1 de mayo de 2010

Génesis

-¿Me va a doler?

-No. Cierra los ojos.

_¡¡¡

-¿Y?

-Es...raro. Mojado. Sabe a no sé.

-¿No sabes?

-Quiero más.

-Cierra los ojos.

-Quiero tenerlos abiertos. Quiero verlo.

-No se puede con los ojos abiertos.

-¿Por qué?

-No te gustaría. Seríamos, como peces.

-Los peces me gustan.

-Sí, y a mí. Pero no somos peces. Ciérralos.

-¡¡¡

-¿Qué?

-No los he cerrado. Tu sí. Te he visto. Creo que tienes razón. En lo de cerrar los ojos. Quiero más. Pero esta vez con los ojos cerrados.

-???

-¿Y ahora?

-¿Qué era eso?

-La lengua. Nada más.

-¿Por eso querías que cerrara los ojos?

-¿No te ha gustado?

-No es mi lengua. Nunca había tenido en la boca dos lenguas así juntas. Es raro.

-Si quieres lo dejamos.

-No. Quiero más.

-Tú, tienes que … con tu lengua, así, ves, como hago yo.

-¡¡¡

-¿Qué miras?

-Tienes una nariz muy grande. ¿No podríamos hacer algo al respecto?

-Basta con, girar un poco la cabeza y, bueno, no sé, practicar, eso es todo.

-¿Así?

-Bueno, no tanto, te vas a hacer daño.

-Me hago pis.

-Ve. Voy a estar aquí cuando vuelvas.

-Si no estás, cerraré los ojos y no los volveré a abrir hasta que regreses, te lo prometo, aunque tardes diez mil años. Y será culpa tuya, y allí donde estés, siempre te estarás acordando de que en algún lugar hay alguien esperándote con los ojos cerrados, ciega, sentada en un sofá de diez miel años, viejo y asqueroso, perdiéndose todas las cosas bonitas de la vida, porque no pienso abrirlos hasta que regreses y …

-Si no estoy cuando vuelvas, es que soy idiota.