10 de marzo de 2010

Por eso tengo jazmines en el pecho

Personas que han pasado por mi vida unos pocos minutos, sólo, y sin embargo, se han quedado para siempre, como aquel vendedor de ropa que me dijo: “Réstale importancia, hombre”. Al final me llevé el jersey azul celeste, que yo lo quería negro, porque por entonces para mí los colores, no existían. Me sentaba de puta madre, la verdad, y era supercalentito. Sólo era un jersey, pero era el principio, el principio, de una larga lista de cosas a las que a lo largo de los años, tuve que restar importancia, si quería, ser un poquito feliz.

Recuerdo aquel tío: “Mira chaval, yo no fumo sabes, pero tengo, me pincho, porque estoy enganchado en la heroína, muchos años ya y te digo, que yo te lo vendo, cuánto quieres, dos talegos, pos toma, pero que te lo digo, que un chaval como tú aquí en este barrio no pinta na, que la droga es mu mala hijo, hazme caso”.
Tenía una voz amable y me gustó escucharlo.

Y aquél otro, un día, yo estaba pero borracho borracho, y el hombre me sacó a empujones del bar y me caí de boca en el suelo de la calle, una mierda de día, nunca le voy a olvidar, y eso que ni siquiera me acuerdo de su cara.
Anita, Anita la Coneja, en mi vida nunca nunca nunca he vuelto a tocar unas tetas como las de Anita la Coneja, por sus dientes, y porque se la tiraba medio pueblo, preciosas, redondas las tetas como bollos de pan, blancas blanquísimas, con aquellos pezones rosados en el centro, perfectos … Me la follé en un campo, a espaldas del escenario de la orquesta, se me puso encima y me dijo: “Eres muy bonito”.

Había una chica que, yo trabajaba entonces tocando en el Halley, salía tarde, y ella, entraba muy temprano a una cafetería junto al puerto, antes, de que llegara el autobús, nos daba tiempo, de hola, qué tal y de, a lo mejor un día coincidimos, en otro sitio, decía ella, u otro día, decía, que le gustaba ir al cine, pero que por no ir sola, era, pelirroja, con pocas pecas, pero muy graciosas y, una nariz muy elegante, y otro día decía que descansaba los martes, que a lo mejor un martes coincidíamos, pero en otro sitio, qué bien ¿no?, y yo le decía, que sí, que qué bien, y al otro día le decía lo mismo, y así un día y otro, y un día, me dijo que las cosas, no se hacían solas, y se montó en el autobús y nunca más volví a verla, era muy bonita, y eché mucho de menos nuestros cinco minutos a las seis de la mañana.

De todas las hostias que me han dado, me acuerdo de una, en mitad de la calle que me dio un tío que me dijeron que se llamaba Julio, que yo, ni puta idea, pero el tío me había escuchado decirle a Nika que a tomar por culo, y en la calle me lo dijo, y que a tomar por culo, tu puta madre, y entonces fue cuando me dio la hostia, por gilipollas, que si él tuviera una tía como esa, flores, flores le iban a salir de la boca para ella, so mamón, zasca, toma hostia, por hacerla llorar, que a las mujeres, besitos, y yo, que me estaba comiendo un adoquín, le dije que sí, que qué mamón, que claro, que besitos, que vaya hostia, y entré a por Nika y la monté en un taxi, y al día siguiente, aparecí a buscarla con flores en la boca, y me la encontré con las bragas bajadas hasta los tobillos en el portal de su casa y con el vecino del segundo debajo de la falda. Bueno, guarra era.

A veces me pregunto, si yo he pasado por la vida de alguien, así, de esa manera, para quedarme.