3 de julio de 2015

¿Emoticómo?


“Te comería el coño”.

“¿Mmmm?”

“¡Huy! El corrector ha puesto lo que le ha dado la gana, quería decir,
que que te quiero.”

“Eres un guarro. Compra pan en la gasolinera”

“¿Compro helado?”

“No, que estoy muy gorda”

“Pero yo no. ¿Lo compro?”

“Que no”

“Plip”

“¿Y eso qué es?”

“Un corazón”

“¿Paqué?”

“Porque te quiero mucho”

“Por eso vamos a pintar el salón este fin de semana”

“¿Este fin de semana?”

“Este”

“Ah...”

“Mándame otro corazón, que me gusta”

“Plip”

“Qué chuli”

“Plip...plip plip plip...plip”

“Ya vale”

“Plip”

“No vas a comprar helado”.

“Plip...plip...plip”

“...”

“Sé que te están llegando los mensajes. Veo el iconito en azul. Plip. Plip”

“...”

“Plip”

“...”

“Odio a Saint-Exupéry. Lo odio...”







2 de julio de 2015

S


Tú no lo ves; pero hay un campo de fuerza a mi alrededor de aproximadamente metro y medio de diámetro, que me protege de agresiones externas. Es infranqueable. Por eso no me pican los mosquitos ni me rondan los tiburones, y si cualquier hijo de puta se acerca con malas intenciones se activan los cinco millones de voltios y se achicharra como una polilla. ¿Qué cómo sé si es un hijoputa? Muy sencillo: gracias a otro de mis súper-poderes. El radar tiene un alcance increíble, y es capaz de detectar en un radio enorme una amenaza inminente. El campo se activa, saltan las defensas, y lo que sea, sale ardiendo y luego esparce sus cenizas al viento. Sé ven venir desde que abren la boca. 

Aunque no es perfecto al cien por cien. La versión cincuenta años aún comete errores. Ahí es cuando entro en modo de rodillas, y pido perdón y te sacudo el polvo y, bueno, la vida es dura y la gente te hace daño y yo, perdona, me equivoqué contigo y, he bajado el puente levadizo, abrázame, yo, también soy humano, necesito, cierta temperatura para sobrevivir en este planeta, ¿me perdonas? ¿me perdonas?, en fin, uno tiene que aprender a pagar los platos rotos supongo.

Otra de mis funcionalidades es esta cosa que tengo en la mano. A veces late demasiado de prisa. Como si la vida fuera a acabarse. Y otras pum, y al rato pum, así, muy lento como el paso de un gigante. Por mí, podían habérselo ahorrado; pero viene de serie. Echo de menos un reset en algún lado.

Pues con esta cosa puedo llorar y reír y ponerme a dar saltos o emborracharme hasta caer muerto o montar a caballoo o hundirme en el mar o mirar nubes o la hojita que cae de un árbol y puedo, tocarlo todo, olerlo todo, y ver por dentro de las cosas y a través y hacer pompas de jabón o comprar heroína a la vuelta de la esquina y mandarlo todo a tomar por culo o puedo estar, todo el día sonriendo porque he caído en la cuenta de que ha salido el Sol. Puedo hacer lo que quiera con él. Mientras siga latiendo. No toques. ¿lo ves? Pum pum, pum pum...que no toques.

Ser un súper-héroe es genial.Siempre puedes salvar a la chica. 

Porque yo te salvo. Soy tu Cristo y tu Buda y tu arrollo de agua. 
La ultima vez caías al vacío a una velocidad aproximada de tres lágrimas por minuto y ¿quién? Yo estaba allí para que tus sesos no se desparramaran por el suelo como un bote de pintura acrílica rojo brillante. ¿Quién lame tus heridas? Yo: SuperManolito.

Y esto tan pequeño es el cerebro. Todavía no sé qué hace. Estoy en ello.








1 de julio de 2015

Hijos de Odin


Me he comido un pie.
El pie era mío.
Tenía hambre. Siberia no va a dar otros frutos.

Lo sé todo del color blanco.

Por las noches, junto al fuego, Iván habla de Stalin.
Iván sabe leer.
Le gustan las esdrújulas y orinar en la nieve.



30 de junio de 2015

Me pregunto cómo quedará mi cerebro tatuado en el asfalto


Eso que llaman firmamento está a 2,73 K bajo cero.
No sé qué es K. Debe ser importante.
El lucero del alba, los cuartos menguantes, que si voy a ponerle
a esa estrella tu nombre, y todo eso.
Hay cosas ahí fuera flotando a una velocidad vertiginosa,
cosas que explotan unas contra otras y esa... cosa verde,
la radiactividad,
y luego están
los agujeros negros. De lo peor. No tienen nada de romántico.
Aunque se lo tragan todo.
Y,
sin embargo te quedas mirando.
Cuántas lucecitas.
Con los pies colgando-como aprieta esta puta corbata-. Colgando del tejado.

Y por un momento, te preguntas si merece la pena saltar.
Está muy alto.
Y no creo que al mundo le importe una mierda.



29 de junio de 2015

A hostias


Escribo grunge porque la vida es una mierda.

Cortar una rodaja de limón y arrojarla a un vaso hondo con dos hielos y ginebra  y escuchar música negra y caer muerto, dos botellas más tarde.
Me encantaría.
Pero tengo que regar el jardín, y escribir a un par de multinacionales:
“Hijoputas. El agua es de todos”.
Firmado, un don nadie.

¿Muchos peces pequeños podrían comerse un pez grande?

Escribo grunge porque mis hijos no verán jamás un pájaro. 
Una abeja.
Un rinoceronte blanco.

Porque un día saldremos a la calle.
Los niños, los perros, las abuelas.
Y muchos morirán para que todo continúe.
Escribo grunge pero escucho el Nessun Dorma.
Respiro. Gratis. Todavía. 

Soy un nido. Incubo la esperanza. 

Escribo grunge y espero, a oir como araña las paredes
el ave fenix.