13 de junio de 2010

Estambres, pistilos, y corolas


Que el viento moviera la cortinas,
meter la mano en un gran bol de palomitas de maíz
eso quería,
quería que alguien,
leyera “No soy una princesa ni hago pis de color rosa” en el brillo de sus ojos,
y luego la besara como a ella le gustaba,
no muy fuerte;
pero tampoco suave,
quería batir su propio récord: ciento cuarenta y siete días sin llorar,
que el animal que tenía dentro se callara,
y la dejara ser feliz,
quería un vestido,
uno de flores,
de flores pequeñas y amarillas
con vacas y un arroyo
un cielo añil y una casa con ventanas
que dieran a otro mundo,
quería que alguien inventara una palabra
sólo para ella.

Pero la luna, no.