23 de septiembre de 2010

La vida centímetro a centímetro


-Te prometo que voy a cambiar Matilde.

-Estás llegando a casa otra vez borracho un día sí y dos también Ricardo. Y la vida no es así.

-Te lo juro por mi padre Matilde.

-Tú no te hablabas con tu padre.

-Pero le quería, coño, era mi padre.

-¿Como me quieres a mí?

-Matilde, mira, yo sé que todo esto que nos pasa es una mierda, joder, que si el trabajo, que si los niños...yo...

-Que te pasa a ti, porque a mí lo único que me pasa eres tú. Los niños y yo podemos vivir sin algunas cosas. Durante un tiempo. Porque podemos levantarnos. Por eso.
Pero sin ti, podemos estar siempre si queremos. Te dije que esta vez sería la última.

-Sí...tienes...tienes razón, no lo estoy haciendo muy bien, yo, yo qué sé, mírame joder, voy hecho una mierda. Me habré caído cuatro veces por el camino.

-¿Eso es todo lo que vas a decir? ¿Que tengo razón?
Detrás de esa puerta está tu hija. Ve y díselo a ella. Que tengo razón. Que no te merecemos tanto la pena como para que hagas algo por nosotros. Díselo: “Hija, prefiero ser un trozo de mierda que dar la cara por vosotros”. Y a Marco, lo mismo; pero a Marco no lo mires a los ojos, porque de allí no sales, y no quiero sacarte a pedazos ni que los vecinos me vean bajarte por la escalera con esa camisa.
Ven aquí.
Te voy a meter debajo de la ducha. Y después te vas acostar. Estoy muy cansada y mañana tenemos que hacer muchas cosas.

-¿Cosas, qué cosas Matilde?

-Te voy a enseñar a ser un hombre.