22 de junio de 2010

Arabesco


-La última vez que escuchaste esa canción casi no lo cuentas.

-Me estoy despidiendo. ¿Podrías pudrirte en el infierno?

-¿Y dónde vas? Ya sé que sabes que lo sé, pero esa es la misión de las arañitas parlantes sabes: molestar. Aunque tú lo llamarías “Tocarme las pelotas”. Oh dios, casi no puedo creer que haya dicho eso.

-Voy a mañana, no sé luego.

-Increíble. Te juro que en todo este tiempo no te había escuchado decir nada más profundo. De verdad, te felicito, me dejas, anonadada, impertérrita, desierta de palabras, sinceramente, es más...¿no piensas enfadarte? ¿tirarme un zapato?

-Duele. No sabía que dolía tanto.

-Eh chico...

-¿Sí?

-Estoy orgullosa de ti.

-Creí que nunca, nadie más...ya me entiendes. De acuerdo, no me mires así, No quería que nadie más. ¿Has amado alguna vez así, queriendo que nadie más? ¿Sabes de qué te estoy hablando?

-Si lo que quieres es humillarme: no. Nunca. Yo, que lo sé todo.

-Era una canción bonita.

-Sí, lo era. Y arde bien. ¿Cómo se llama mañana? Por cierto.

-Se llama merece la pena intentarlo. Tiene unos ojos preciosos sin mentiras, y su risa, me quita las ganas de comer.