3 de marzo de 2010

A veces te daría con un martillo en la cabeza

“Mí amo a Haytiru
como ama una caléndula la Luz.
Llámola y la llama de su vientre
de fuego azul, se enciende y viene
Haytiru, volcánica
sóplame en la boca
brótame en la espalda
Haytiru hydra
“Haytiru… Haytiru…”
voluta, dénsica, un aguamarina
al filo de yo
una gaviota al risco de los labios
y arde y ardo y arden las cosas menos importantes
hasta que sólo somos ascuas
elevándose en el aire.”

-¿Te gusta el té rojo?

-Ese poema es una mierda. Y esto, no hay tías como esa Haytiru ¿sabes? que sí, que te quiero, pero que es una mierda de poema.
Me aburro. Cuéntame lo de la historia esa que te has inventado.

-¿Quieres un té o no?

-No, en serio, es superinteresante. Oh, que palabra más chuli acabo de decir, superinteresante, me encanto. Yo sola. Sí, quiero un té.

-Pues hay, un tío …

-Está amargo. Qué asco. Más. Sí, dos.

-… y hay un tío, que era pianista, que eso, no lo sabe nadie hasta la mitad o así, lo que pasa es que yo te lo acabo de decir, que si no, bueno, que era, una puta máquina tocando el piano, lo más, vamos, que te cagas, lo de cuando estuvo en Japón y eso, me lo salto, es que no lo tengo muy claro, total, que bla bla bla y la conoce, porque el tío tenía un barco, un velero, blanco y solitario, y ella, pues ella era hija de pescadores, preciosa, no te lo puedo explicar, y el tío se enamora, pero alucinante, y …

-Lo del accidente, esa es la parte que me gusta.

-Pero ese es casi el final.

-Pues escribe sólo el final, porque lo demás …

-No lo digas. No-lo-di-gas.

-Lo del accidente es muy bueno, eso sí.