22 de julio de 2014

Poesía para descarriados



Si el amor es el ojo de una aguja
quiero ser un camello.
Quemaré mis naves.
Donaré mis órganos.
Me prostituiré.
Venderé mi alma.
Y prometo abrir todos los días las ventanas.

Pero que no me deje aquí. Tan solo.
Viendo muertos en la tele.
Buscando con los ojos algún dios.
Envenenándome.

Atraviésame, amor, el pecho como un rayo.
Que un pétalo de flor sea más que suficiente, una brizna de hierba,
para calmar el hambre.
De paz.
De belleza.
De sentir a raudales como un río la vida corriendo por la sangre.

Dame los ojos amor de ver colores.
Sácame del gris.
De los días de lluvia infinita.
Del tic tac del reloj y la música bajita,
mientras echo de menos saber cómo será.

Que te abracen.
Como a un árbol.
El calor bajo las sábanas.
Los pies bajo la mesa.
Los chistes malos.
Los helados, el cine, los rollos de papel, del váter y las pizzas.
Las fallas del terreno.
Los días sin hablarnos.
Los después.
De nuevo los helados, los grillos, mi taza de café.
Esa que dice, “Soy un desastre”.
Supongo que no había más tazas.

Debe ser magnífico que todo brille más.

Escribe pronto amor.

Te estoy esperando.



A Irene

21 de julio de 2014

Stadística


Anoche me dormí mirando el techo.
Gertrude ya se ha levantado. La escucho preparar en la cocina el desayuno de los niños.
¿Buenosdíasmiamorcómohasdormido?”. Y ya tengo a Paul agarrado a una rodilla y a Betty subida a la espalda.
Sabe muy bien cómo he dormido. No tengo trabajo hace seis meses. Pero contesto: “Bien”. Para ayudarla a mantener esa sonrisa todo el día. No se merece otra cosa. Otra cosa, sería demasiado cruel.
Salir todos los días a la calle se ha convertido en algo parecido a inflar con la boca un traje de neopreno: “Lo siento, no necesitamos a nadie”. “Es usted demasiado jóven”. “Es usted demasiado viejo”. “No se adapta al perfil de la empresa. Lo siento”.
Yo también lo siento. Siento que mis hijos necesiten zapatos. Que Gertrude cocine la tortilla sin huevos; que a Paul se le haya caído un diente y el ratoncito Pérez no haya aparecido todavía. Ha tenido el diente bajo la almohada dos semanas. Siento decirle al señor del banco que este mes tampoco. Que por dios. Que el mes que viene. Que seguro. Que tengo hijos.
Siento tener que estar sentado cuatro horas en una silla de la oficina de contratación para que me llamen B-231. No soy un número, joder. Me llamo Horacio. Tengo una mujer preciosa y las paredes repletas de cuadros de niños soplando tartas de cumpleaños o dando de comer a las palomas.

Tengo que salir. Ahora Gertrude dirá: “Saldremos adelante”. Y me besará. Con uno de esos besos pequeñitos que sólo es capaz de dar alguien a quien no le importa otra cosa que seguir juntos pase lo que pase. Un beso tan bonito, que sales a la calle con la impresión de que ni siquiera la muerte podría separarnos.

-¡¡¡¡D-167!!!!

-Me llamo Horacio, señorita, y tengo una familia por la que sería capaz de matar. Así que si no tiene nada nuevo que decirme que no sea “su expediente bla bla bla”, saldré por esa puerta con la cabeza muy alta. No vengo a robar. Vengo a pedir trabajo. Porque sabe, soy un excelente trabajador, una persona responsable, y aunque usted no tenga la culpa de lo que está pasando en este país, la tiene de hacerme sentir como una verdadera mierda.
Pero vamos a salir adelante.
Que tenga un buen día.

-¡¡¡D-168!!!



15 de julio de 2014

El libro




Es gratis. Es un libro. Es mi granito de arena. Compártelo. Que vuele como un pájaro. Como un globo. Como una nube. Hacia el corazón.



14 de julio de 2014

Tirabuzón


Trenzados, de puntillas entre los tulipanes,
nos revolcamos en el fango este del amor como lombrices.
Al norte, los trigales;
la fábrica de litio;
las retroexcavadoras.

Ni grande ni por qué ni más ni para siempre. Sólo amor, amor de perro,
amor sólo sin guindas ni leche ni un pastel.
Amor de hierro.
amor de pez,
de ojo de caballo; de ropa por el suelo, de whatsapps que me dicen “tq”.
ktq”.
De pájaro.
Un pétalo.
París.
Aunque arda.
Amor de mariposas en el coño,
burdel en vez de templo. Qué heavy, que te levantes cada día
como un mayúsculo edificio a comerte mi boca.
Qué centro de la tierra, qué wizard este amor, que Gran Muralla China.

Amor sin guión bajo ni arrobas ni avatares.
Amor de cerca. Amor de madre, de puta, de beata.
Amor de establo.
De la variz.
Del árbol.

Que se me clave.
Que me duela.
Que me salve, como al hijo de dios,
de todo aquel que dijo, que tú,
no existías.


A mi coliflor


11 de julio de 2014

ABC


No necesito dejar de respirar para saber, que el aire es importante.
Tampoco necesito,
echarte de -.

Sí, ya sé: no rima.
Tú y yo tampoco, y también somos un poema.

Sin reglas ortográficas
-Kmetamos erorez-,
desmedido
-Ácéntúémósló ábsólútáménte tódó.
Muy,                                  muy blanco.

¿Te imaginas un amor
(1+1=2),
así de matemático?

La belleza era otra cosa.
Estaba más adentro.
Donde nadie pudiera hacerle daño.

Salpícame de comas.
Abrázame de eñes.
Tomemos ese tren. Ahora. Subámonos al verbo. Al único verbo.

Ya habrá tiempo de morir de cáncer.
De una puñalada por la espalda.
De un resfriado mal curado.
De hambre.
De pena.

De momento,
me muero de ganas.

Si te hago daño, dime “para”.
Úñame las clavas en la cara.
Aléjate de mí. Como The Huik. De un salto grande.

O muérdago los labios por la causa,
mientras nos sacan esta bala, con la punta de un cuchillo al rojo vivo,
de la carne.