28 de mayo de 2017

A la sombra de un árbol en Hyde Park


Estas palabras que te digo ahora así bajito amor al oído a la primera luz de un alba más de la mano contigo puf puf puf están escritas con la espuma de aquel mar que tanto contemplé cuajado de estrellitas que brillaban temblorosas en el agua a la puesta de la tarde como perlas del Caribe y tú no estabas, de gotitas de lluvia sin paraguas esperando un autobús de donde nunca te bajabas, de niebla y de horizonte, de lágrimas redondas, transparentes y saladas, que caían como el plomo sobre todas las cartas que jamás terminé de escribir, te. Este idioma invisible que casi te susurro amor y que sólo la miel de tus ojos pueden ver, este garabato, estas patas de araña tejiendo que te quieros en el lienzo tan blanco del papel, esta manera jeroglífica, secreta, sólo nuestra, de alumbrar el camino.  

27 de mayo de 2017

Buenos días, mundo



Libarte one to one todos y cada uno de los dedos de los pies con esta hambre perenne de cien siglos, colibrí; oso hormiguero; lunático; insectívoro. Un bufé de cartílagos.
Servirme de segundo un hueso de tobillo y un poco de esa salsa que gimes terminada en h.
Tirarme en tobogán hasta las corvas con los ojos vendados y caer en picado, albatros,
como Jhonny Weissmuller sobre el rastro cristalino aquel de caracol de tu triángulo.
Desabrocharte.
Morirte tú. Morirme yo. Como sea que se muera de amor.

25 de mayo de 2017

Érase una vez, y otra, y otra.


Y allí estaba toda ella arrodicuclillada sobre aquel césped tan green dando de comer con sus cinco deditos a los patos del parque migas de pan de centeno en el pico un día tan bonito y soliazuleado de cuento de Disney a las cuatro más o menos de la tarde con nubes redonditas de Botero y flores con carita de no haber roto nunca un plato y toda ella, cuak cuak, San Francisca de Asís casi.

Hasta que un pájaro de aquellos tuvo la idea genial de picarle el esmalte de las uñas, y a la segunda que intentó quitarle de la mano que le daba de comer una hogaza, la tarde se tornó tan oscura como la boca de un lobo y de dentro de ella toda ella le salió un demonio por los ojos y le dio al pato un puñetazo tal y tan certero como el golpe de un martillo sobre un clavo y el pato cayó muerto de ipso facto tan seco como un palo y con los ojos abiertos, boca arriba, y tieso.

Antes de que nos viera un guardia nos fuimos de allí disimulando que a aquella criatura de Dios le había dado una subida de tensión así de pronto y que por eso parecía un pollo de supermercado, tan quieto en la sección de congelados.

Joder pato, en qué estabas pensando...


18 de mayo de 2017

Habrá la puerta


¿Quién no tiene una historia? María es gallega y me cuenta porque sí que ya no tiene dientes porque un día despertó después de seis semanas en coma y ya no estaban. Ni tres dedos de los pies ni casi todo el pelo. Le cayó encima una lavadora mientras hacía mudanza y no hizo caso de los cardenales en la pierna y aquello empezó a ponerse negro y una mañana se durmió y cuando abrió los ojos su segundo marido ya estaba al quicio de la cama de la habitación 111 diciéndole la suerte que tenía de seguir siendo bípeda. Que qué guapa está. Qué cuánto la ha echado de menos. Me cuenta que las hijas no son suyas pero sí, que la madre de Bet murió en el parto y que Maya tenía cinco años y, que desde entonces, son sus hijas. Bet estudia en Nueva York para abogada y la pequeña ya tiene dos bebés. José falleció hace tres años. Era portugués. Un trozo de pan, dice María.

Miro la sonrisa de la gente mientras camino y me pregunto qué historias, qué sueños, qué fronteras cruzaron y qué mares y qué bocas los besan o cuál promesa les queda todavía por cumplir. Tan hermosos. Tan vivos. Tan iguales a mí. Tan aquí, el único sitio donde merece la pena seguir levantándose cada día a por más aire que llevarse a los pulmones. La vida, da igual, seguirá ahí fuera esperando. Con sus árboles frutales y sus tiendas de especias y sus patios del recreo y sus camas con dos lados. Uno para ti. Otro para alguien. Con sus triángulos de pizza y sus mapas donde poner el dedo y toda esa luz. Toda esa luz...

17 de mayo de 2017

Sweet and bitter



Podría-si quisiera-, vivir sin ti.
Sin tu abrazo de puzzle ni tu beso tornillo ni tus manos tenazas
quitándome granitos con las uñas de la espalda.
No amanecer contigo y que saliera el sol seguramente por el Este
ni bendecir la mesa y comer latas de albóndigas en vez de
las rosas aureolas de tus tetas perfectamente circulares. Sagradas.

Podría hacer crucigramas.

O tirarme por una ventana. Y volar. Como un globo.

Podría hacerme pajas pensando en Zaratustra o Julia Roberts o Gaudí.
Podría ver cincuenta veces Thelma y Louise.
Cruzar la Vía Láctea en una cáscara de nuez.
Dar de comer a las palomas el resto de mi vida.
Podría nunca más ir de la mano a merendar con la niña de tus ojos.
Construir la torre Eiffel con todos mis cepillos de dientes o no
lamerte los dedos de los pies, morderte el cuello, olerte toda como un perro.

Podría. Pero no puedo quiero.
Porque tú eres mi guerra y mi planeta y mi pequeño monstruo.
El germen.
La tinta de todo lo que escribo.