9 de agosto de 2010

Dolor número trece, calle A ,estante de arriba


Para los patos sólo son migas de pan,
para mí otra tarde solo.
Como párpados se cierran,
las persianas de las tiendas,
los niños, se inflan,
y desaparecen cielo arriba como globos,
la hierba, se mece,
mientras la luz de las farolas amanece
y con la luz,
mi sombra viene,
a sentarse conmigo en este banco.

Rebusco en la sopa,
con la cuchara, aes y eses e ies o emes,
y en el borde del plato, con la cuchara,
escribo el onceavo mandamiento:
“Moriré solo, como una gota de lluvia contra el suelo”

La pared agrietada, las sábanas frías,
el mismo olor a, esta piel sin caricias,
a cenizas,
a los ojos abiertos,
a la voz de la radio,
a los grillos y el patio y el naranjo,
donde una mirla blanca me nana hasta que asomo
dentro mío.

Siempre sueño lo mismo,
la misma curva,
las mismas ganas,
de haber tenido alas y sacarla de allí
de entre las llamas.

Despertarse y buscar,
un signo de vida en las cortinas,
pasar por delante del espejo sin mirarse,
untar la mantequilla,
y sentarse a mirar las hormigas.

Llegar vivo a la tarde y con periódico,
al mismo banco donde espero a mi sombra,
mientras los patos se terminan la merienda,
que traigo en los bolsillos.