3 de agosto de 2010

Tengo derecho a llamar a un abogado

Porque me sale de los huevos, que así, dicho, suena mal.
Pero qué quieres; he vivido, y he visto. Hace tiempo que soy yo quien decide, lo que es o no hermoso, y tú, aunque a veces eres tonta de tu culo, eres un billete de cincuenta solito en el suelo, coño, qué suerte, pues sí, como un baulito, donde se mete la mano y se saca llena de caramelos, que podría ser de mierda, pero no, son caramelos, como el final de una película de esas con crema por encima, donde ella le besa, y a uno le dan ganas de vomitar, porque no eres el tío, a ti el tío te cae fatal, y te dan ganas de cagarte en su puta madre, porque es feliz con la chica entre sus brazos, me cago en su puta cara, porque no soy yo.
Pero tú tampoco eres la chica ¿sabes? Tú eres, tú, otra cosa, no sé exactamente en qué consiste; pero duele. A veces. Y aún así, me metería un palo por el culo por tenerte cerca, donde pueda escuchar como respiras.
Y no pienso arrastrarme, que lo sepas, no creo que quieras a un gusano, un zombi, un gilipollas sin futuro. Huy, lo de gilipollas es verdad, ¿y ahora?
Lo de gilipollas ya no tiene arreglo. Tú misma.
Lo del futuro, podemos hablarlo.
Y porque eres inteligente.
Fíjate si eres inteligente, que dejo que seas tú la que diga la última palabra, porque como el gilipollas soy yo, alguien tiene que pensar aquí. Y eso de que seas inteligente me viene de puta madre, la verdad, que si no lo fueras y tuvieras un florero en la cabeza con gardenias, lo mismo me daba.
Con ese culo, no me extraña.
Ojalá no adelgaces nunca. Sé que te encantaría, pero dónde iba yo a agarrarme en un naufragio, sí, deseo con toda mi alma que nunca adelgaces, marinear por tu espalda como una puta rata hasta tu cuello y morderte hasta que de la boca, te salgan babas.

Si alguna vez, ya sabes...déjame tus manos de recuerdo. Tus manos son mías. De nadie más, y menos, tuyas, tus manos, ya no te obedecen, para qué, me pregunto, iban a servirte sin mí.
Pero a mí sí, y tú, con otras manos, seguro que te apañas.

¿Quieres que sea un león, por cierto? Seré un león.
¿Te apetece machacarme la cabeza contra el suelo porque has perdido un pendiente?
Vale.
¿Quieres que me calle, quieres que me calle?
Ya sabes cómo.
¿Qué quieres? Me lo invento.
Pero si quieres que te quiera menos y peor, haré la maleta y me iré a tomar por culo, porque eso, es lo único que no puedo hacer, y aunque quisiera, y aunque hasta me saliera, no te lo mereces. La vida te debe demasiado. Tú misma te debes demasiado.

Quiero cosas contigo.
Quiero una ventana donde mirar la lluvia, que es la cosa más tonta del mundo; pero luego seguro que follamos.
Quiero que me hagas un sandwchich de tres pisos: uno de york, otro de queso y otro de lechuga.
Quiero un pato que se llame Manolo.
Quiero bajarte las bragas en un ascensor.
Quiero que no llores mi vida, que no llores nunca más.
Quiero tu saliva.
Y una cicatriz para mí solo.
Quiero que lo poco que soy sirva de algo, porque si no, ¿para qué he visto, y he vivido?

Vete a la mierda.
Cada vez que me preguntas que por qué te quiero, desconfías de ti, te haces pequeña y sabes, yo también merezco más, merezco que también seas, un león, que te dejes por mí los dientes en la acera, y le arañes la cara con los ojos a cualquiera que me mire como me miras tú, que sea tuyo y tuyo y tuyo y sienta, que soy importante.

Mira a tu alrededor, y dime si ves a alguien tan loco, tan pendiente de que nada te sofoque, de que brilles, de que...en fin, bueno, te meto cosas en la boca, cosas de comer y tú te dejas, criar como un canario y me chupas los dedos, te hago reír, y además te como el coño y no me canso. No sé. Me tocas mucho las pelotas con tanta preguntita.

Y además, te necesito: a mí no me hacen caso los taxistas, ni la cajera del súper, ni sé sonreír de esa manera, ni tengo tanto morro.

No hace tanto te mirabas al espejo, y apenas si encontrabas tu silueta, entre tanta nostalgia y soledad.
Mírate ahora, y dime, qué estoy haciendo mal.
No me voy a morir si no te quiero. Siempre me quedará París. Aunque sea en blanco y negro. Y la verdad es que sin ti, también soy algo y sirvo.
Pero si alguien me pregunta qué es la cosa que más quiero de este mundo, le voy a decir que a ti, y si me pregunta que por qué, lo va a flipar, porque lo único que pienso contestar, es “Vive mi vida y cuando vuelvas, te lo explico”.

Ahora voy a encender un cigarro y voy a pasar de ti tres pueblos.
No soy tu esclavo, y no quiero pasar el resto de mi vida fustigado por tus dudas.
Si te apetece, me dices por qué me quieres tú, que eres, tan inteligente.
O haz lo que te de la gana, que es lo que haces siempre.
Joder, por eso te quiero, no me acordaba.

He dicho muchos tacos, ¿me perdonas?