26 de noviembre de 2010

Escatológicamente tuyo


“Dale otra vez al centrifugado”
El tercer centrifugado en media hora.
La idea fue mía: “Te voy a comer el coño encima de la lavadora”.
Luego le amarré las muñecas a la cabecera de hierro forjado de la cama y le puse la corbata cubriéndole los ojos. Tenía los labios mojados, las piernas abiertas y jadeaba como una perra.
Le metí la polla en la boca hasta los huevos.
Después le metí el dedo en el culo hasta que perdí de vista el anillo.
Y cuando estaba a punto de romperse y suplicar que me la follara, la agarré del culo y la atravesé de una tacada. Le dolió. Salió ardiendo. Casi se muere.
Se corrió cuatro veces, y de postre, me la chupo con las pestañas y le puse las tetas al baño maría.