28 de octubre de 2010

Bordado en raso


Si tienes alma,
la buscaré en otra ocasión, ahora,
batállame la polla hasta que rompa a arder
y cállame la lava en que me hundo por tus carnes,
de potra y déjame que amase tu culo como al pan,
mío de cada día.

Más anoches, quiero, contigo flor,
la rosa de mármol de una diosa Diamada,
Efesa y de cabellos trenzados sobre el hombro.

Y yo tierra y tú agua y convertirnos en fango.

Un bastón seguramente, que arrastre por la acera,
un pájaro que cante, pastillas para el calcio,
cartas,
que me mandé cuando era joven,
pero ahora,
salta sobre mí como una fiera,
y cómeme los huesos y todo el mecanismo
que tu hambre disponga a su paso.

Dime cosas guarras con la punta de los dedos,
ponte a ocho patas,
y yo te sembraré de flores blancas la garganta.
Luego iremos a cenar a una hoja de nenúfar,
y me hablarás de Asia, y los campos de refugiados
y tu proyecto Isthar,
convencida de que el mundo sólo pasa un mal trago.
Estás preciosa, te diré.
Tomarás un avión.
Tal vez, no vuelva a verte.