4 de mayo de 2010

Bonus


Esta ciudad está tan podrida que el día que reviente la mierda llegará a la luna. A veces me arrepiento de haber abandonado Srebrenica. No. En realidad sólo me arrepiento de estar vivo después de Srebrenica. Aunque eso ya tampoco importa. No en esta ciudad.

He muerto 137 veces.
Cuatro, ahogado en las pestilentes aguas de los muelles, entre cadáveres de Pontiacs y esqueletos de bicicletas. Siempre de un tiro en la espalda.
Tres, reventado contra el asfalto de la comarcal, literalmente hecho una papilla para bebés, porque eso, es lo que queda después de caer desde un helicóptero, quiero decir, de que te empujen. La pasta siempre es para otro, mucha pasta, mientras tú caes y caes y caes. Aunque en algún momento, dejas de caer. Por eso revientas. Podría ser divertido. Pero no lo es.

Una vez me atraganté con un hueso de pollo, maldita sea, nadie en esta asquerosa ciudad es capaz de darte una palmada en la espalda. Cualquier vieja, en vez de comida para las palomas, lleva en el bolso una Baretta.

Desangrado en la bañera de un motel-maldita perra-; cortado en trozos y arrojado a los caimanes del zoológico; deshidratado en el maletero de un taxi abandonado en el desierto; electrocutado en la vías del metro-otro empujón-, recuerdo, joder, que peste hacía, no es el mismo olor que cuando la puta mafia rusa te riega de petroleo y te mete en la boca una cerilla, es, como si el mismísimo diablo se estuviera cagando encima de ti, y se limpiara el culo con tu lengua.

No llevo la cuenta de a cuántos jamaicanos me he cargado, amarillos, polacos, qué más da. Aunque hubo alguien. Una vez. Alguien en quien pensé que se podía confiar. Nunca se me dio muy bien pensar. No hablaba mucho-claro que algún hijo de puta le había cortado la lengua con un cutter-, así que no estaba del todo seguro de lo que intentaba decirme antes de arrojarla por el puto balcón. Dejó una bonita mancha en la acera. Era preciosa y se llamaba Helen.

Pero me encantan, las azoteas, de por aquí, en especial, si tienen vistas al océano. Uno puede, imaginar qué hay más allá de toda esta porquería, si es que hay algo, mientras contiene la respiración, y con un ojo cerrado, aprieta suavemente el gatillo. Nada está demasiado lejos. No si pagan bien.

Dicen, que más allá, alguien mueve los hilos, de toda esta mierda.