23 de marzo de 2010

A la sombra del manzano

“-Toda esa mierda, ya sabes, esos, personajes que andan diciendo por ahí que la vida es así, o así, esa clase de citas que salen en los libros de texto, limitando el futuro de los niños a seguir como mucho un par de caminos: “Sólo hay dos clases de personas: las que bla bla bla y las que bla bla bla”. Maldita sea. Sólo son niños.
Si te dejas guiar por el refranero estás muy jodido. He conocido tantas maneras de vivir como personas, conocí a un tipo en Singapur, se arrastraba sobre un carrito de madera, sí, de nacimiento, no tenía piernas, nada de piernas, se movía entre los puestos del mercado ayudándose sólo de sus manos, un día, se cayó al río, y nadie, créeme, lo sacó de allí, el tío aún está en el fondo, sonriendo, se reía de todo, comía pescado crudo y se reía, olía mal, el muy cabrón se tiró al río, vivía en una choza hecha de maderas y cartón, encontraron, siete millones de dólares en bonos del estado, bajo el colchón, a su nombre, dólares americanos, todo manchado de cacas y orín, debían llevar ahí, mucho tiempo.
Y esa otra...la Duquesa de Slater hacía guardar el papel aluminio de los bocadillos a su personal de servicio, una gran bola de papel de aluminio, decía que por cada bola, le daban seis libras, le brillaban los ojos, tenía, propiedades en Marsella y Venecia, en Manhattan, en Madrid, su padre era, Senador, tendrías que haberla visto con su bola de papel de aluminio entre las manos, vestida de Carolina Herrera.”