8 de mayo de 2010

Quédate hasta que te vayas


Lo saco de la boca impregnado en esa brea que te gusta y con mi dedo caracol capitán de una barquita de avellana, trazo una ruta transparente desde el coxis a la hierba negra que te cubre como el manto de una virgen adriática la cueva salomónica que eres, hasta que bramas como un ciervo y los ojos te escupen un millón de millones de voltios azules y naranjas y quemas las cortinas, troyana y desbocada y sin embargo, sigo y me abandono como un loco a la locura y lo hundo como un bastón hebreo en las aguas que te inundan el golfo de Bengala y tú, mi Ipanema, te construyes un nido de abejorro entre la ropa de la cama y me ofreces cual espada una batuta invisible y milenaria para que te concierte un horizonte nuevo y luminoso, y tú, mi Niágara de muslos dóricos, me dices que te muerda y te devore sin piedad y yo me inflamo y ardo cobalto y convertido en una bestia de establo rasgo tus escamas de sirena con las uñas y te lamo las espinas y los dedos de los pies y saco el monstruo que soy de la chistera y te ríes y me orientas en el arte de clavarte al colchón de una manera miserable pero humana, sin detener un ápice el giro de los planetas circundantes, tú, mi ajuar, que me arrancas el pelo y lo lanzas al viento, que haces tictac como una bomba, tú, rabo de lagartija, circo, Valquiria, que apagas de un soplido las farolas del Sena y el Danubio y me enseñas que los ríos, hablan, y hablando de los ríos y afluentes de la vida me manejas las nalgas a tu antojo y me distraes a babor, muy dentro, donde entienda el calor, donde me quede, y ahí me unges, y ahí me abraza tu vulva y cada pétalo de piel me lo regalas, y me bautizas con la miel de tu organismo, un magma que palpita casi, una ecuación feroz brotando del abismo que quiero comerme y disfrutar entre los dientes, ahora, mientras te yuxtapones toda y revientas como una manzana atravesada por la flecha de un arquero misterioso.

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