16 de junio de 2010

Bolero para coro de Babel


Tengo un trapo en la mano. Definitivamente, el paño de cocina.
Es un arma mortífera. Aunque no lo parezca. Que no lo parece.
Se ha convertido en algo personal. En cuanto asome, me la cargo.
No hay nada para mí tan importante, ni urgente, o imprescindible.

¡Toma ya, cabrona! ¡A tomar por culo! Una mosca menos, y ahora
que ya no parezco un francotirador, que parpadeo: te decía, amor,
que llenas mis días como yo la lavadora, hasta las trancas, que sí
seis mil quinientos millones de personas en el mundo, ¿y qué?...

Te reconocería entre cualquier forma de vida, de otra galaxia, sin
siquiera abrir los ojos, seguiría, el rastro de tu risa como un perro
-joder, se mueve- como un topo- se mueve y casi vuela- una lombriz,
te reconocería en el infierno- sus muertos la mosca- hasta en el Carrefour.

No sé pa qué coño me preguntas si te quiero, si me tienes colgado
del cuello un cascabel, y voy por ahí, sonando a tu risa b.s.o original,
yo nací en los sesenta, te lo digo, porque aún me acuerdo de Vietnam
y de cómo la selva, se comía la carne de la gente- las moscas me odian-.

-Aún más mortífero y brutal: el microondas. Pero antes, pienso disfrutar-.
Y te lo digo que conste para que, no inviertas el proceso, básteme decir
que yo solo ya soy, una cuanta atrás, no te molestes, en darle cuerda
a los relojes ni el guión de este Best-seller, más, te digo: corre, corre.

Porque si no no habrá un lugar donde este monstruo no te encuentre
cualquier muro que se interponga en mi camino, sera pasto de mi furia
de chico malo de los Cuatro Fantásticos, cualquier ley, un blanco móvil
y yo Clint Eastwood, y mis pistolas, serán una leyenda del Far West.

Huele a mosca quemada por cierto en la cocina. No siento nada. R.I.P.
Requiéscat in Pace, a la mierda. No sé qué sabes de venenos, si te apañas
con creer que eres inmune a picaduras de serpientes, arañas y pez globo,
con cerciorarte, de que no soy más que otro campo de batalla, otra trinchera.

Morirás y lo harás entre mis brazos. Cada segundo. I-nin-te-rrum-pi-da-men-te.
Morirás tantas veces que estarás muerta siempre. Siempre con eco,
siempre de siempre, de tus ojos buscándome en los mares de paraguas,
los días de lluvia, y los de sol, buscándome en el cielo, como a un globo.