25 de junio de 2017

Way



O eras a veces una calle cualquiera con paraguas y a veces una flor y otras
el pie de una montaña y a veces, el amor y entonces
fue cuando me senté a mirar aviones
y pensando en ti, pensando en ti
se me hicieron las cuatro de la tarde.
Por eso no he fregado. Y la cama está igual, oliendo a eso. Ese eso.
Pero mira la casa, tan llena de vida y de cosas por en medio.
Así que la he dejado como estaba: desordenada, perfecta, calentita como un nido.

Y es que tú más bonita que la luna.
Y es que tú que la orilla del mar.
Que una cacerola.
Que la rueda de un camión.
Que un chicle pegado a la suela de un zapato.
Bonita de ponerme los pelos de punta. Como un perchero.
Como uno de esos Porches Carrera 911 con una chica dentro y el pelo enredado.
Como un cactus de ordenador.

Una cosa tan pequeña no podía ser mala, pensé, alguna vez, hace ya tiempo.

Y es que tú, es que tú...tú y tus piernas de pollo de pelea. Tu culo de toro. Tus tetas de cierva.
Tu voz de campanita del recreo.

¿Sabes por qué te quiero?
Yo tampoco.

18 de junio de 2017

Bricopollas


Ocho y media de la tarde del bla bla bla del año de nuestro señor tal y tal:

“-Tienes que colgarme esas repisas. ¿Te acuerdas? Para poner mis cositas”.

Cositas= a cuatro tonelada de cajas y cajas llenas de dios sabe qué; libros; archivadores; lápices y rotuladores; gomas de borrar; sacapuntas; libretas...

Nueve de la noche de otro día cualquiera más o menos soleado:

“-Y también me gustaría que inventaras algo para poner el papel del váter en el baño porque...”

Dos de la madrugada del día menos esperado:

“-Y cuando acabes me encantaría que arreglaras el cajón de mis zapatos”.

Que lo ha roto ella. No se pueden meter 132 pares de zapatos en un cajón de 30x60. Revienta. Se llama mecánica de fluidos, o que ya no cabe más desde agosto del año pasado.

10623 tornillos; 63 martillazos en el dedo gordo; 7645 agujeros de taladro; 987 vueltas de tuerca; 86 litros de pintura; cuatro serruchos desdentados- sangre-; 12 descargas de doscientos veinte voltios-sudor-; la vez que me caí de la escalera-y lágrimas-.

Porque la quiero más que a un ocho. Y ni siquiera sé por qué.

Tres y media en punto de hace un rato:

“-La puerta del ropero ya no cierra”.

Esa es mi chica...

10 de junio de 2017

El extraño artilugio de tú y yo


...escaleras abajo rodando como una mandarina.
De un sexto piso o de un avión o de la-la-la-la-la luna.
Si acaso extenuados terminamos derramados en la cama como lluvia.
Si un rayo nos parte en dos mitades o el mar nos arroja contra un iceberg.
Qué importa: siempre caemos de pie como los gatos
o un par de hielos en el mismo On the Rocks.

5 de junio de 2017

Un agujero en el bolsillo


Mi hoja de servicios tiene
más manchas que la ropa interior de John Mc Clane:
“-Mi sueldo es tuyo; mi polla es tuya; mi lado de la cama y el nórdico de Benetton.
La clave del candado de mi bici.
Mi colección de flores muertas.
La foto donde salgo sin cabeza.”

Trabajo para una multinacional.
Limpio los inodoros y toda esa mierda
y podría jurar sobre The Holy Bible,
que lo hago con todo mi amor.

Esa es mi manera de salvar el mundo.

3 de junio de 2017

Y batir tu propia marca, como si fueran alas


Ya sé que soy un niño grande. Pero también sé que es la única manera de llegar a ser un hombre grande. Conservar la ingenuidad y la ilusión y las ganas de vivir con las que vine a este mundo. Sé algunas cosas, y otras no. Sé que si en reiteradas ocasiones distintas personas con puntos de vista diferentes me hacen observar la posibilidad de que mis actos sean los equivocados, existe un tanto por ciento muy elevado de que lleven razón. Ahora yo decido si quiero cambiar eso, o no. Y sí quiero. Porque es bueno para mí y porque es bueno para otros y porque si es bueno para otros, es bueno para mí. Además no me cuesta o me cuesta cada vez menos adoptar otra actitud por el bien común y el mío propio, sería, una estupidez negarse a un cambio así, tan grato y seguir día tras día librando una batalla contra el mundo y contra uno mismo imposible de ganar. Por mis actos me conoceréis. Porque los actos son la manera infalible de demostrar de lo que uno es capaz. Y hablando de amor, amor, sólo por ti llegaría tan lejos. A lo largo de mi vida muchas personas me han dejado en el corazón trocitos de ellas, sabios consejos y con tanto afán, el deseo de que algunas facetas de mi carácter mejoraran. Y tal vez no de inmediato; pero al cabo de tal vez los años uno comprende y se da cuenta de tantas buenas intenciones y de que si eres lo suficientemente íntegro como para poner en práctica lo que es patente que tienes que hacer contigo y tus defectos, dará sus frutos, como me ha demostrado, semillita a semillita, el tiempo. ¿Qué gano con tan ardua tarea? Calidad de vida. Paz. Esa que tanto añoramos en este mundo difícil. Y sobre todo, que se te dibuje en la cara una sonrisa cuando haces a otros feliz. Creo que no hay nada más hermoso. Aunque tal vez las patas de los pájaros. Es muy fácil ser uno mismo. Es lo más fácil del mundo. Ser como uno quiera que sea con todos sus antojos todo el tiempo sin tener en cuenta más que el placer inmediato que produce el egoísmo. Pero lo cierto es que ningún camino fácil llevó nunca a ningún sitio. También no es menos cierto que en no pocas ocasiones dan ganas de mandarlo todo a la basura, por ejemplo, a las persona que más quieres. Como no lo es menos que acto seguido te arrepientes y ya, casi siempre es tarde porque los caminos cortos por regla general acaban por costumbre en un callejón sin salida. O acabas solo. O acabas con la esperanza, tan azul, de quien se cansó de esperar que hicieras algo. Algo bonito, por ejemplo, dejar a un lado la soberbia, la ira o la incongruencia de creerse único. Algo como respirar hondo hasta que se te pase tanta tontería de vivir del revés. Algo que no sea mirar la paja en el ojo ajeno, algo saludable para la convivencia con los demás, algo suave como una caricia o un beso sin palabras. A veces las palabras, están de sobra. Los besos nunca. Y sin ser yo nadie o así lo considero, no deja de ser obvio que lo blanco es blanco y lo negro negro y que al mirarte al espejo, alguna vez, te darás de bruces con lo que eres. Juzgar a los demás es, por inercia, una fea costumbre. Pero tender la mano en cambio, las veces que sean necesarias, es por lo contrario una costumbre que todos deberíamos, aunque ninguno nos guste esa palabra, adoptar en nuestro día a día. Yo he tomado este camino, otros, libres como son, sabrán elegir el suyo. Y si te equivocas, paga tus platos rotos y sigue adelante, porque el camino nunca se acaba, no hay un final, sólo horizonte, y de ti depende cuajarlo de hermosos árboles o puestas de sol o noches sin tormenta, o por el contrario de infiernos de los que no sabrás salir, como de los más profundo de un pozo. Ama, conduce y ama; cocina y ama; lávate los dientes y ama; coge el autobús y ama; friega los platos y ama, y cuando te acostumbres a amarlo todo, casi no te costará nada poner la otra mejilla y tal vez para sorpresa tuya encuentres que nada volverá a hacerte daño. Si por si acaso te parece demasiado complicado dar el primer paso, te diré, de cobarde a cobarde, que todos los demás serán más fáciles, y que cuanto más y más camines hacia donde quiera que sea que vayas, menos mirarás hacia atrás aunque no sepas exactamente que te espera adelante. Todo lo que merece la pena, empieza con un poco de miedo.