11 de mayo de 2010

¡Oh Oh!


Ningún idiota debería hablar de la guerra si no ha estado en la guerra.
No hablaré de la guerra.
Ningún idiota debería hablar del hambre si no ha pasado hambre.
No hablaré del hambre.
Ningún idiota debería hablar de los toros si no es un toro.
No hablaré de los toros.
Ningún idiota debería hablar de política si no va a votar.
No hablaré de política.
Ningún idiota debería hablar de la injusticia si duerme tranquilo.
No hablaré más de la injusticia.
Ningún idiota debería hablar del amor si no le han roto el corazón.
No hablaré más del amor.
Ningún idiota debería usar la palabra debería.
No usaré la palabra deberías.

Seré un idiota mudo.

Ahora me pondré a escribir “Tengo que ser más comprensivo”
un millón de veces.
“Tengo que ser más permisivo”, otro millón.
“Soy caca”, un millón más.
“Haz algo-otro millón-capullo”.

Y cuando acabe y me duelan los cojones, a lo mejor,
tengo por dónde empezar.
Mientras, podéis, apalearme,
escupirme,
mearos encima,
y reíros de mí en la puta cara.

No valen más excusas.
No vale morirse en el intento.
Ni cagarse por las patas.
Ni echarle a nadie la culpa de lo que eres.
Y menos, creer que eres importante.
Lo único importante, está ahí fuera,
esperando, que alguien de el primer paso.