15 de julio de 2010

Diario de una cosa muy gorda: el Mar, eso con luces de barcos a lo lejos.

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Para entonces ya sabía que todo lo que salía por su boca no era ni mentira ni verdad, si no su Santa voluntad, y allí, pintada en la arena de la playa como un desnudo de Rubens y con un idílico paisaje de murallas y palmeras que le hacían de escenario, abrió el culito de la fresa y dijo, como suena: “Soy muy puta”.

Paseando por la orilla ella, parecía, un anuncio de H&M anunciando la nueva temporada de, viento en el pelo y sal en la punta de la lengua, y como cuando yo le daba al click ella me hacía burla o se tiraba, de las orejas o me hacía, así con el dedo o y me daban por el culo o me enseñaba las piernas hasta el ombligo, quedaron unas fotos muy bonitas, con gaviotas y restos de naufragio, y al fondo un faro blanco y más al fondo, una ciudad con transeúntes.

El Mar es como el tiempo y el tiempo como el Mar: se lleva cosas, te las trae...qué tontería.
A veces, tanto, lo odias y te alejas tierra adentro, tanto, donde el Mar no te alcance ni escuches caracolas y te olvides para siempre de siempre de su nombre.
Pero después de siempre el tiempo sigue, otra cosa, y el Mar, un día te alcanza los tobillos y los lame y te agachas y lo juegas y acaricias el flequillo y una ola, te deja un telegrama entre las manos y se va cuesta abajo a ser marea, mientras abres tu regalo: “Un trocito de tierra, y alguien que te ame”.
PD: “Sé feliz”

Yo me cago en el Mar.

Ella no lo sabe; pero la banda sonora de esta cosa es el Sweet Home, Alabama, y yo, soy Forrest Gump. Hoy por lo menos. Mañana, no lo sé. Mañana lo mismo, ya me lleva colgado del llavero, y eso, de que un clavo saca otro, es hasta verdad.

Luego comimos pescado con las manos y nos quitamos los zapatos y por debajo de la mesa hicimos un catálogo de rizos con los pies , y le di gambas en la boca y me chupó los dedos escarbando con la lengua como un perro entre los huesos, ante la atónita mirada del resto de la humanidad.
Porque el mundo no se había detenido sin nosotros. Seguía latiendo, allá, a lo lejos, tras el faro, encendiendo sus luces como un barco, mientras nosotros sin el mundo, dejamos que la noche se llenara de grillos y el click de una farola, nos condenara a ser, una leyenda.