6 de febrero de 2010

Déme ese con anillas y papel cuadriculado

Hubo muchas.
Intentaba olvidarte. ¿No es eso, lo que se hace? Ya sabes, continuar con mi vida, con lo que quedó de ella, quiero decir, que no era mucho.

Caminé tanto que caminando llegué al Mar porque decían, que se lo traga todo, y me monté en un barco que iba a Singapur, o a las costas Malayas, no sé, el caso es que zarpé.

Muchas. Algunas, se parecían tanto a ti, que en vez de por sus nombres, las llamaba amor amada amante mía, como a ti, o las arrojaba sobre mi pecho y les buscaba el cuello esperando encontrar tu sabor delicioso en mi lengua y en mis labios y, sentir ese temblor de toda tú como un manantial entre mis dedos , más mía cuanto más hondo te mordía.

Muchas y ninguna.

Lo que mejor nos salía era estar enfadados, a ti y a mí.
En cambio cuando me he enfadado con alguna Sirena, sin ir más lejos, ni aunque te partieran una botella de vinagre italiano en la cabeza- 24 puntos, Marcela, “Si me dejas te mato”-, no era lo mismo que contigo.

Para mayo habrá rosas en el patio.

Me he comprado un cuaderno.

Aunque a ti nunca te han gustado mis poemas.

Nunca menos cuando eran para ti. Aunque fueran muy malos.