2 de mayo de 2010

Love of Mother

“Que te comas las lentejas”.

Que no. Que ya tengo trece años y no me las voy a comer. No quiero la mierda las lentejas. Quiero que te mueras.

“Te voy a dar una hostia que te voy a meter la cabeza en el plato”

Pero no me las voy a comer. Yo no tengo la culpa de que vengas borracho. Ni de que pasaras hambre en los tiempos de Franco.

“O te comes las lantejas ...”

¿O qué? ¿Me vas a pegar? ¿Como a mi madre?

Salí corriendo hasta donde no alcanzara a verle. Era de noche ya, y frío, no hacía, pero yo tenía frío. Pensé en mi madre. En que le estaría dando una paliza. Por mi culpa. O porque sí, como siempre.

“¿Mamá?”

“¿Dónde estás hijo? Tu padre se acaba de acostar, ven, anda, que es muy tarde y no has comido nada”

“Se me acaban las monedas mamá”

Luego me monté en un autobús que iba a la playa, y aún me sobró dinero para comprarme mi primer paquete de tabaco, con lo que había dentro del cerdito.

Cada vez que la llamaba, mi madre me contaba que me echaba de menos, que cuándo iba a volver, que si comía, que qué hacía, y yo, le preguntaba que si le había pegado, porque esa era la única cosa que me haría volver, pero no solo, si no con Angustias, una navaja muy fea y que daba mucho miedo.
Creo que no volvió a tocarla. Creo que, escuchaba detrás de la puerta cuando yo llamaba, y creo, que Angustias le venía grande.