16 de noviembre de 2017

El amor y su puta madre


Uno se levanta del váter y antes de tirar de la cadena
se queda un momento mirando su mierda.
A ver si es bonita.

Cosas como esas.

A veces también quiero arrancarme las tripas, así
con las manos
todo muy asqueroso y
ponerlas encima de la mesa y ver cómo brillan.
Y luego sacarme los ojos.
Otras, me dejaría quemar en el infierno por ti.
Y el infierno es muy largo, seguro. Pero lo haría.
No quieras ahora medir lo que mide el amor.
El amor es muy largo. Lleva toda una vida
y a veces
el amor y el infierno
se parecen como dos gotas de agua.

15 de noviembre de 2017

Bit



¿Quiénes somos? Supongo que depende. Si le preguntas a mi vecina Pichi y a su amiga Tata te van a decir que las mejores, oe-oe-oe-, vamos a celebrarlo al bar de abajo. Pichi se ha divorciado hace poco y ya llevan como tres años celebrándolo. Porque hace poco. Tres años no son nada. En realidad treinta tampoco. Ya no son nada. Si le preguntas a un sherpa del Nepal te va a decir que de qué coño hablas. Si mi abuela no estuviera ya más muerta que los walkman que me regaló mi padre por mi cumpleaños en el 79, mi abuela diría que me iba a despellejar a correazos, por hereje. Hijos de Dios, niño, todos y cada uno de nosotros por la gloria de bla bla bla bla y se sacaba una estampita de un santo de entre las tetas y le daba besitos.

¿De dónde venimos? Pichi y Tata del bar de abajo. Se han puesto de calamares hasta el culo. Y se han reído de todo. De todo lo que no se reían antes. Tata ha entrado al baño corriendo porque se lo hacía encima y Pichi se ha tirado de cabeza en el sofá. Qué bien se está en casa, le ha dicho Tata desde el baño, y Pichi ha sonreído, y se ha quedado dormida así, con esa foto sobre el pecho.
Del mono, del barro, del Big-bang, del coño de tu madre, de un experimento extraterrestre, de un protozoo, de comprar tabaco, del médico, de la cola del paro ¿de dónde venimos? ¿Hay un dónde? ¿Hay alguna de estas estúpidas preguntas que tenga una respuesta? El sherpa se te quedaría mirando. Seguro que con ganas de empujarte al barranco. En cuanto a mi abuela, se habría muerto otra vez si levantara la cabeza. Que si eres tonto, te va a decir el sherpa, o qué. ¿Tú ves toda esta nieve? Pues ya estaba ahí cuando yo vine. Y tú eso lo tienes que entender. Da igual que parezca un Kandisky.



14 de noviembre de 2017

The man in the poyete


A veces mi vida se detiene. Es como un otoño con hojas flotando sobre el agua de un estanque. A lo lejos un pato. Una farola, un banco. Los pájaros. No falta nada. Como un cuadro bonito. Entonces me siento a la orilla, y espero.

“-Hola.”

Hola es nadie. Aquí sólo estoy yo. Pero bueno...Me pregunta si estoy triste. Le digo que un poco. Me pregunta si me gusta. Le digo que sí, que un poco. Me pregunta qué voy a hacer ahora con mi vida. No le contesto. Porque no lo sé. ¿Tengo que hacer algo con mi vida? A veces tengo esa impresión. Otras, se me pasa, y dedico mis ojos a observar la delicada forma de las tazas de café o el curso de algún río. ¿Qué te gustaría hacer, por ejemplo? Me pregunta y, le contesto que ir a Júpiter o ver el final del puto Arcoiris o montar en un Pegaso y sobrevolar la casa de Annie, la chica más bonita del barrio y, gritarle desde el cielo, eh, Annie, estoy loco por ti desde hace tiempo.

No sé que cara tiene Hola. Nunca nos hemos mirado a los ojos.

Tampoco sé nunca muy bien si Hola todavía está o ya se ha ido. Porque hace frío aquí en este otoño ya y ha comenzado, claro, a llover. Ya quiero irme de este otoño pintado y pisar el suelo y oler el humo de los autobuses. Que alguien me joda la vida. Si Hola estuviera aquí me preguntaría si me gusta. Yo le diría que sí, que un poco. Pero tampoco sé por qué. Puedo entender la muerte de una estrella y la exquisita estructura de un huevo de gallina; pero no sé quién soy ni qué hago aquí. ¿Tú lo sabes, Hola? Hola me diría que si no me basta con estar rodeado de tanta belleza, tú nunca has visto un átomo de hidrógeno, es algo precioso, tu propio corazón es una máquina magnífica, me diría, agáchate a amarlo todo con tus manos.

Adiós Otoño. Tengo que irme. Júpiter queda un poco lejos.

También hay ranas. Se me había olvidado.

13 de noviembre de 2017

En aqlla crva prdí la cbeza por ti...a


Como si ya no fuera tuyo. Y comérmelo. Crudo.
Todo elevado a la potencia ahhh+sí sí sí x ya-ya-ya elevado al cuadrado.
O al cúbito.
O a que el vecino llame a los bomberos. A la policia. A Charles Bronson.
Por ejemplo. Pero sólo contigo.

Y meter los dedos en todos los enchufes.
Los pies en todos los charcos.
La bola 8 allí, a la izquierda, y esto, aquí. En su sitio.

Te has puesto roja.

¿Cuánto tiempo llevabas mirando?

12 de noviembre de 2017

Km 236


Me acabo de sentar en la mesa de un bar del extraradio a tomar un café y en la tele hay un programa donde gana quien cante mejor y suena esa canción de Queen y pienso, coño-mirando mi bolsita de monedas- la vida es tan bonita. Tengo dos euros. Pero la vida es tan bonita. Automáticamente intento recordar con exactitud los sesos de Bernardette Plumen cayendo por la pared, porque era una yonki y necesitaba dinero fácil lo más rápido posible. O qué se sentirá cuando la carne se te separa de los huesos porque ibas en el metro y de repente, todo acaba en esa estación. Tus sueños a la mierda, tu perro a la mierda, la camiseta del equipo de tu hijo guardada en una caja de regalo para ponerla a los pies de su cama esta noche a la mierda. Levanto la cabeza del ordenador y hay una señora muy gorda metida en unos zapatos muy pequeños. Tiene pelo en el sobaco. Me sonríe. Por un momento imagino que estoy de nuevo en Alabama, sentado en una caja vacía de naranjas viendo pasar los perros por la cuneta y tirando migas de pan de centeno a las gallinas. Ya nunca me siento solo. No hay un lejos ni un cerca. Hay un dentro. Y una lista de cosas importantes para mí. Saludar al vecino es importante, a los viajeros, como tú, y a los viandantes. No sabes quien va a salvar tu vida mañana. Le sonrío a la gorda. Imagino sus tetas acunándome como a un bebé en mitad de mis noches pensando en cómo destruir todo lo que construí ayer. No sabes quién puede salvarte. También estoy a favor de los abrazos porque, son verdaderamente productivos. Ni siquiera tienes que hablar, sólo te dejas caer en el otro y durante algunos segundos nadie es blanco ni negro ni women o men o guapo o feo ni existe el suelo casi, así, tan rico, tan calentito como para quedarse todo el invierno. Yo podría vivir en esas tetas el resto de mi vida.