2 de septiembre de 2015

Inventario


De ti aprendí los pájaros.
Que el pan hay que partirlo con las manos
y que si un cuadro se ladea,
al otro día hay barcos flotando en la bañera.

Que hay que estar loco.



28 de agosto de 2015

Las uñas de Ava Gadner



Es muy importante pisar charcos, bebé, y,
no agitar una bandera a menos
que tengas las manos tan limpias como antes de comer.

No vendas tus sonrisa, bebé, regálala.
Sonríe todo el tiempo.
Porque llueve; porque escampa; porque es viernes; porque duele.

Y mientras duela, bebé, es que estás vivo.

Este planeta no está mal. A mí me gusta.
Y seguro que hay un sitio para ti.
Deja que te busque. Quédate. Ser astronauta,
está sobrevalorado; ser futbolista no está mal.
Pero si de verdad quieres ser algo,
tienes que ver Billy Elliot.

Yo estaré cerca. Siempre. Porque vas a caerte muchas veces.



26 de agosto de 2015

The Black


¿Te acuerdas del día que mataste una sartén con una cucaracha?
¿De cómo utilizabas como crema mi esperma en la cara?
¿De los castillos que hicimos debajo del paraguas? En aquel aire.
¿Recuerdas la ventana? Yo te esperaba allí. Con el pico abierto.

Mírate ahora. Comida de gusanos. Bajo la tierra.
Mira mis manos. Vacías. Sin besos que llevarme a la boca.
¿Con qué? ¿Tu sabes la de huecos? ¿Que soy un agujero?
¿Que duermo con zapatos?

¿Te acuerdas del concierto de helado a dos cucharas?
¿De aquel truco de magia?
(la mordía en el cuello
y se le caían las bragas)

De tanto amor de antes de la guerra.
De cuando el prado y las cigarras y tú y yo, tan chicos,
tan bonitos.
Tan lejos de las bombas que llovieron después
sobre todas las cosas que amábamos.

Donde estaba la iglesia han puesto un bar de putas.
La casa de tu madre está de pie. Blanca. Al sol. Todavía.
Pero Genaro se murió. Arrugó el labio y a Bastián,
se lo llevaron entre dos a la pared del patio.

Tu coño de pan y naufragar
hasta partirme en dos como un buque mercante en mitad del océano Pacífico.
¿Recuerdas que gritaba como un cerdo?
¿Recuerdas cómo te llamaba?
Colibrí mío. Ramito de azucena. Guarra. Cométela. Así. Así. Hasta el fondo.

Este ya no es sitio para nadie.
Sólo hay ruinas.
Humo.
De lo que un día fue donde existimos.




25 de agosto de 2015

Jaque mate


Adeline me ha trenzado un lacito en el dedo meñique con una hebra de pelo.
Jura.
Y he jurado.

Después me ha puesto una venda en los ojos.
Y he sentido la pared en la espalda.
Y todo ese amor clavándose en la carne.



El cuadro es de http://www.joseppla.com/


22 de agosto de 2015

Proyecto Harmony


1.051mil doscientos millones de segundos.
Eso hace.
Hoy a las cinco de la tarde.
¿Y sabes qué voy a regalarte?
Una mierda.
Porque soy un parado.

Uno no tiene palabras, tiene indicios, torpes bazas
para describir el canto de los pájaros.

El silencio de altamar.

Un día el fotógrafo del pueblo tuvo que ir a recogerme a las tres de la mañana porque yo había acabado con el coche dentro de una fuente. Cuando llegó se quedó mirando aquello y me dijo “¿Pero qué estás haciendo con tu vida?”
Como la vez que aquel camello me dio una hostia en plena calle con la palma de la mano abierta y me escupió que era un cobarde, que por qué no salía corriendo detrás de ella, que ya quisiera, para él, una mujer como aquella. O cuando...

He mandado a la papelera de reciclaje 18 documentos de texto sólo para decir te amo.
Me pregunto qué quería decir en realidad.

Me empeño en que la vida ha de ser tal.
De cuál manera.
Así, como me han dicho.
Y sufro.
Porque nunca es la vida que me habían contado.

Tener una hipoteca no me hizo feliz.

No soy feliz.
Porque no alcanzo mis metas.
Porque llueve.
Porque no llueve.
Porque no pasa lo que quiero.
Siempre.
Y que mi vida sea perfecta.

En cambio cuando escucho los pájaros,
no necesito nada.
Sólo que la vida me atraviese.
Y es estupendo.
Emocionante.
Fenomenal.

No se parece en nada a mi hipoteca ni a, mis ocho horas o,
a hacerte el dormido.
Porque no tienes nada que decir.
Porque sólo es otro día.

Sí, he sacado la basura.

No quiero ser mejor.
Mejor que tú, mejor que nadie.
Quiero ser yo.
No quiero tener más.
Más obligaciones, más complejos.

No quiero una casa grande ni un coche grande ni un gran plan de pensiones.
Quiero una casa pequeña y una bicicleta y, ese jamón york tan rico, con pan.

¿Sabes por qué te beso así-ratatatá-? Porque te quiero.
Son besos metralleta. Dispara muchos besos en muy poco tiempo.
Ratatá. Alguno, te da.

¿Qué habrá después de tanto tiempo detrás de un máscara?

Alicia lo sabía.

Por eso saltó de una ventana. Tú no conociste a Alicia.

La vi volar como un vencejo entre los mástiles
de las banderas y las gárgolas de piedra.
Desnuda y libre y más Alicia.
Se hubiera dicho la cola de un cometa.
Una libélula.
Y al fin, se estrelló contra el suelo.

Minutos antes me había preguntado si era guapa.

¿Qué le iba a decir?
¿Que ya no me acordaba?

Los sábados ya estábamos todos delante del televisor aquél con dos botones gordos esperando con la boca abierta que empezara la Heidi. Lalarrá lará lará, lalará lará lará...la niña de los Alpes.

Herramientas para ser feliz o al menos intentarlo: dos cucharitas. Helado.
Tú por ese lado.
Yo por el otro.
Hasta que toquemos fondo.

Y así pasamos los días.

No sé si escribir lindos poemas con chicas de coños depilados o,
hablaros de Isabel, la niña de una sola pierna.
De ningún padre.
Sin mañana.
Como todos los cachorros de la guerra.

No sé, ni por qué todo brilla.
La vida es hermosa.
La vida es hermosa.
Me repito mil veces.
Como un colegial castigado a escribir sus pecados.

A mí la francesa me ponía como una moto. Como un burro. Como un mono blanco. Era amiga de la dependienta de la tienda de regalos que hacía esquina en la plaza, Marialgo, y esta a su vez, era amiga de mi amiga la estudiante de periodismo, que solía venir a visitarnos y siempre traía una botella de vino. Lo cierto es que la francesa no se separaba de una y la otra tampoco de Nadia, así que aquella tarde terminaron de cenar en casa y ahora qué. “Ahora tengo que irme, mañana tengo examen”. Y si ella se iba, Marialgo también y por lo tanto la francesa.

¿Por qué nos quedamos, a veces, cuando en realidad deberíamos de alejarnos de aquello que hemos decidido que nos hace daño? Por el pum pum, porque latimos, porque hay otro dentro de nosotros.

El amor lo mueve todo:
los trigales; las aspas de molino; el corazón de un pez.
Por eso los brokers tienen los ojos vacíos.

Treinta y dos rosas.
Un caballo.
El viento.

I´m a bird, pero si un caimán viniera a morderme las piernas,
creería tanto en dios como unos de esos tipos
vestidos de naranja en ese corredor, tan largo.
Creeré en lo que sea,
para que el fruto de mi vientre salga sano y salvo
de este país en guerra.
Creeré en las alfombras voladoras y
la deuda exterior,
que el mundo nos debe.
Creeré que las olas no quieren comerme.

Me dijo un día Ashira, antes de lanzarse sola al mar.

Yo todavía funciono con carbón.
Amo el musgo del tejado y escribo cartas a mano,
con un bolígrafo barato y creo que este viento,
siempre trae algo.

Si me Ze pequeño es porque sos
mi amor mi complice y todo. Mi buena onda. Mi amuleto.

Tú hago el que idiota crees.
Pero es idiota soy que.
Y me yo mismo encanta ser contigo.

32 y dos rosas blancas.
Una sola bala.
Oh, capitán mi capitán.