31 de octubre de 2010

The Groove


Hoy en los charcos de la pista de basket
había hojitas
flotando boca arriba medio muertas, quise,
de repente, abrazar otra vez a mi padre,
estrechar su cabeza,
contra mi pecho,
y aligerarle peso al equipaje
de sus ojos que se iban.

Había un perro meando en un árbol.
Sólo tenía tres patas y su dueño,
lo llamaba Bitter, que llueve, coño, mea ya.
Y había yo, sentado en un banco, hoy, de madera de haya,
y un cigarro mojado cayendo de mis labios
al suelo de alquitrán.

Y de repente me he acordado de las tetas de Alicia.
De los doce años.
De las tormentas de verano debajo de un chaleco los dos juntos
corriendo a los portales.
De su aparato dental.
De cómo su madre, en la merienda, nos untaba
en el pan el tulipán.

Ha sido bonito. Había agua,
Aunque hubiera sido más bonito estando seco.
Menos, no solo, incompleto, se apreciaba,
observando brevemente,
a un tipo haciendo el gilipollas debajo de la lluvia
sin paraguas.

Y de repente, tú,
y que si un cubo por encima de ácido,
era el olvido, y yo, había,
mientras tanto de repente,
robádote un beso de la cara.

Había viento
y de repente,
le pregunté si sabía por qué las cajeras,
de Mercadona,
se pintaban los labios de Red Swing.