24 de agosto de 2010

Rara avis


Meterme de ti un trozo en la boca,
tallarlo con la lengua como un tótem,
y un maremoto me inundara la garganta.
Sí,
querida, en tu forma corpórea,
me hubiera encantado
que tuvieras, una enorme polla
y quién sabe,
si lo mismo,
que me gustaba tanto lo que hacías con el dedo,
tal vez me habría gustado,
también algo más sólido, salvaje,
y como todo contigo, sólo nuestro.

Recuerdo la revolución de los claveles
que hicimos aquel año.
Y enfrente el mundo armado hasta los dientes
de razones para no ser feliz,
si no otra cosa,
fuera lo que fuera.

Ganamos.
No había otro modo de morir.
Olía a libertad por dentro de los huesos,
y estábamos tan locos que estar vivos,
era fácil,
y no ese escaparate con carteles
de todo rebajado,
que anunciaban en la tele.

Portada de septiembre: “Dos individuos cruzan el amor
-nos titularon-, y les crece un país en los talones”.
Volamos tan alto que vimos el mundo,
como era: redondo,
y cada vez más pequeño.

Ahora que somos esferas en el cielo,
¿quién va a ponerle fronteras al paisaje?
¿Qué Dalí pintará,
que nos han salido branquias?