15 de octubre de 2010

Pa haberse matao


Esrou escribiernfo con los odoas veffasdpds.

Y ahora estoy escribiendo con los ojos abiertos.

No hace falta que busques, la siete diferencias,
joder.

Con los ojos cerrados, te veo; pero ¿eres tú?
o eres alfoi ue imagiubino.
Da igual.
Te veo.

Con los ojos abiertos,
Matias Prat está diciendo que han muerto,
veintinueve personas en Iraq.

Qué importa, si todo esto que veo ya no existe,
ya sabes,
una casita blanca, ropa en el suelo,
tus, zapatos
donde abiertos, sólo veo un hormiguero.

Abiertos, los espejos, son borrachos que escupen la verdad;
la ciudad, una furcia que prefiere que le den por detrás
a que la besen; los charcos,
agua sucia reflejando las luces de los taxis;
y el callejón donde rompimos lo que fuimos,
-sí claro, en mil pedazos, cuántos si no -
un ataúd mal alumbrado donde
van a morir las ratas, de esta puta ciudad.

Cerrados la cosecha,
de abrazos tú y yo sobre las sábanas, praderas,
de nuestra piel cortada como hierba y la ventana,
respirando jazmines, cerrados una dalia,
creciéndote en las manos para mí.

Abiertos la certeza,
de que a mis salmos y oraciones y blasfemias y mis súplicas,
sólo contestan los felinos,
y la vecina del ático:
“Olvídala, a ver si se puede dormir en este barrio, coño, ya”.