26 de abril de 2010

Yo en mí

Me dijo que era un antro
que era pobre
que era idiota
y cómo había que hacer
para olvidarla:
me dijo que follarme
era, como mear
y que de mí sólo quería
que me muriera.

Vomité mucho.

Pasó el tiempo como pasan
tantas cosas
y vine de morirme por ahí
y la vi el otro día por la calle
gastada y furcia platino
del brazo de un gran ejecutivo.

“Yo te amaba”
pensé sin pronunciar una palabra
mientras pasaba por mi lado
sin reparar en mí.

Tal vez esté aún muerto y no lo sepa
pero sin duda
ya no soy un antro.

Me lo hubiera dicho.

De tantas cosas, algunas
no cambian con el tiempo.