libro con dos dedos.
Corta como febrero. Guarra en la cama. Un cisne.
Y sobre todo fue sincera, no, me dijo, soy de nadie.

Yo la creí hasta donde han enseñado al hombre a creer en algo,
y fue una gata en mi tejado hasta que un día
hizo la maleta porque sí.

Se llamaba Me Dueles, y aunque nunca fue mía,
me dejó esta cicatriz en el labio.







21 de octubre de 2014

Cada vez que


Hay una parte de mí que hasta entiende por qué te compartas así. Y otra que lo sufre. Y ya no lo entiende. Cuanto más alborotas, menos te entiendo.
Si te faltara un brazo ¿podrías vivir? ¿Sin un ojo, sin una pierna? Aún podrías ir a la pata coja hasta Malasia o hacer malabares sencillos con naranjas y plátanos. Respirar este aire. Pero sin mí, nunca sabrías qué había dentro de las nubes. El amor es cosa de valientes. No se salta del barco como una mala rata. No se abandona el puesto. Un capitán se hunde con su nave.

He visto en el naranjo la primera flor de azahar. Fuera. Mientras regaba de lágrimas el césped. De lágrimas por ti, como en esa canción de Luz Casal.

Si me vuelves a gritar, me moriré.


19 de octubre de 2014

Peldaño nº 11119


He alcanzado el nivel naranja. No sé si es mucho; pero sé que es suficiente. Sobre todo si lo comparo con el color mierda de mi vida hace no mucho. O el gris que nublaba mis días no hace tanto. Sin ir más lejos con el verde que emanaba como un geiser así, a ratos, tanta esperanza. Sin saber si. Sólo queriendo, queriendo que. La esperanza está bien. Pero es mejor el movimiento-aunque se quiera mucho, a veces, la esperanza nunca es suficiente-, la acción, el resultado. Se acerca más a estar vivo que vivir de mirar nubes. Se acerca más a las nubes, de hecho.

Ayer fuimos a ver a mi madre.
“No me conoces mamá. No sabes una mierda de mí. Te has perdido lo hermoso que soy. Llevo media hora cenando contigo y ya me quiero ir. Me pregunto qué hace que yo sea tan poco importante para ti.”
Soy pura energía, me digo. Soy un hijoputa. Tú puedes, me repito mientras mastico.
-Esto es para que vayas a la peluquería”. Y dejo el billete sobre la mesa. Para demostrarle a una mujer que nunca me ha abrazado que sólo hay una manera de hacer las cosas bien.
Allen me mira complacida, de que el mismo hombre que la muerde hasta que le salen cardenales en las tetas, tenga un corazón ahí dentro.
Allen sí me abraza. Me abraza como a un árbol y me dice cosas al oído. Siempre cierro los ojos. Me dejo caer y cierro los ojos. Y la escucho decir las cosas más bonitas que me han dicho en mi vida. Y cuando los abro, sigue allí.
Los trenes no pasan una sola vez. Pasan muchas. Tal vez no el mismo siempre. O no a la misma hora. Allen fue un trenecito de vapor entrando por la vía nueve. Yo apenas un saquito, de huesos esperando en la estación.

En el nivel naranja no hay promesas. La promesa en sí no puede calificarse como acto, si no como un absurdo e irrefrenable deseo de inmortalizar lo que ni siquiera ha ocurrido aún, elevando algo tan abstracto como el futuro, a una quimera, a una probabilidad entre un millón. Por ejemplo morirse. Si ya no estás, si algún día. Te lo prometo. Pero nadie se muere. Ni te baja la luna. Ni pollas de esas.

No hay miedo. El miedo actúa como depresor de la velocidad, inquieta e induce al desatino de la locomoción, provoca el advenimiento, poco a poco en ti, del fracaso. De las noches llorando bajo las sábanas. De los días sin comer. Del no me tengo. Del se acabó.

Ponte una pistola en la cabeza. Seguro que cambias de opinión.

No hay perdón. No si quieres pasar a otro nivel. Y yo quiero. Quiero brillar. Un día. Antes de morirme.
Tengo una lista de las cosas que hice mal. Es una lista larga. Muy larga. Fue porque un día me quedé sin excusas. Y me miré al espejo y el tío del espejo me dijo que quién coño era yo para andar por ahí como si fuera el rey del universo. Partiéndolo todo como si fuera mío. Pisando el césped y cortando margaritas de raíz. Y vi mi rastro. Y lloré mucho para nada. Y aquel día compré una pistola.

Y ahora estoy en el nivel naranja. Me parece increíble. Y aún conservo los dedos de los pies. Y algo de pelo. Y estoy más cerca. De cualquier cosa. Sí, el nivel naranja está bien. Al fin y al cabo fui el tío que inventó aquel puto planeta. Lo que yo quería, no era de este mundo. Aunque en realidad lo que pasó fue que nunca me rendí.

No hay pasos en falso.

Hay que.

Como si te hubieran metido una granada en la boca.




16 de octubre de 2014

Solsticio de leche merengada


Lo que engorda nuestras vacas no es amor, es pienso,
la hierba, o cualquier otro alimento propio de quien rumia
dios sabe qué mientras espanta moscas con el rabo.

Lo que hace crecer nuestras macetas no es amor.
Es el agua. La tierra. El Sol.
No son los besos, las palabras, no es el mimo
con que andamos mirando a ver cuando florecen.
Es el verso, ese segundo, el que dice es
el agua, la tierra, el sol, no
es
amor.

Lo que fríe las croquetas no es amor, es el fuego
es el aceite
no
es
magia.
No existe el duende que separe
la de color y ropa blanca, que planche ni que,
ni que, no
existen los milagros.

Es el despertador.
Es otro día por delante.

Lo que hacen los pájaros.
Cuando nadie los ve.

Lo que te digo así, sin apenas mover, ni un poquito los labios.



14 de octubre de 2014

Casi perfecto


Tengo 28 años y sufro síndrome de Down. Aunque lo que me hace sufrir en realidad son otras cosas. Cómo que papá me lleve al bar y sus amigos, me pregunten que si he follado ya. Porque tengo novia. Se llama Margarita. Es muy guapa. A veces nos tocamos. Con las manos. En sitios. Pero nunca hemos follado. Queremos follar cuando nos casemos. No por dios ni nada de eso. Dios no existe. Aunque existen los ángeles. Todo lo que tenga alas, existe. Es porque queremos hacerlo la primera vez en nuestra cama. Una cama grande con mantas de cuadros de muchos colores. Nos gustan los colores. Y con música. Y velas, como en las películas. Estamos ahorrando. Margarita cose. Cose cosas. Pantalones, botones, camisas...cosas rotas. Yo trabajo en la ferretería de mi padre. No me deja vender cosas complicadas como, taladradoras o, metro de manguera; pero soy jefe de sección de la sección de tuercas y tornillos, puntas de clavo y rodamientos. Es broma. También puedo vender taladros y pintura. Me gusta bromear. Es divertido y la gente sonríe. Me gusta la gente que sonríe. Margarita siempre sonríe. Por eso es tan guapa.
Me hace sufrir que mamá no aprecie la vida. Que vaya por ahí como sin ganas. Si supiera, que camino al trabajo a lo mejor la atropella un coche o le cae encima una maceta o yo qué sé, si, si supiera qué corta. A lo mejor mamá no se encerraba a llorar en la cocina. Se compraría un vestido nuevo. Nos llevaría al cine. Si supiera qué corta. Si supiera hasta cuando. Mamá nunca sonríe. No es feliz. Pero no es culpa mía. Las cosas son culpa de uno. Y la culpa de mamá es que toma demasiadas pastillas. Por demasiadas cosas. Casi por todo. Papá dice que es una hipocónnoséqué. Y que le salen las lentejas duras.

Hoy he visto una casa en alquiler. Es grande. Y tiene flores colgando del balcón. Me gustan las flores. Me gustan mucho las flores.