24 de mayo de 2010

Partime la boca si te miento


Le abrazo y no espero nada a cambio. Es autista.
Su piel está tibia aunque sus ojos no me miren, nunca me miran, nunca miran nada en realidad, al menos nada que los demás podamos ver.
Pero yo sé que está aquí, conmigo, de algún modo.
Si le doy mi mano, la coge. Si le doy una pelota, la coge. Si le doy un vaso, una moneda, un lápiz, lo que sea, lo coge. Te acostumbras a no esperar nada a cambio.
Y cuanto antes lo haces, antes ocurre. Eres feliz. Así de sencillo.

Le abrazo porque le necesito. No es él quien está solo. Él no necesita respuestas. Necesita que le pongan cosas en las manos, que le cambien las sábanas, le laven la ropa, le ayuden a meterse la cuchara en la boca, y sobre todo, que le abracen, porque cuando le abrazan, aunque no lo entienda, sabe que forma parte de este mundo, lo sé porque hace caracoles con sus dedos en mi pelo, sin que nadie se lo ponga entre las manos.