23 de abril de 2010

Cero en conducta

Iba yo un día por el campo en pantalones cortos y así, rascándome las pelotas, y de pronto, de no se sabe dónde, escucho, “Hola”. Pero no un hola cualquiera, no, si no un hola precioso, redondo y brillante y pequeñito, el hola de una voz primaveral y fresca como de anuncio de implantes dentales o de chicle de eucalipto, y miro, y vuelvo a mirar y remiro, y no veo a nadie. Un hola mágico, pensé. Coño. Y ya me iba, cuando delante de mí, en el suelo, la florecita va y me dice: “¿Qué cosa eres?”.

El cigarro se me calló de la boca, me quedé todo acarajotado, y aunque el hola era de aquella florecita diminuta de pétalos perfectos y amarillos, seguí mirando hacia los lados, mientras ella me miraba a mí y sonreía. Yo eso lo había visto en los tebeos, pero no me había pasado nunca, la verdad.

Como no sabía que cosa se hace cuando ves una florecita que habla, bueno, pensé, supongo, que contestarle, el caso es empezar, digo yo, y le dije, que era, una persona, porque me pareció que si le decía Manolo, o Pepe o Juan, lo mismo era demasiado complicado, persona, así, a grosso modo.

“¿Y qué es una persona?”.

Coño, con la florecita.

Ya que estaba, le dije que una persona, era, un ser vivo, inteligente, que, a diferencia de otros organismos vivos, pues …

Y entonces le dije la verdad. Mira, le digo, una persona es por ejemplo, un bicho que tira cabras de un campanario para festejar la fiesta del pueblo, por tradición, sabes, cosas como esas, no sé, las personas matan ciervos, gatos, personas, a veces a lo bestia, muchas juntas, una persona, pues, se lava los dientes, hace croquetas de bacalao, tiene más personas y las tira a un contenedor de la basura, o le paga la universidad, depende, y, que más, pues, hace grandes edificios, iglesias, casas de putas, se inventan enfermedades, y, en general destruye todo lo que toca, no todas, pero la mayoría, y , más o menos, eso es una persona.

Cualquier florecita se hubiera acojonado, pero aquella seguía sonriendo, coño, será de plástico, pensé.

“¿Y por qué?”

Me podía haber quedado en casa.

Bueno mira, le digo, también hay personas buenas sabes, ya te lo he dicho, personas que intentan arreglar lo que otras personas rompen y …

“¿Tú arreglas cosas?”

Ese fue el momento en el que me entraron unas ganas tremendas de pisarla.

Pero no pude. Una sonrisa demasiado bonita. Una voz tan dulce.

Y entonces me senté junto a ella a mirar el cielo, y le dije que era un cobarde, eso es lo que era, y que los cobardes, nunca arreglan nada, no le des más vueltas, florecita, es así, las personas, también hacen cosas como esas.

Y mientras hablaba, a lo tonto, sin querer, me la puse en la solapa.