26 de diciembre de 2010

La hoz




La Tirana había sido un barco tan bonito,
que hasta muerto le caían de las velas,
flores de cerezo.

Volvió de la ultratumba el jueves a las cuatro y veinticinco de la tarde:
como siempre.

Tenía un alambique de ostras y turbantes de coral en botavara.
El foque roto, truncado, muerto.
La mayor raída por las olas del infierno y en en el puente,
la mitad del timón llorando esquirlas.

No la trajo a Ella.

Durante diez minutos tuvo flote.
Varaba en el poniente.
Se mecía.

Luego se hundió como los jueves, como todos.
Haciendo burbujitas,
de champán,
en el centro del océano.

Busca Tirana,
Tirana bonita de velas de cerezo.