29 de abril de 2010

Sala de máquinas

Me he sentado a esperar a Paul en un banco de la planta de medicina nuclear, no...me han dejado entrar, me ha mirado antes de desaparecer del todo por el largo pasillo hasta no sé qué habitación con máquinas y, me ha dicho como siempre con los ojos que me quiere, que no me preocupe, que todo, va a salir bien, y yo como siempre con los ojos, le he dicho que lo quiero, aunque no salga bien, que estaré aquí sentada, leyendo y, he abierto el libro por la página ciento no sé cuántos exactamente, por tener algo entre las manos, que no sea miedo.

A mi lado se ha sentado una señora mayor, mayor de esas señoras de colonia asfixiante y zapatos negros como de misionera, es, como si todas las flores del vestido que lleva hubieran florecido de repente al sentarse a mi lado, un vaho que me aturde, de selva, de pantano, un olor asesino que no deja vivir otros olores, tal vez, si algún día soy mayor, mayor de bolso lleno de recetas y fotos de sobrinos sinvergüenzas y lindos, tal vez huela a maceta, así, a tienda de regalos, no sé, a que ya no distingo la vida de la vida. Pero nunca me pondré unos zapatos como esos. Lo prometo.

Me he levantado y he salido a la calle. Hace un día estupendo y están cortando el césped.

Mi primera vez fue una catástrofe. No sé por qué me acuerdo en este momento de algo como eso, cuando ni siquiera me acuerdo de cómo se llamaba aquel chico, ni qué cara tenía, ni qué música estaba sonando. En cambio, me acuerdo de que fue una catástrofe.
Y luego llegó Paul, y con Paul, todas las primeras veces que quisimos, siempre la primera, aunque fuera ayer mismo, aunque hayan pasado trece años de la primera primera vez con Paul, porque con Paul, hasta las catástrofes, parecen la primera.

Una vez me dijo, que si dejaba de quererme algún día, borrara de la faz de la tierra su memoria, como si nunca hubiera existido. Sé a qué se refería. Por eso le amo.

Vuelvo dentro y me siento en el mismo lugar y vuelvo a abrir el libro exactamente por la misma página, la vez número creo, treinta y dos, no sé si exactamente.
Ha salido un médico y me ha preguntado que si he desayunado, porque, me ha dicho, una de las pruebas tiene que repetirse, todo está bien, pero, sí, le digo, ya sé, tiene que repetirse. Es incapaz de mirarme a los ojos más de dos segundos seguidos.

La señora de los zapatos que nunca me pondría está firmando unos papeles en el mostrador. Está sola. Ha llegado sola y se va sola. No quiero unos zapatos como esos.

Ya no sé cómo sentarme. Me pregunto qué sé.

Debo estar preciosa. Paul siempre dice que cuando me pongo triste soy la mujer más linda de la tierra, qué pena, porque no quiero que nunca estés triste, dice, no me importa, en serio, verte sonreír cada minuto de mi vida y que la chica más bonita del planeta sea, otra cualquiera. Luego se ríe, siempre lo hace cuando dice algo que no tiene gracia. Yo también me río. Tarde o temprano siempre lo consigue.

Ahí está. Cuatro horas. Cuando no tienes nada no estás cuatro horas encerrado en una habitación con máquinas.
Sus manos se pierden en mi pelo cuando me arrojo a sus brazos.
No decimos nada. Trece años dan para mucho.
Sobre una baldosa cualquiera del suelo, allí nos amamos más que nunca.

28 de abril de 2010

La parte que me gusta de estar vivo

La rubia tenía un tatuaje en el tobillo que decía “Fóllame”, yo, de alemán, una poca mierda, pero una polla es una polla, y aquello, era una polla.

Resulta que la rubia hablaba latin lover, lo suficiente, para mandarme a tomar por culo. “Soy lesbiana”. Vale. ¿Y la polla? Y entonces la novia de la rubia, una rusa de metro al cuadrado, se me acercó por detrás y me dijo al oído, mientras me cogía de los huevos, que si no aprendía alemán iba a tener muchos problemas.

Rufina la negra, que era puta de hotel y me quería un poquito, vino riéndose de mí desde el final de la barra de aquel bar y me sacó de allí a la puerta de la calle y me dijo: “Pide un taxi”.
Taxi, en alemán, es ¡Eh!

Me llevó a una sala de fiestas donde unos compadres suyos tocaban esa noche, y nada más llegar, Rufina, que lo iluminaba todo con su espléndida sonrisa, me quitó el sombrero, me peinó con las manos el cabello hacía atrás, me mandó callar y agarrándome de la cintura con aquellas enorme manos negras de palmas blancas, me sacó a bailar una de Benny Moré.
“No tengo dinero”, le dije, y ella,me dijo que ni falta que hacía, que era su día de descanso.
A Rufina no había quien la tumbara, en cambio, a la tercera copa, yo ya estaba derrumbado en una mesa , mientras la negra, bailaba en el centro de la pista con uno que era timbalero. Salí a la calle. Hacía frío. Era muy tarde. Siempre era muy tarde y el suelo de los sitios donde no era feliz, siempre estaba frío.

“Se te va a helar tu culo blanco, amorcito”. Me dio un beso en la mejilla y se sentó conmigo en el escalón. Pasé un buen rato anidando entre sus tetas, con las orejas calentitas, mientras me contaba otra vez porqué era puta, y cuánto echaba de menos a sus hijos. Luego me preguntó, “¿Y tú por qué eres idiota?”; pero en vez de contestarle, me acurruqué más en aquella madriguera y dejé que el silencio hiciera el resto.

“Cada vez que te acuerdas de Ella me toca a mí curar lo que te pudres-mascullaba la negra mirando la Luna-. Maldito español de los cojones”.

Desde que un día me partieron la cara por la negra Rufina, que le había sacado un cuchillo grande a un delegado chino del gobierno porque quería besarla en la boca y la boca de la negra, decía ella, era sólo suya, Rufina siempre había aparecido de repente en el momento justo, y siempre antes de que alguien me cortara las pelotas. El chino aquél cabrón sabía kunfú, su puta madre, me puso la boca en la nuca y me quedé allí tirado en la calle de atrás del hotel de donde Rufina, sacaba la plata que mandaba al Caribe.

“Te quiero negra”, le dije, y ella, me dijo que estaba de descanso, que si quería echarle un polvo, que mañana, pagando, y veinte minutos, como todo el mundo, y luego, me dijo, “Papito, te llevo a casa”.

La cama de la negra olía a limpio, y aunque estuviera tan borracho, la verdad es que aún me salía acostarme en el sofá, la negra, solía sentarse en una mecedora a mirarme hasta que me iba de este mundo, que era pronto, y luego, no sé qué hacía, pero por la mañana, siempre amanecía envuelto en una manta, y sin zapatos.

26 de abril de 2010

Yo en mí

Me dijo que era un antro
que era pobre
que era idiota
y cómo había que hacer
para olvidarla:
me dijo que follarme
era, como mear
y que de mí sólo quería
que me muriera.

Vomité mucho.

Pasó el tiempo como pasan
tantas cosas
y vine de morirme por ahí
y la vi el otro día por la calle
gastada y furcia platino
del brazo de un gran ejecutivo.

“Yo te amaba”
pensé sin pronunciar una palabra
mientras pasaba por mi lado
sin reparar en mí.

Tal vez esté aún muerto y no lo sepa
pero sin duda
ya no soy un antro.

Me lo hubiera dicho.

De tantas cosas, algunas
no cambian con el tiempo.

23 de abril de 2010

Cero en conducta

Iba yo un día por el campo en pantalones cortos y así, rascándome las pelotas, y de pronto, de no se sabe dónde, escucho, “Hola”. Pero no un hola cualquiera, no, si no un hola precioso, redondo y brillante y pequeñito, el hola de una voz primaveral y fresca como de anuncio de implantes dentales o de chicle de eucalipto, y miro, y vuelvo a mirar y remiro, y no veo a nadie. Un hola mágico, pensé. Coño. Y ya me iba, cuando delante de mí, en el suelo, la florecita va y me dice: “¿Qué cosa eres?”.

El cigarro se me calló de la boca, me quedé todo acarajotado, y aunque el hola era de aquella florecita diminuta de pétalos perfectos y amarillos, seguí mirando hacia los lados, mientras ella me miraba a mí y sonreía. Yo eso lo había visto en los tebeos, pero no me había pasado nunca, la verdad.

Como no sabía que cosa se hace cuando ves una florecita que habla, bueno, pensé, supongo, que contestarle, el caso es empezar, digo yo, y le dije, que era, una persona, porque me pareció que si le decía Manolo, o Pepe o Juan, lo mismo era demasiado complicado, persona, así, a grosso modo.

“¿Y qué es una persona?”.

Coño, con la florecita.

Ya que estaba, le dije que una persona, era, un ser vivo, inteligente, que, a diferencia de otros organismos vivos, pues …

Y entonces le dije la verdad. Mira, le digo, una persona es por ejemplo, un bicho que tira cabras de un campanario para festejar la fiesta del pueblo, por tradición, sabes, cosas como esas, no sé, las personas matan ciervos, gatos, personas, a veces a lo bestia, muchas juntas, una persona, pues, se lava los dientes, hace croquetas de bacalao, tiene más personas y las tira a un contenedor de la basura, o le paga la universidad, depende, y, que más, pues, hace grandes edificios, iglesias, casas de putas, se inventan enfermedades, y, en general destruye todo lo que toca, no todas, pero la mayoría, y , más o menos, eso es una persona.

Cualquier florecita se hubiera acojonado, pero aquella seguía sonriendo, coño, será de plástico, pensé.

“¿Y por qué?”

Me podía haber quedado en casa.

Bueno mira, le digo, también hay personas buenas sabes, ya te lo he dicho, personas que intentan arreglar lo que otras personas rompen y …

“¿Tú arreglas cosas?”

Ese fue el momento en el que me entraron unas ganas tremendas de pisarla.

Pero no pude. Una sonrisa demasiado bonita. Una voz tan dulce.

Y entonces me senté junto a ella a mirar el cielo, y le dije que era un cobarde, eso es lo que era, y que los cobardes, nunca arreglan nada, no le des más vueltas, florecita, es así, las personas, también hacen cosas como esas.

Y mientras hablaba, a lo tonto, sin querer, me la puse en la solapa.

22 de abril de 2010

El día que Gary Cooper me escupió a la puta cara

Somos hordas buscando con los ojos mientras llega el autobús
la tarjeta dorada
de Willy Wonka
el uno en el otro.

Pero tú
así dejando ver lo que te anida
la ubre
de una Constelación desconocida
te pareces a nadie
bajo esta lluvia inesperada, como lo es todo
cuando todos los gallos de pelea de Tijuana
parecen arrancarme de su sitio el corazón
y a punta de pistola
arrastrarlo por el suelo hasta tus pies para que hagas
una hoguera.

Bill Chapman Mulligan tercero
ya era, ciego antes de tocar el saxo en esa esquina
va a darle igual si somos el Vesubio
pero tengo una moneda
si quieres
bailamos este charco
y en vez de al autobús
subimos al tejado como gatos.

Perdemos el último a Wisconsin
te doy un beso Spider
colgado del cartel de un badulake
el mundo da otra vuelta sin nosotros
y a tientas, me preguntas que si tengo
un Cadillac Deville descapotable
o algo que te lleve a ningún sitio
con una gran bañera que rebose
de Pinot Noir.

21 de abril de 2010

Medal of Honor

Que te arregle el grifo, que gotea
que te cuelgue una lámpara
que ponga derechos los cuadros
que te pinte de azul la ventana
que baje la basura
que vaya contigo, de tiendas horror pictures
que me espere, que ya sales del baño
que tú no has sido
que he sido yo y que no me acuerdo
que ahora tienes ganas
que antes era antes
que me calle
que diga algo
que te invite a la última del Clooney
que llueva, que te apetece
que no te mire así, con esa cara
que te mire, pero con esa cara no
que qué guapo estoy dormido
que te de un besito
que así no
que con ganas
que ya no te lo de
que has visto unos pendientes que te gustan
que son muy caros, y muy bonitos
que ji ji ji
que yo te quiero mucho, ¿a que sí?
que me siente que tienes que decirme, una cosa
que mañana es mañana, que ahora
que bueno, que vale, que da igual
que yo sabré
que luego no me queje
que ya no quieres más que llueva
que esa mesa cojea
que a quién le toca poner el lavaplatos
que a mí
que te haga un masaje
que hay que ver que nunca, te hago un masaje
que qué tienes que hacer para que te haga, un masaje
que ahí no se toca
que ahí tampoco
que eso no es un masaje
que te vas a la cama
que si me he enterado que te vas a la cama
que el día que te mueras te moriste
que no puedes dormirte por mi culpa
queconloqueyo, te quiero a ti
que qué frío, que qué sola, que qué pena
que has visto una arañita en la cortina
que te da mucho miedo
que a mí me da igual
que si te come, una menos
que en qué estarías pensando
que hombres, un montón
que no sé ni la suerte que he tenido
que quieres chocolate
que dónde va a estar, en la nevera
que qué estoy haciendo
que de paso, si eso, podías calentarme los pies
que no encienda la luz, que para qué
que sí, que me perdonas
que me prestas tu boca
que qué le vas a hacer
que tú a mí si me quieres
que no te has puesto bragas
que si soy tonto, o qué
que así, así, así
que le den por el culo a los vecinos
que ya, ya, ya
que peso
que no, que antes no, pero ahora peso
que si no tengo sed
que tú sí
que cierre el gas de paso
que qué culito tengo
que te quiera otra vez
que otra vez me perdonas
que ya otra vez no peso
que estoy tardando
que qué, hago, hablando, solo.

¿Título? Pa qué.

Me importa una mierda el ser humano.
Léase
“Tú”.

Hay otros seres vivos
pero no son humanos
si no seres-yogures
que caducan pronto
porque nacen sin techo
ni oportunidades.

Y hay niños.
Y los niños, de humanos
sólo tienen lo que aprenden.

Obviando este hecho, prosigo.

Tanta tontería.
Coño, si eres
un fariseo
para qué
vistes a tus hijos
de marinero
de virgen
de ponte aquí para la foto
de porque lo digo yo
de eso es lo que hay.

Haz tú la puta comunión
vestido de infante de marina
y deja que tus hijos
jueguen al yoyó.

Yo me doy más asco
que un pelo en la boca
por cierto.
No pierdas el tiempo
conmigo
no soy, la amenaza fantasma
ni voy armado
ni soy un tío, guay.

Pero te daría por el culo
cuando mascas
esa chulería de bastardo
con tus empleados sudacas
sí coño, acuérdate
esos que te han hecho millonario.

Me gusta
cuando te acuestas
y por un momento
te da miedo pensar en lo que eres
y te preguntas
si el infierno existe, porque si existe
la has cagado.

Todas esas
mentiras a lo largo de tu vida
todas las veces
que te has quedado con las ganas
de no ser lo que eres.
Debe ser
sumamente horrible.

Oh, se me olvidaba
tú ni siquiera hueles
ni cagas
ni te suenas los mocos
ni te tiras un pedo
ni te da miedo El Coco

eres muy valiente
por eso
tú si vas armado
con esa boca de hacer daño
y esa cartera de pagar sobornos
y esa sonrisa de engañar a Dios.

Bueno, pasaba por aquí
y me acordé
de qué cosa
no quiero ser.

Tengo hambre.
Ese cubo de basura
tiene un aspecto delicioso.
Y luego
me tumbaré a ver las estrellas
hasta que me canse
.

17 de abril de 2010

Vuelo sin motor

Tras el cese irreversible de las funciones cardiorrespiratorias, la pérdida de todos los reflejos del tallo cerebral, y si no has muerto asquerosamente solo en algún glaciar de Groelandia, sobre una duna del desierto de Nevada, una habitación de hostal en pleno vientre de la madre Rusia o un charco a la boca de un metro londinense, un barbilampiño y despeinado becario de hospital te cubrirá la cara con una sábana mientras en la sala de espera, de pie frente a quien fuera que formó parte de tu vida, la voz en off del hombre de la bata blanca, dice que lo siente.

La temperatura de tu cuerpo bajará casi un grado cada hora, tu frente estará fría antes de que las últimas personas que te amaban, se bajen de un taxi en plena noche y aparezcan en la 312 envueltos en lágrimas, y te besen las sienes y digan, que aún estás caliente, tus labios y tus uñas tomarán el color de la ceniza, tus ojos, se hundirán poco a poco en el cráneo, velados por una niebla como escarcha, y antes de que salga el Sol, estarás metido en una cámara frigorífica y oscura de acero inoxidable, y poco más tarde, antes también de que tu piel se llene de burbujas, de que te hinches y crezcas de forma grotesca, de que gotees por todos y cada uno de tus poros, en otra de madera, y todavía un poco después, emparedado a dos metros del suelo en un cubículo con nombre, tu nombre, quién quiera que fueras, si es que eras alguien.

A las tres semanas la piel y el cabello, podrían arrancarse con las manos fácilmente, sería, como pasar el dedo por una tarta de nata, los gases, te habrán inflado tanto que, podrías ser un globo en una feria, aunque en realidad, ahora eres un nido de moscas y de larvas, un manjar tierno y sabroso, un festín de insectos nada diplomáticos que devorarán hasta el último atisbo en ti de rastro humano, para el verano, serás si acaso huesos, y años más tarde, una dentadura perfectamente blanca brillando en la terrible y negra soledad de tu nuevo domicilio.

Fuera la vida continua y crecen las violetas, todo da vueltas, tus hijos ya se afeitan, tu mujer se ha cansado de llorar y ha conocido a un buen tipo, se lo merece, siempre hay un buen tipo, tu perro, le adora, tu foto, sobre la chimenea, ha desaparecido y ahora hay, una bailarina balinesa y los domingos, sobre la barbacoa, chuletas de cordero y sobre el césped, los hijos de tus hijos tumbados panza arriba como gatos, señalando las nubes con el dedo y haciendo otras cosas importantes.

Está en la terraza. Asomada al resto de su vida y deseando que le digas que lo sientes, que la abraces, ahora que, todavía estás caliente, que respiras, que aún eres alguien.

15 de abril de 2010

Tuareg

Y entonces el maestro de francés, al que llamábamos “El Búho”, por sus enormes gafas de pasta postmodernas color Burdeos, sacó de una caja de cartón un pequeño tocadiscos, lo puso en su mesa, enchufó el cable a la pared, abrió la tapa y puso un disco de vinilo de los grandes, ante la expectación de todos nosotros, que de cerca, nunca habíamos visto nunca un aparato de esos, como no fuera en un bautizo, claro, que en los bautizos, discos como aquél no se ponían ni de lejos, se escuchaba a Juanito Valderrama cantando El emigrante o a los Chichos contando historias de yonkis y mangantes, así que cuando El Búho le puso la aguja encima, y aquello hizo Tatachán Tatachán, la verdad, nos asustamos.

El Sapo, los hermanos Camacho y en general todo aquél que no quisiera quedar como un idiota, empezaron a reírse y a decir en voz alta, que aquello era música de maricones, que vaya mierda, que toma, una bolita de papel en la calva del Búho, que tenía los ojos cerrados, porque decía, que así era como se escuchaba a Beethoven.

El Búho era muy cabrón, te cogía por las patillas del pelo y tiraba hacia arriba hasta que ni de puntillas dejabas de sentir todo el peso de su justicia, y cuanto más chillabas como una puta rata, más tiraba el cabrón, y luego, castigado al pasillo, así que en el pasillo, aquel día, había media clase. O sea, los de siempre. Aunque la verdad es que nunca se quedaban en el pasillo, sino que se iban a los servicios, y se hacían pajas, a ver quién se corría antes.

En mi clase olía a goma de borrar de nata y a lápices, a bocadillos de chorizo, a Barón Dandy-la colonia del Búho-, a galletas de chocolate y a celtas sin boquilla, porque los Camacho, era lo que fumaban, celtas sin boquillas que robaban en el quiosco mientras Doña Pepita estaba entretenida leyendo novelas del oeste Estefanía.

Cuando terminó la quinta sinfonía, yo estaba perdido no sé dónde, y en mi pupitre había un charquito y la cara me picaba de llorar. El Búho, nos dijo que aquel tío, el Beethoven ese, es como si llamara a las puertas del cielo, porque se estaba quedando sordo y quería que alguien, le abriera.

En el patio del recreo había un árbol, y debajo del árbol, los peores de la clase aprendían a hacer porros y afilar navajas con una piedra, hasta que cortaban tanto que daba miedo mirarlas.

“Mariconazo”, me dijo el Sapo, “que has llorado ,niña chica, anda, que no te cabe na” . Yo no era ni de los buenos, ni de los malos, los niños del coro, me dejaban jugar con ellos a las canicas aunque hiciera un rato hubiera estado fumando celtas debajo del árbol del patio del recreo con los malos, y los malos, me enseñaban a saltarme la tapia del colegio por un sitio que daba, justamente, al colegio de las niñas, que estaba enfrente y era de monjas.

Alguna vez había evitado que los Camacho le hicieran un gazpacho a uno de los buenos, un gazpacho, era, que le bajaban los pantalones, y le metían dentro hierba y bichos y tierra o lo que fuera, y alguna vez, había ayudado a aprobar mates al Sapo o al Julián o al Caraculo, así que andaba en tierra de nadie, pero por donde a mí me daba la gana, incluso, el Búho, me había dejado aquel disco que hacía Tatachán Tatachán, para que me lo llevara a casa de una tía mía que tenía un tocadiscos, y eso, que días antes, el Búho me había echado al pasillo porque yo había escrito en la pizarra, “Vivan las tetas de la profe de lengua”, pero como no tenía ni una falta de ortografía, no me cogió de las patillas ni nada, bueno que, me dejó el disco, y cuando lo puse en casa de mi tía, que había salido a por fruta, me hice un porro con una chinita de hachís que el Sapo me había regalado, subí el volumen, cerré los ojos, y lloré todo lo que quise, mientras el tío aquél, que era sordo, llamaba a las puertas del cielo.

12 de abril de 2010

Una del Oeste

Podría follarme a quien quisiera.
Pagando, claro
y a quien se deje, gratis digo.
En vez de eso
apago la luz
y casi puedo tocarte.

Me agarro la polla con la mano
y me la zumbo, no es
un acto horrible
es
que tú no estás
y que me acuerdo
de cuando íbamos juntos a Nirvana.

Esa es la parte fácil
la difícil
es dormirme.

9 de abril de 2010

Miss átomo

Tancósmica
tantátrica
tanmística
dulce de flauta tirorí
molino, jara
tirabuzón de viento
tic de reloj, rescoldo …
Acorde de guitarra.

Así a suspiros.
Como se ama lo imposible.
Con los ojos cerrados.
Con la boca de nuez
con un dedo en las sienes
con un diez en el pie.

Mi cosa favorita
mi aurícula, mi pan
molécula, mi piel de alubia.
Y mayo y los años y el estiércol
pasando como trenes por encima.

Mientras, facto, fluyo, floto, flexo en do menor
de tigres y timbales
de morderse la lengua con un verbo
de alambre
de arrojar en un balde las postales
de las tardes de Bach y los polímeros feroces
tronándonos los huesos, rascando la corteza
la firma truncada en el silicio por las olas
amor
te hacías horizonte y yo
pañuelo blanco en la bahía.

8 de abril de 2010

Hostia puta ya

Pues vete a una montaña, me dijeron. Y eso hice. Y ahora, vienen a mi montaña a darme por el culo.
Es que no me gusta la gente. Y por eso soy un hijo de puta, un ser horrible y sin sentimientos, una mamona de mierda y cosas como esa. Pero lo que soy, es diferente.

Y ser diferente duele que te cagas. Eso si es una mierda. Aunque es lo que soy, y a estas alturas, lo prefiero, ya, he intentado ser de otras muchas maneras para evitar ese dolor, qué coño, no me gusta el dolor, esos juicios sumarísimos que la gran masa ovejuna le hace a lo que no es como ellos, da igual que no hayas matado en tu puta vida una mosca, te ponen una venda en los ojos y te fusilan. Quitadme la venda de los ojos, coño, que no me da vergüenza ser lo que soy, ni no tener una puta hipoteca y vivir de alquiler, ni un gran coche, ir andando a todos sitios me encanta, me gusta caminar, trabajo, tengo dinero, pero no quiero un puto coche porque no me hace falta llevar a cuatro niños a ningún sitio, porque niños, no tengo, oh sí, es que es ley de vida tener niños y entramparse hasta los ojos, comprar mucha ropa cara e ir a la peluquería y estar guapa y bronceada, y una mierda, ley de vida, mi vida es mía, y es lo único que tengo, y ahora, vienen a mi montaña, a venderme otra vida que no quiero, a convencerme ¿de qué?: “No tienes televisor”, me dicen, para qué coño quiero un televisor, “No tienes amigos” , me dicen, pues no, ¿quieres ser mi amigo?, seguro que no, no te gustaría tener un amigo que se caga en los ases del balón, no está bien tirar todo ese dinero, es, inhumano, ni matar toros, oiga, qué me cuenta, es matar, joder, no es comida, es matar por la cara, y esas señoras vestidas de mantilla en la Semana Santa, Santa los cojones, dan miedo coño, no he visto un Santo en mi asquerosa vida, los cojones Santos, o, “Buenos días Buenos días, qué tal qué tal” , ¿qué tal? , te importa un carajo qué tal, lo que pasa es que preguntas por preguntar, por ser amable, pero yo no soy amable, qué tal, los huevos, mentira, todo mentira, bueno, todo no, las flores no son mentira, ni el agua de los ríos, ni los pájaros, y no, no soy maricón porque me gusten los pájaros, y menos poeta, mucha libertad, y luego a los maricones los llamáis maricones, y a las mujeres, putas, una mierda igualdad, las mujeres ganan menos en el trabajo, y en todo lo demás, esa es la igualdad de cartulina que me traen a mi montaña, mentira, todo mentira, te levantas y mientes, y así hasta que te acuestas, y cuando conoces a alguien que no lo hace, huyes, y si no puedes huir, te lo cargas, no me gusta la gente, no, seré un cabrón.

A la mierda.

7 de abril de 2010

Mi nombre es Guerra

-Pudiste unirte a nosotros, juntos, éramos invencibles, en otro tiempo, mírate ahora, un cordero a las ordenes del Consejo. ¿No te preguntas, Jinete, si merece la pena arrancarme el corazón? ¿Y el de quién más?

Todo el horror, la muerte y la desolación que he sembrado a mi paso hasta llegar a la torre del Crepúsculo, cada una de las almas que he segado, fuera de ángel o demonio, ha sido en nombre del Consejo. Mi armadura, otrora brillante en tiempos de paz, se ha teñido de rojo, mi escudo de vísceras y pestes, mi guadaña de demencia y mis ojos de un fuego frío y azul.

-No soy yo, Tiamar, quién ha de decidir eso.

-Dime Jinete, qué sentiste matando a La Doliente, dime al menos, que tuvo una muerte digna, antes, éramos hermanos.

-Ya no.

Algo salió mal. Se urdieron conjuras en la sombra, se pactó lo inconcebible, y ahora, El Equilibrio está roto, truncado, la tregua se ha desvanecido como el humo, y entre el Bien y el Mal, ya no hay acuerdos, por valles y montañas corren ríos de sangre y anarquía, ya no hay diferencia, entre Arcángeles y Bestias, al menos, no para el filo de mi espada.

-¿Por qué, Tiamar? ¿Qué vuelve loco a un Dragón de esta manera?

-Porque El Equilibrio es una mentira, siempre ha sido así, desde el Principio, no puede dividirse un reino en dos sin esperar tarde o temprano un levantamiento, hermano. ¿Acaso no se llama esclavitud seguir las Leyes del Consejo? Hordas de esas palomitas aladas cruzan en formación con los dientes apretados, están llenos de Ira, cansados de esperar el Reino de los Cielos, nunca han sido mejores que nosotros, mira, cómo ejércitos de ellos se preparan para el Último Día. ¿También te ha pedido El Consejo sus corazones?

-Sólo los necesarios. Sin Caudillos, no habrá rebelión.

-Te equivocas, ahora cada uno de nosotros, se arrastre o vuele, es su propio dueño.

-Si yo fracaso Tiamar, será el propio Consejo quien ponga fin a esta barbarie. Y entonces, no quedará nada. No habrá triunfadores ni vencidos. Aún estás a tiempo.

-Y tú de abrir los ojos Jinete.

6 de abril de 2010

Planeta Yo

-¡Ring!

-“¿¡Ring!?” … ¡ClicK! … ¿Para qué coño me llamas?

-Alicia, yo … te quiero, y …

-Escúchame bien Adolfo, porque esto es lo último que te voy a decir: estoy cansada, tú no tienes la culpa, sólo eres uno más de tantos, ni siquiera eres mala persona, cansada de ser yo, tan difícil, tan rara, cansada de ver el Nilo donde los demás sólo ven un vaso de agua, cansada de dar explicaciones a quien ni siquiera le preocupa entenderlas, porque ¿sabes?, cada uno va a lo suyo, tú también, supongo que al principio tenías buenas intenciones, si puede llamarse así a dejar que yo hiciera de mí misma, ¿hasta cuándo?, ¿crees que no iba a darme cuenta de que harías lo mismo que todos los demás? ¿intentar cambiarme poco a poco, con palabras bonitas? “Las cosas no son como tú quieres”, pues sí que lo son Adolfo, porque soy inevitable incluso para mí, tú no me quieres, tú quieres moldearme como al barro, y sí, claro que soy dulce, pero no cuando tú quieres, si no cuando soy dulce, ya sé, ya sé, y te lo dije: “No soy como todo el mundo”, pero claro, nadie me cree, no tú, Adolfo, y tú necesitas que yo sea como todo el mundo, lo extraño te da miedo, estás ahí, al otro lado del teléfono, diciendo que me quieres, pero te aseguro que puedo oler tu miedo, tu miedo a mi manera de ver las cosas, a mis silencios, a mi crueldad, lo que tú llamas crueldad, porque no te gusta que te lleve la contraria, que no esté de acuerdo, que tenga mis propias ideas, no te gusta tener miedo, sí, al otro lado del teléfono, diciendo que me quieres cuando en realidad, sólo guardas la esperanza de que Alicia cambie, y eso, no va a pasar, pero aún no te convences, cuando lo hagas, Adolfo, dejaré de interesarte, siempre es lo mismo, me gusta cómo me tocas, eso está bien, yo también necesito que me toquen, pero Adolfo, todo lo demás que necesito, no me lo vas a dar, mira, ni siquiera te he pedido que lo entiendas, sólo que estés ahí, como yo, que tampoco me entiendo, cansada, así estoy, cansada de que el mundo me mire por encima del hombro, soy como soy, Adolfo, y no me gusta, porque es duro estar sola, aunque lo prefiero, mil veces, un millón, a estar con alguien que me quiera por mis tetas, como tú, no te molestes, pero es la verdad, si no tuviera tetas, ni siquiera te habrías preocupado de haberme conocido, te he dado, muchas oportunidades Adolfo, pensé que, tus bonitas manos serían capaces de abrazarme por ejemplo, ahora, cuando más lo necesito, y sin embargo, lo único que haces es aferrarte a ese teléfono pidiendo una limosna que no te voy a dar, no funcionaría, tal vez un tiempo, pero a la larga, mi corazón indomable te abrasaría, ni siquiera lo siento, también estoy cansada de sentirlo, soy lo que soy, y así me vivo, piénsalo Adolfo, no te hagas más daño, estoy segura, de que hay alguien ahí fuera esperando que tus manos la descubran, alguien, normal, a quien no tengas que suplicarle un beso, todo el mundo se equivoca Adolfo, no pasa nada, la vida siempre continúa, y ahora, voy a dejarte, colgaré y tú te quedarás ahí, al otro lado, como todos, tal vez llorando, no me importa, llorar no es tan horrible si sirve de algo, la próxima vez que creas que, te mereces a alguien especial, piénsatelo dos veces Adolfo, es un consejo, y es gratis, y no digas nada, en el fondo no tienes nada que decir, ¿no es cierto?

- …

-Hasta siempre Adolfo.

3 de abril de 2010

Off

Miro un vídeo de gays
se la meten por el culo y
se comen la polla
unos a otros
y todo
es bastante divertido y pienso
que algo así no va a acabar con el mundo.

Ayer pasé por donde esos críos bailan
Breakdance
en la esquina del Banco de España
mucha gente
se para a ver cómo dan vueltas del revés
dicen
que se drogan, que son raros
pero nadie se va hasta que termina la música
no creo que
algo así vaya a acabar con el mundo.

Supongo que Marilyn Manson
tiene una de esas zapatillas
de andar por casa
un albornoz color tierra y un gato, supongo
que alguna vez ha visto
una telenovela
o se ha comido un helado de vainilla
tal vez
tenga en el lavabo
un cepillo de dientes del pato Donald
dudo
si lo que hace sobre el escenario
podría acabar con el mundo.

Y esos
mormones que llaman a mi puerta
con sus limpios zapatos y su fe
bajo el brazo

claro
por supuesto
pero oiga
no me interesa
y digo gracias y cierro la puerta y me asomo a la ventana
y no creo que ninguno de esos dioses
tenga la intención de acabar con el mundo.

Mi vecina es lesbiana
discuten a veces y a veces
escucho a través de las paredes
el rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr
de sus juguetes
pero no creo que eso
tampoco acabe con el mundo.

Observo la vida sin mover un dedo
y sé que hay
otros como yo
y eso
sí que me da
mucho miedo.

1 de abril de 2010

No tía, eso son pitufos

¿Qué coño esperas?
No existen los príncipes azules.
Estás sola.
Sola de cagarte de lo sola que estás.

Cierra la tapa del puto portátil.
Ponte tacones.
Píntate los labios.
Sal de ti.

O cállate ya.