6 de mayo de 2010

¿Y este botón, para qué sirve?


Me encantan esos tíos que me llaman “Palomita”, a los dos días de conocerme.
Ja-ja-ja.
Eso es mi risa. Sarcástica. Por si alguien no se había dado cuenta.
Y yo creo en la igualdad. Hace un mes pinté mi casa. Yo solita. De muchos colores.
Me caí de la escalera, lo puse todo perdido, un desastre. Pero pinté mi casa. De muchos colores.
Creo tanto en la igualdad que me han echado otra vez del trabajo. Por creyente. “Yo no hago las leyes”, va y me dice el jefe de personal, y voy yo y le digo “Pues yo tampoco hago la idiota”. Y a la semana tenía una carta encima de mi mesa. Pasé por delante de Pérez con mi caja de cartón y cuatro cosas en las manos, antes de irme, “Lo siento, yo...”, me dijo, qué cabrón, qué chivato, se tira el día tocándose los huevos, cobrando casi el doble, y dice que lo siente.
Le invité a cenar. Me miró raro. Pero me dijo que sí. Que sí, claro, que tal vez, se había equivocado conmigo.
Me lo follé esa noche. Es guapo, eso sí. Y cuando me preguntó, que qué tal, le dije, que en mi vida me habían echado un polvo peor, tan corto, y que no me había sabido a nada, que ni me había enterado. Háztelo mirar, le dije, y encendí un cigarro. En realidad me corrí dos veces. Yo también sé hacer putadas.