6 de abril de 2010

Planeta Yo

-¡Ring!

-“¿¡Ring!?” … ¡ClicK! … ¿Para qué coño me llamas?

-Alicia, yo … te quiero, y …

-Escúchame bien Adolfo, porque esto es lo último que te voy a decir: estoy cansada, tú no tienes la culpa, sólo eres uno más de tantos, ni siquiera eres mala persona, cansada de ser yo, tan difícil, tan rara, cansada de ver el Nilo donde los demás sólo ven un vaso de agua, cansada de dar explicaciones a quien ni siquiera le preocupa entenderlas, porque ¿sabes?, cada uno va a lo suyo, tú también, supongo que al principio tenías buenas intenciones, si puede llamarse así a dejar que yo hiciera de mí misma, ¿hasta cuándo?, ¿crees que no iba a darme cuenta de que harías lo mismo que todos los demás? ¿intentar cambiarme poco a poco, con palabras bonitas? “Las cosas no son como tú quieres”, pues sí que lo son Adolfo, porque soy inevitable incluso para mí, tú no me quieres, tú quieres moldearme como al barro, y sí, claro que soy dulce, pero no cuando tú quieres, si no cuando soy dulce, ya sé, ya sé, y te lo dije: “No soy como todo el mundo”, pero claro, nadie me cree, no tú, Adolfo, y tú necesitas que yo sea como todo el mundo, lo extraño te da miedo, estás ahí, al otro lado del teléfono, diciendo que me quieres, pero te aseguro que puedo oler tu miedo, tu miedo a mi manera de ver las cosas, a mis silencios, a mi crueldad, lo que tú llamas crueldad, porque no te gusta que te lleve la contraria, que no esté de acuerdo, que tenga mis propias ideas, no te gusta tener miedo, sí, al otro lado del teléfono, diciendo que me quieres cuando en realidad, sólo guardas la esperanza de que Alicia cambie, y eso, no va a pasar, pero aún no te convences, cuando lo hagas, Adolfo, dejaré de interesarte, siempre es lo mismo, me gusta cómo me tocas, eso está bien, yo también necesito que me toquen, pero Adolfo, todo lo demás que necesito, no me lo vas a dar, mira, ni siquiera te he pedido que lo entiendas, sólo que estés ahí, como yo, que tampoco me entiendo, cansada, así estoy, cansada de que el mundo me mire por encima del hombro, soy como soy, Adolfo, y no me gusta, porque es duro estar sola, aunque lo prefiero, mil veces, un millón, a estar con alguien que me quiera por mis tetas, como tú, no te molestes, pero es la verdad, si no tuviera tetas, ni siquiera te habrías preocupado de haberme conocido, te he dado, muchas oportunidades Adolfo, pensé que, tus bonitas manos serían capaces de abrazarme por ejemplo, ahora, cuando más lo necesito, y sin embargo, lo único que haces es aferrarte a ese teléfono pidiendo una limosna que no te voy a dar, no funcionaría, tal vez un tiempo, pero a la larga, mi corazón indomable te abrasaría, ni siquiera lo siento, también estoy cansada de sentirlo, soy lo que soy, y así me vivo, piénsalo Adolfo, no te hagas más daño, estoy segura, de que hay alguien ahí fuera esperando que tus manos la descubran, alguien, normal, a quien no tengas que suplicarle un beso, todo el mundo se equivoca Adolfo, no pasa nada, la vida siempre continúa, y ahora, voy a dejarte, colgaré y tú te quedarás ahí, al otro lado, como todos, tal vez llorando, no me importa, llorar no es tan horrible si sirve de algo, la próxima vez que creas que, te mereces a alguien especial, piénsatelo dos veces Adolfo, es un consejo, y es gratis, y no digas nada, en el fondo no tienes nada que decir, ¿no es cierto?

- …

-Hasta siempre Adolfo.