16 de julio de 2010

Diario de una cosa muy gorda: y entonces pasó lo del beso

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Ella era una flor, una de esas plantas, acostumbrada a crecer entre las grietas, y podía, sentada al otro lado de la mesa, contar aquella noche que había sobrevivido en un andén de carretera, al humo de los coches.

A él le gustaban los polos de limón.

A la luz de la vela parecía más humana, y sus lágrimas, formaban preciosos dibujos sobre la madera seca, en forma de racimos de uva o traje de novia con encajes o una habitación pequeña pintada azul celeste y cortinas a juego y una cuna.

Él buscaba su mano en el baile de sombras de los vasos de té: “No te quedes sola”.

Y entonces, a la luz de las velas ella hizo la pregunta más tonta del mundo y dijo que, por qué, me quieres, y él le dijo que por qué, no era la pregunta correcta y que cuánto, tampoco, si no cómo, y que cómo, era así, a su sombra de Madonna veneciana, enredándose en su tronco como un áspid, como una hiedra, que cómo,era,montarla en un columpio y darle cuerda al tiempo para atrás, o cubrirla con la capa en mitad de la tormenta de arena y que la arena, no supiera de ella, que cómo, era bien, sin protocolos, para hacerla feliz cada minuto, que cómo, era ser como físico del instituto tecnológico del amor e inventar continuamente fórmulas nuevas para hacerla reír, porque sin su risa, él árbol que era ella se secaba y la sombra se iba y al sol, él se evaporaba.
Y ella, como una hembra de leona, se recogía el pelo y dejaba al descubierto el cuello, blanco y delicioso y le decía: “Mira lo que hago con la lengua”, y él, le contestaba, “Hija de puta”, y toda la sangre que tenía en el cuerpo, le iba a parar al mismo sitio y la mesa, como por arte de magia, con la luz de las velas y el baile de las sombras de los vasos de té y las flores secas de ella en la madera y el tabaco y el mechero, se elevaba.

Que todo era tan, tan cuesta arriba, dijo ella y él le dijo, “Mira”, haciendo un avioncito con una servilleta de papel, y lanzándolo al aire, con ella y sus ojos como platos porque nunca había volado y menos con él como piloto, dentro.

Y ganaron altura y vieron Austria y a Sissí Emperatriz comiéndole la boca al heredero, de la corona en los pasillos, y más al norte, montañas nevadas y a Fiona en una charca, criando niños verdes con orejas en forma de trompeta, y al sur, vieron a Íñigo Montoya, vengando por fin la muerte de su padre, y a Haley Joel Osment encontrando al hada azul y a Lord Greystoke acudiendo a la llamada de la selva y a la novia de Mickey bajándose las bragas, en el asiento de atrás de un descapotable rojo, y en el Mar, vieron Sirenas y Ulises bailando tarantelas, y a Manzinguer Z y Afrodita, follando como locos, sobre un desguace de Manhattan.

Y luego aterrizaron guiados por las luces de las velas, y entonces, paso lo del beso.