11 de octubre de 2010

Ya te digo...


Miro las putas nubes.
Me pregunto por qué coño tengo que sentir algo mirando las putas nubes.
Tengo frío.
No he comido nada en todo el día,
y seguramente llueva
mientras regreso del trabajo a casa en bicicleta
por un carril de mierda plagado de,
matojos,
y coches,
mal aparcados o,
peatones
que invaden mi camino.

Pero me gustan las nubes.
Me sale de los huevos,
no tengo,
otro motivo.

Hay un tío
parado en la rotonda.
Quieto, el cabrón,
en mitad de la noche.
Mirando al suelo como si
lo hubiera perdido absolutamente todo.

Un kilómetro delante,
una niña arrastra un microondas,
del cable,
por el paso de cebra
hasta la otra orilla de la calle.

Y luego las he visto.
Cogidas de la mano.
Riendo.
No tendrán ni los quince,
y ya son heroínas que se besan,
mientras esperan el semáforo.
Una es pequeña como un pétalo.
La otra, lleva unas botas altas de Milano,
muy altas y,
un reloj enorme en la muñeca izquierda.

Ha sido hermoso.

Llueve.
Lo sabía.