17 de julio de 2010

Highway to hell


No soy el hombre indicado para esto, me dije.
Y ni siquiera lo intenté.

Y me fui a vivir deprisa como un Beat,
de putas, con el mismísimo diablo,
y me he comprado un banjo y ahora estoy,
aquí, sentado en el porche, viendo como mi vida
se va al carajo.

Clementina Clementina, mi naranja mandarina.

Clementina olía a siega,
y a tardes en el lago, tirando piedras.

Clementina Clementina, y yo tu medio limón.

Fumo algo de hierba,
y grito “Maldito hijo de puta” y tiro
el cigarro al maizal
y todo arde.

Clementina Clementina, y sus ojos color miel.

Espero que Bob Dylan me recoja,
en el próximo cruce,
y me cuente en la última curva,
antes de llegar a Pennsylvania,
si al final alguien le abrió, las puertas del cielo.