18 de marzo de 2010

Moss and ivy

Aquella tarde no era gris.
No llovía ni había nubes en el cielo
ni hojas en el suelo
ni otoño ni frío
ni pájaros cantando ni canciones bonitas.
No estabas tan guapo.
Ni parecías tan alto.
Ni más delgado
la verdad
es que estabas horrible
y era una tarde
como otra cualquiera.
Bueno, no eras
un príncipe azul precisamente.

Quién lo hubiera dicho.

Siete operaciones de cadera
un fémur de titanio, diabetes
una rótula italiana, cinco hijos
artrosis, nueve nietos
una catarata y tú
tantos años viejo tonto
tantas miserias
y aquí estamos
bailando en el centro de la pista
mientras todos nos miran.