12 de junio de 2010

The return of Marilú


-¡Pssshhh! ¡Pssshhh!

-Me cagon tu puta madre. ¿Tú no estabas muerta?

-Ahora soy un fantasma. Pero aún tengo clase, ya sabes, eso que tanto te molesta.

-Yo te enterré. Te metí en una cajita de cerillas. Tenías las ocho patitas encogidas, una bolita eras. Lloré. No me importa decirlo. Ahora ya te puedes ir a la mierda.

-Se nota que me has echado de menos. Bueno, ¿y qué?

-Ya sabes qué. No estarías aquí si no.

-Ya, pero te pregunto. Para romper el hielo. Siéntate si quieres. No me voy a ir. Y ahora no puedes intentar aplastarme con un zapato. Mira. Soy transparente, ¿lo ves?, y puedo aparecer de la nada en cualquier momento, cuando a mí me de la gana. Me encanta.

-Te pisé sin querer.

-No importa, en serio. Te has afeitado....

-¿Cómo es el cielo de las arañitas parlantes? ¿Una puta mierda? ¿Te aburres?

-Me necesitas. Mírate. Marcarías un gol en un agujero negro con el mundo, y hoy la has liado en el supermercado, tenías que haberte visto, pobre chica...

-Es que siempre hace lo mismo, joder, lo tira todo de mala manera y grita cuando habla, me pone nervioso, la agarraría por el cuello y, además nunca tiene cambio, ¿por qué nunca tiene cambio?

-Y luego has vuelto y le has regalado un ramo de flores y le has dicho “A veces, soy un capullo”. Y cuando ibas por la esquina has vuelto otra vez antes de que a ella le diera tiempo ni de saber por qué de repente estaba allí, de pie con la boca abierta y un ramo de flores en la mano, has vuelto y le has dicho: “ La verdad es que siempre soy un capullo”. Todo eso has hecho. Y eso que te has afeitado.

-No vienen. No vienen a por mí desde Júpiter, nunca se asoma ninguna nave espacial a la ventana. Nadie va a sacarme de aquí.

-Tu sitio en el mundo eres tú. No busques más.

-¿Eso te lo ha enseñado el Dios de las arañitas parlantes o algo?

-La chica-flor. Es lo que te pasa.

-La chica-flor no tiene nada que ver con esto. Bueno sí. Bueno no sé. Veo que sigues igual de hija de puta.

-Y tú tan, vulgar.

-Quiere entrar. Quiere entrar y yo la estoy dejando, en vez de estar tirándome por la ventana, quiere entrar porque no sabe que soy una trampa.

-Tal vez sí lo sepa.

-Entonces no lo haría. No sabe nada, no quiero que sepa nada. Se perderá en santa Marta. Se perderá y no sabrá volver.

-Ya veo que te gusta.

-Espero que no se suba al tren de las once menos cuarto.