13 de febrero de 2010

El ojo

La niña, que quiere pisar el charco, la madre, tirando de la niña, la niña, tirando de la madre, y lo pisa, que si lo pisa, y se pone los calcetines blancos que no te digo, la madre, que la levanta como a un jamón y ¡Pimba-Pimba!, en el culo, coño con la niña, que vaya mañanita que me estás dando, la madre que te parió, niña ya. Que te estés quieta, coño.

Mientras espero mi turno en la frutería, pasan cosas.
Que la vida se mueve, que el perro de los del segundo cruza el paso cebra con el semáforo en rojo, que acaba de pasar el autobús lleno hasta las trancas y ni ha parado- “hijoputaaaaaaaaaaaaa”, cosas.

-¿Tienes espinacas?-pregunta una señora que acaba de llegar.

-Mira, ahí tengo dos manojos huérfanos-le contesta la frutera, y le dice que si se los lleva, se los lleva los dos, no me vas a dejar ahí un manojo, que va hija, qué triste, te los llevas los dos que te los dejo a precio crisis, y le haces a tu Manolo una olla de espinacas con garbanzos que pa qué.

-El Manolo que se espere, que ésta acaba de llegar. ¿Y cómo está tu hija? … pues esa te pare en la escalera cualquier día … y del padre ni idea, ya … Pero colarte no te cuelas, que yo tengo la casa sin limpiar, qué quieres que te diga, con la hora que es dios mío, y tu Manolo niña, que lo vi el otro día comprando tabaco y no lo conocía, de gordo que se ha puesto, como trabaja de noche y …

Pasa una fila de hormigas por la fachada de la tienda hasta el suelo, con cáscaras de pipas en la boca, pasa que pasan las nubes y el Sol viene y se va, y que hace frío, pasa que en el bar Montoro el Fary suena por la radio, que a Don Julio se le ha caído el monedero, y toda la acera está llena de monedas de diez y cinco céntimos, porque a Don Julio le ha quedado una mierda de pensión, dicen, pasa un avión que va a Galicia, digo yo, Galicia esta por ahí, detrás del bloque siete.

-¿Y a ti qué te pongo guapísima?-la hija de la frutera. Tiene un aparato en la boca y los ojos verdes. No, verdes.

-Me pones dos de tomates, me pones pimientos y me pones, ¿ de cuándo son las lechugas?

-Las acaba de poner mamá lechuga hace media hora, como las gallinas, cómo eres hay que ver, de hoy hija de hoy, de cuándo van a ser, te pongo dos.

-Es que las del otro día no estaban muy así que te digo.

-Porque no la sacas de la bolsa de plástico, que me lo ha dicho tu Enriqueta el otro día en la discoteca, que llegas y lo sueltas todo como sea y te pones a ver Santa Bárbara.

-Ay, es que está tan interesante ahora.

los sacos de lentejas son enormes, de garbanzos y alubias, con una palita plateada hincada en el centro.
Las manzanas, los kiwis, las ciruelas, naranjas, todo parece pintado, como puesto en sus cajas pieza por pieza, y antes barnizadas de un amor que sólo quien vive de la tierra es capaz de darle a un racimo de uvas, frutas como pulidas, lustrosas, brillantes y apetecibles, verduras prietas y limpísimas, brócoles, zanahorias, enormes calabazas partidas en dos, mil colores, un circo, que los ojos se comen, una farándula, un escándalo.

- ... que me lleve a la bahía, que me diga vida mía, que …

-Pues sí que pides tú frutera-una, que no quería nada, bueno, un kilo de papas, bueno, y otro de cebollas, y a cuánto los apios, y ya que estás me pones mandarinas, ay qué fresas más gordas, es que se te antojan vamos de gordas, no, que me sube el azúcar, bueno medio, y el melocotón que me he comido me lo cobras, o me pones dos kilos, si no quiero nada.

-Es que mi madre es tonta vamos- verde que te quiero verde-, que no mamá, que te vayas tú sola, que no te hace falta nadie, o es que no te has quedado harta con lo de mi padre, vamos vamos vamos.

-Huy verdad hija, con la mala vida que le ha dado el Juanito a tu madre, yo no sé, y me pones también ya que estoy una col.

-Pues al Juanito lo vi el otro día por ahí, por donde Caspio-. Otra que tampoco quiere nada.

-Borracho claro-verde viento verdes ramas-.

-No. Con otra.

Nunca he visto las paredes de la frutería, supongo que hay paredes detrás de todos esos almanaques de la Virgen del Carmen, la de Las Aguas, San Cristóbal, Fray Escoba, la Virgen de Lourdes, la Fuensanta, un San Pancracio con dos botellas de coca cola llenas de perejil, fotos de cuando vino el Papa, fotos del tío del coche fantástico, fotos de un chaval en chándal-el barco sobre la mar-, sentado en una scooter y sonriéndole a la cámara, al mundo, a ella, la hija de la frutera, de cuando era su novia, su chochete gordo “¿Eh Cari?”, la niña más bonita del barrio, fotos de la frutera en bañador comiendo gambas en un camping, postales de Asturias, de Cuenca, de Albacete, un recorte de periódico de la curva del Pino, con una corona colgada en una farola y un lazo negro, del chaval de la scooter, jaulas con canarios, macetas de la flor del dinero y la alegría de la casa, Carlos, se llamaba el chaval, menuda hostia se pegó con la scooter haciendo el gilipollas en la curva del Pino-y el caballo en la montaña-, ristras de ajo y cayena, anuncios de chicas que cuidan personas mayores, de fontaneros, de se esculpen uñas, de yo más barato, de se busca perro, Fufu, color castaño, mi Fufu ay mi Fufu que lo quiero como a un hijo, un reloj de propaganda de una fábrica de ladrillos, una repisa con búhos de madera, de porcelana, de metal, pequeños, grandes, medianos …

Y huele a comino, a azafrán y a curry, a colonia barata y a laca del pelo, y a zapatos de plástico, y a bandejas de dulce de membrillo, a lunes, a recibo de la luz, a rábanos, a mojado- Pimba-pimba, el otro calcetín-, a melocotones y a que voy tarde que no llego a recoger al chico de la guarde, huele a qué, a qué, me he estado perdiendo todo este tiempo, tan lejos de casa.

-¿ Y a ti qué te pongo rey?- que yo te quiero verde sí sí, yo te quiero verde ay ay, yo te quiero verde.

“¿A mí?”

-Una pera.