17 de agosto de 2010

Y clavarte al centro de la tierra como un tótem



Me dejó en el espejo cómo amarla, pegado en el espejo, con un chicle, en una nota, con carmín, que decía, por escrito, más de otra vez lo mismo como siempre, más de sus ojos pidiéndome consuelo para el alma, si es que aún tenía, más de sus manos suplicando mis caricias y no otras, si no mías, más de su boca suspirando a la sombra del manzano una plegaria a las violetas, los lirios, el jazmín, más, que una nota, un testamento:
-Quiero ir contigo a misa cogida de la mano, si existe dios, tenemos que hacer cuentas.
-Quiero un beso en la ducha bajo el agua caliente.
-Quiero cenar bajo la luna, y que los grillos, canten y tú, me cuentes las estrellas mientras yo, te quito de la boca el cigarro.
-Quiero ponerle si es niña de nombre, María. No digas nada...no has visto su sonrisa, todavía.
-Quiero alargar la mano entre las sábanas, y estés tan cerca que sólo mueva un dedo.
-Quiero el Danubio. Aún no sé para qué. Quiero una noche Celta con música ambulante, quiero macetas de tomates, y que te manches de tierra conmigo las manos.
-Quiero que mires a la gente a los ojos y les digas, que yo soy tu única familia, que por mí, cruzarías el mar y matarías, y que sin mí, te morirías.
-Quiero que firmes aquí abajo que me amas, y saques del horno el pescado, mientras yo, descorcho un vino en el jardín.