2 de diciembre de 2010

La balada de la piedra preciosa


Que eres una puerta y te cierro y te abro y que,
brotas del desierto, amarilla y suave y que,
aprieto mi cara contra tu culo frío y que,
siento palpitar tu corazón bajo tu pecho y que
me pongo nervioso como un niño de quererte.

Si me mandas a tomar por el culo,
volveré.

Era un inciso.

Puede que estemos locos y me encanta
ver cómo crecemos por debajo del asfalto.

Derriba
la última
frontera.

Y entonces comeremos piruletas.
Iremos al cine.
Habrá palomitas. Cocacolas grandes, enormes con pajita.
Tiraremos al suelo los colchones.
Te compraré un helado de vainilla.
Te daré comida de mi boca.
Te llamaré puta, y amor, y loca y sinvergüenza.
Nos dormiremos escuchando la radio.
Y cuando despiertes,
seré yo quien te diga Buenos días princesa,
y me enrede de nuevo en tus trenzas,
como un rayo de abril en las ventanas.