28 de mayo de 2010

Gospel for Alicia


Hoy me he despertado con la boca llena de pelos, de pelos no, es que me estaba comiendo los flecos de la colcha porque estaba soñando con Alicia, que estaba tumbada a mi lado -en el sueño digo, porque Alicia a mí, ni la hora-, con la boca esa que tenía de gominola, de esas que metes la mano en un bote de plástico y sacas siete y te parece poco, de esas con formas de fresa, corazones, ositos, sí, una boca dulce dulce como el borde de un cóctel San Francisco, blandita, rosa, y lo mejor, con una pequeña cicatriz en el labio de arriba, ahí, ahí, ahí es donde me comí la colcha.
Y abro los ojos y digo, y una mierda me voy a despertar, me como yo hasta la funda de la almohada si hace falta, qué bonita que está, así, mirándome sin mandarme a tomar por culo, sonriendo, cuanto más cierro los ojos más sonríe, si los abro, veo la pared, ni se te ocurra abrirlos, Jimbo Jambo, me digo, pero es que me meo, hace un rato, pero aguanto, aguanto porque cuando me levante ella se irá.

Joder, me mandó una foto desde Alaska, donde se la veía llorando, con la cara roja, hinchada, una foto que daba asco de verla, más asco que lástima, un poco ladeada, de esas que se hace uno con el móvil, donde la nariz sale más gorda de lo normal y sales con un brazo sólo. Y debajo de la foto un mensaje, corto; pero cabrón: “Esto es por tu culpa”.

Y esto por la tuya, me dije, y me tiré de un tercero.

Pero caí sobre el coche del vecino y sólo me partí el tobillo. Ya nadie aparca ahí.

Se ha casado. Con un dentista. Y se ha cortado el pelo. Me dijo que nunca se cortaría el pelo. Tiene fotos colgadas en uno de esos blogs de tías felices, con un montón de niños y un jardín con barbacoa.
¿Yo? Tengo un cuadro clínico de mierda y mis cd4 brillan por su ausencia, pero aún voy dos días a la semana al centro de desintoxicación para enseñarles a esos chicos cómo es pesar veintisiete kilos con treinta y dos años, abren la boca y dicen ohhh, y luego les hablo del montón de Alicias que hay ahí fuera, si se portan bien, y de lo lejos que está Alaska, y de lo guapos que son, los niños de los dentistas.