17 de julio de 2010

Hay que ser muy tonto


“...y por lo tanto: te amo”.
Y le meto la polla hasta que dice para,
que me partes, y oh sí,
suena horrible;
pero yo no sé parar: se taladrarla.

Y entonces se le encienden los ojos como antorchas,
y me abraza más fuerte,
y me dice te quiero,
y luego añade, tonto,
que eres tonto, y digo yo,
que pa qué me lo dice dos veces.

Le digo, ponte arriba y ella,
me pregunta en qué planta, le digo,
por detrás,
y se trae una silla del salón,
y el cable de la tostadora,
le digo amor,
y ladra.

Le falta un pecho.
Está preciosa así,
como un pez fuera del agua,
buscando el aire,
con los ojos en blanco,
blasfemando que no aguanta,
que se corre.

Un pez pequeño
con un pañuelo en la cabeza.
Lo del pelo en la cabeza,
no lo lleva bien.