7 de abril de 2010

Mi nombre es Guerra

-Pudiste unirte a nosotros, juntos, éramos invencibles, en otro tiempo, mírate ahora, un cordero a las ordenes del Consejo. ¿No te preguntas, Jinete, si merece la pena arrancarme el corazón? ¿Y el de quién más?

Todo el horror, la muerte y la desolación que he sembrado a mi paso hasta llegar a la torre del Crepúsculo, cada una de las almas que he segado, fuera de ángel o demonio, ha sido en nombre del Consejo. Mi armadura, otrora brillante en tiempos de paz, se ha teñido de rojo, mi escudo de vísceras y pestes, mi guadaña de demencia y mis ojos de un fuego frío y azul.

-No soy yo, Tiamar, quién ha de decidir eso.

-Dime Jinete, qué sentiste matando a La Doliente, dime al menos, que tuvo una muerte digna, antes, éramos hermanos.

-Ya no.

Algo salió mal. Se urdieron conjuras en la sombra, se pactó lo inconcebible, y ahora, El Equilibrio está roto, truncado, la tregua se ha desvanecido como el humo, y entre el Bien y el Mal, ya no hay acuerdos, por valles y montañas corren ríos de sangre y anarquía, ya no hay diferencia, entre Arcángeles y Bestias, al menos, no para el filo de mi espada.

-¿Por qué, Tiamar? ¿Qué vuelve loco a un Dragón de esta manera?

-Porque El Equilibrio es una mentira, siempre ha sido así, desde el Principio, no puede dividirse un reino en dos sin esperar tarde o temprano un levantamiento, hermano. ¿Acaso no se llama esclavitud seguir las Leyes del Consejo? Hordas de esas palomitas aladas cruzan en formación con los dientes apretados, están llenos de Ira, cansados de esperar el Reino de los Cielos, nunca han sido mejores que nosotros, mira, cómo ejércitos de ellos se preparan para el Último Día. ¿También te ha pedido El Consejo sus corazones?

-Sólo los necesarios. Sin Caudillos, no habrá rebelión.

-Te equivocas, ahora cada uno de nosotros, se arrastre o vuele, es su propio dueño.

-Si yo fracaso Tiamar, será el propio Consejo quien ponga fin a esta barbarie. Y entonces, no quedará nada. No habrá triunfadores ni vencidos. Aún estás a tiempo.

-Y tú de abrir los ojos Jinete.