31 de mayo de 2010

unknown dimension


O me ring ring o me Hey you
y digo no y tú dices sí :o..., sí:o...
y digo o qué, y dices: na.
Pero.

Y pero es tan solemne
tan triste
tan sin ti...

Quedamos en el centro de la tierra.
Donde no hay luz.
Holaquetalyobienytú.
Tú más.
Tú me insert coin y yo hago ¡going!
¡going-going!

Y te llamo disturbia y te lo advierto,
que soy un precipicio,
“A mi, plin”
-objetas-,
y me preguntas si traigo el paracaídas,
“porque esto
va a ser la hostia”

Saltamos a las vías
de una pensión desvencijada
sin jabón ni ventanas ni esperanzas:
“No saldrás de aquí”, y luego dices
“Cuak cuack”, y soy crucificado,
sobre un colchón de gomaespuma.

Veo en el techo osos polares.
Veo a Karina, la cantante:
“No somos ni romeo ni Julieta...”,¿no?
¿y esto?,
fuck
fuck
fuck
veo The end, adios, Good bye,
“me estás
dejando
seco”
-Crack- “ya lo sé
-malverbalizas-,
a mí, también me duele”

Y de dolerte, los ojos, como pez,
en blanco, y de dolerte,
la boca, como Ñu,
violeta,
y de dolerte,
el techo es una fiesta,
la cama un tiovivo, una noria, un poltergeist,
y yo, una feria.

“¿Un cigarrito?”
No, un ataúd.
“Mi tuareg...”
Y tú mi averno.

A mitad de camino entre la noche
y un día nuevo,
tú te haces pájaro
y yo, me quedo.

30 de mayo de 2010

Escribe cuando llegues a Ataraxia


Y otras, tocaba a una velocidad tan extraordinaria que a los cinco minutos las yemas de los dedos le sangraban y unas finísimas volutas de humo se desprendían del mástil como la bruma de un río y se perdían volando igual que pompas de jabón por las calles de Moravia. Era increíble y daba miedo, y ni a las patrullas nazis se les hubiera ocurrido molestar al ciego o hurgarle en los bolsillos buscando un documento comprometedor, uno de esos pasquines mal impresos y con prisas en aquella lengua arácnida e impronunciable pare ellos y que solían circular de mano en mano entre las sombras, una razón-cualquiera-, para esparcir sus sesos de insurrecto por la acera, las paredes, los carteles de teatro anunciando vedettes parisinas vestidas con encajes y mostrando mucho más que las rodillas, por temor a que de pronto, aquel montón de huesos con sombrero y la barbilla apoyada siempre en la madera de un artefacto de sonido sublime y prodigioso del que salían notas que nadie había escuchado jamás, aquel del que decían que de no se sabe dónde había llovido del cielo como el confeti sobre un callejón de Josefov, se girara y de un sólo tajo les cortara la cabeza con el arco del violín, que seguramente, es lo que hubiera hecho el mismísimo diablo, porque Jódoroh Talóv, sin ninguna duda, no podía ser otra cosa si no el mismísimo diablo caminando entre los charcos del infierno en el que se había convertido la ciudad, así, que por si acaso, no era extraño escuchar a su paso un tintineo de monedas rodando por el suelo hasta sus pies, y ya, a lo lejos, la voz aria de un sargento maldiciendo el embrujo de la música aquella que calaba como el frío el cuello del abrigo y se metía por el tuétano hasta el alma hasta que el alma, rompía a llorar y uno se acordaba del pelo de su madre y de los besos, de Frieda en el granero, de los días de clase, de las sábanas bordadas con flores que olían al verano y al espliego y a las manos de la abuela Ilse, hasta que el alma, al tiempo que uno saludaba ¡Heil Hitler! a otra patrulla en dirección contraria o algún vehículo oficial hacia el casino o el burdel de Mamá Claire Calais, hacía crack, y entonces, rezabas para no encontrar en tu camino al hombre del sombrero, nunca más.

Shine


Vomito en tu boca
y creo, que es hermoso
que todo es hermoso, podríamos
adoptar uno de esos niños nepalíes,
cortarlo en trocitos, hervirlo
y comerlo con uno de esos tenedores
de plástico barato,
mientras toda esa gente pega las nariz a los cristales
y habla de nosotros, y escupen, felices
de estar en posesión de la verdad ¿recuerdas
amor, qué era la verdad?

28 de mayo de 2010

Gospel for Alicia


Hoy me he despertado con la boca llena de pelos, de pelos no, es que me estaba comiendo los flecos de la colcha porque estaba soñando con Alicia, que estaba tumbada a mi lado -en el sueño digo, porque Alicia a mí, ni la hora-, con la boca esa que tenía de gominola, de esas que metes la mano en un bote de plástico y sacas siete y te parece poco, de esas con formas de fresa, corazones, ositos, sí, una boca dulce dulce como el borde de un cóctel San Francisco, blandita, rosa, y lo mejor, con una pequeña cicatriz en el labio de arriba, ahí, ahí, ahí es donde me comí la colcha.
Y abro los ojos y digo, y una mierda me voy a despertar, me como yo hasta la funda de la almohada si hace falta, qué bonita que está, así, mirándome sin mandarme a tomar por culo, sonriendo, cuanto más cierro los ojos más sonríe, si los abro, veo la pared, ni se te ocurra abrirlos, Jimbo Jambo, me digo, pero es que me meo, hace un rato, pero aguanto, aguanto porque cuando me levante ella se irá.

Joder, me mandó una foto desde Alaska, donde se la veía llorando, con la cara roja, hinchada, una foto que daba asco de verla, más asco que lástima, un poco ladeada, de esas que se hace uno con el móvil, donde la nariz sale más gorda de lo normal y sales con un brazo sólo. Y debajo de la foto un mensaje, corto; pero cabrón: “Esto es por tu culpa”.

Y esto por la tuya, me dije, y me tiré de un tercero.

Pero caí sobre el coche del vecino y sólo me partí el tobillo. Ya nadie aparca ahí.

Se ha casado. Con un dentista. Y se ha cortado el pelo. Me dijo que nunca se cortaría el pelo. Tiene fotos colgadas en uno de esos blogs de tías felices, con un montón de niños y un jardín con barbacoa.
¿Yo? Tengo un cuadro clínico de mierda y mis cd4 brillan por su ausencia, pero aún voy dos días a la semana al centro de desintoxicación para enseñarles a esos chicos cómo es pesar veintisiete kilos con treinta y dos años, abren la boca y dicen ohhh, y luego les hablo del montón de Alicias que hay ahí fuera, si se portan bien, y de lo lejos que está Alaska, y de lo guapos que son, los niños de los dentistas.

27 de mayo de 2010

Perfectamente


Me tratas, como a un imbécil
tú, tan perfecta y delgada
pasas, delante mía
esperando que te adore,
que te siga con los ojos,
segura de ti misma
y todo tu equipaje de mano,
me pregunto cuánto pesa
todo ese maquillaje, toda esa farsa.
Sí, eres una diosa, no cabe duda;
pero yo, no creo en ti.

Me gustan las gordas, las feas
las que ya no se preocupan
de caerle bien a nadie,
me encantan las narices imperfectas,
las tetas enormes, las cicatrices,
el ser humano huele, está vivo
en cambio tú
para estar viva necesitas esconderte
bajo una espesa capa de mentiras,
rodearte de lacayos y sirvientes
que te abran la puerta del coche.

Sinceramente, me das lástima,
y espero, que ojalá te quedes ciega
para cuando te arrugues,
cuando nadie te quiera,
no te desnuques con la puta realidad.

No, claro, tu no tienes la culpa de ser guapa.
Yo tampoco de que el dulce me empalague,
si fueras más, humana, si sudaras
si me dieras algo amargo; pero no,
pasas
y miras de reojo si me postro,
si antes de que cruces el semáforo,
ya soy tu esclavo.

Comercio justo


¡Aquí, aquí, pásamela pásamela!

Pero nadie te la pasa. La pelota va de aquí para allá como si tú no existieras, tú sólo estas ahí porque faltaba uno, tú eres el niño que se come los bocadillos de chocolate que su madre le da por la ventana, el que nunca le levanta las faldas a las niñas, el que aprueba los exámenes, no te la pasan porque no dices tacos ni te das puñetazos con el equipo contrario, y porque la única vez que tuviste la pelota, la cagaste, por gordo, y porque te faltaba el aire a medio campo, y eso, no vale, lo que vale es marcar goles, como sea, y como sea, vas creciendo y nadie te la pasa, a la chica, le gustan los piratas, y tu mejor amigo, es una tortuga que tenías cuando chico, a la que le cuentas cuánto te gustaría ser como los demás, bruto y desalmado, para saber que se siente cuando tienes la pelota entre tus pies y cuando chutas y el balón como una bala traspasa las líneas enemigas, pero tú, qué sabes de enemigos, sabes de hacer aviones de papel que lanzas al espacio sideral, a los confines, de esos planetas que salen en los libros, sabes de pompas de jabón, de cómo hacer un hormiguero en una lata de tomate, pero no sabes encender ni un cigarrillo, ni colarte en el cine, ni cómo es una teta, y como sea, creces como crecen las plantas en las grietas, como pueden, sólo y sin agua, y bajo un sol abrasador te sobrevives, un día, y otro, y acabas siendo secretario de la mierda en un trabajo donde nadie te conoce, el gordo, ese, el que no habla, y no hablas, aunque tengas muchas cosas que decir y tantos goles en las piernas por marcar y tanto afán, por saber de unas manos que te bajen la bragueta, qué se siente con dos platos en la mesa, ¡aquí, pásamela, pásamela!, sí, te derrumbas, y tus ciento muchos pero muchos muchos kilos hacen plof sobre una cama enorme y Daliniana, y boca arriba, mientras fuera el mundo gira, te sacas la polla y te corres sobre el mundo, y esparces tu bondad, por todos los rincones de la tierra.

25 de mayo de 2010

Ya me jodo yo solo


¿En serio?
Pasa, esto es lo que tengo en la cabeza:

Te presento a Sophie, a Marga, a Claudia, a Nicolette, y así hasta un sinfín de fantasmas, fantasmas de mujeres a las que he tratado como una puta mierda,¿nunca te han tratado como a una puta mierda? ¿No te han dejado con un sms?; ¿te han dicho que no valías para nada?¿Nunca te han puesto los putos cuernos?

Y esos compañeros de trabajo, los gordos, los bajitos, los feos, los pusilánimes, a los que les he hecho tantas putadas como a un saco de mierda, por el sólo hecho de que me salía de los cojones, ya sabes, el fuerte vive, el débil se jode.

¿Ayudar a alguien? Para qué, que se busque la vida, como yo, que soy el puto amo.

Y si decaes, si te sientes culpable, vas y te emborrachas, un día, y otro, como forma de vida, o te metes algo, lo que sea, que vuelva a poner las cosas en su sitio, que te haga sentir de puta madre, litros de alcohol, hasta que se te ponga cara de mono, de primate, hasta que te des autentico miedo, hasta que seas capaz de hinchar a hostias a tu propio padre, de mandar al carajo a tus hermanos, a tu madre, tú qué sabes, vieja, de mi vida.

¿Tener fe? ¿En qué? Demasiado esfuerzo, habría que trillar toneladas de seres humanos para tener fe en alguno.

Este es Alonso, un tío al que le partí las dos piernas porque estaba más borracho que él y porque no me gustaba su cara, y así funciona, ser fuerte, mola.

En realidad son todos unos hijos de puta estos fantasmas, se han hecho fuertes, una coalición de hijos de puta que te machacan el cerebro. Crees, que nada va a cambiar, que eres lo más in, engañando al personal, escribiendo cositas en la internete sin que nadie te vea, cosas guapas y bonitas sobre cuánto te preocupa el mundo en el que habitas, poniéndote tu puta careta de buena persona, quedándote ciego, pero no funciona, por eso mi cabeza es una porquería.

Un día te levantan de la cama en mitad de la noche,los fantasmas de tu puta vida, no te dan una paliza, sólo se quedan mirándote, se ponen ahí delante de ti y te miran, una noche tras otra, hasta que te vuelves loco y te ahogas en tu propia mierda, y entonces ya no te importa hacer el ridículo, salir en pelotas al escenario y decir quién eres de verdad y a cuanta gente has decepcionado a lo largo de tu vida, para mitigar el dolor que te jode como un clavo de acero como de 20 centímetros ahí, taca taca, y cuando haces eso, todo lo que te queda después son tus fantasmas, porque los demás, ya te han dado la espalda. Estás solo.

No te queda nadie a quien engañar.

Te miran y no dicen nada, y te acostumbras, e incluso, llegas a amarlos, y un día, desaparecen. Porque los fantasmas también tienen otras cosas que hacer.
Los echas de menos. Miras a tu alrededor dentro de tu cabeza y sabes que ya no le importas a nadie.

Creo que ese es el momento en el que decides hacer algo.

Lo primero es mandar a tomar por culo al resto del mundo civilizado. No quieres más mentiras, y te importa un carajo lo que piensen de ti, en realidad, si echas de menos algo, es a tus fantasmas.

Un día se te abre un ojo, y ves que eres capaz de ayudar a alguien, que todas esas cosas bonitas sobre las que escribes, son reales, y que eso, es estar vivo, otro, abres el otro ojo, y te das cuenta de cuanto tiempo has perdido. Y de que la vida, era otra cosa.

Me alegraría saber que estáis muy jodidos, que soñáis por la noche que un pobre os come el cerebro, literalmente, con los dientes, me gustaría saber que ya no estáis tan ocupados poniéndoos tetas de silicona porque creéis que vais a ser más chip y mejores, que intentáis cerrar los ojos y no podéis porque os encontráis mal con vosotros mismos, o porque no os encontráis, me gustaría tocaros los cojones hasta que me odiarais, hasta que hicierais algo por alguien, que no fuera vosotros mismos.

La he cagado tanto, que ya, me da igual. Me da igual no ir a la moda, me da igual que me llamen hijo puta, cerdo, loco, me da igual ser yo las 24 horas del día, aunque sea un gilipollas, un don nadie, un, tonto.

La verdad es que hasta que no he sido un tonto, no he sido feliz. Porque soy feliz,¿te importa? ¿O te dan ganas de joderlo? No puedes, ya te he perdonado antes de que muevas un dedo. Qué tonto que soy.

Pero no vuelvas, si no has cambiado al menos un milímetro. Mejor, pones la tele, hasta que te salga la basura por las orejas.

24 de mayo de 2010

Partime la boca si te miento


Le abrazo y no espero nada a cambio. Es autista.
Su piel está tibia aunque sus ojos no me miren, nunca me miran, nunca miran nada en realidad, al menos nada que los demás podamos ver.
Pero yo sé que está aquí, conmigo, de algún modo.
Si le doy mi mano, la coge. Si le doy una pelota, la coge. Si le doy un vaso, una moneda, un lápiz, lo que sea, lo coge. Te acostumbras a no esperar nada a cambio.
Y cuanto antes lo haces, antes ocurre. Eres feliz. Así de sencillo.

Le abrazo porque le necesito. No es él quien está solo. Él no necesita respuestas. Necesita que le pongan cosas en las manos, que le cambien las sábanas, le laven la ropa, le ayuden a meterse la cuchara en la boca, y sobre todo, que le abracen, porque cuando le abrazan, aunque no lo entienda, sabe que forma parte de este mundo, lo sé porque hace caracoles con sus dedos en mi pelo, sin que nadie se lo ponga entre las manos.

23 de mayo de 2010

Si no fuera por mí...


-Tengo ganas.

-¡Puf!

-Pues tengo.

-¿Pero qué haces …?

-Me toco.

-Joder tía, que estoy viendo la película. ¿Te hago unas palomitas o qué?

-O qué. Voy como una moto, es que te estoy viendo así, de perfil, ¿sabes?, tan tierno, y me he puesto.

-Pues yo como que no, estoy hecho polvo, me duele la espalda y eso y …

-Dame...

-Que no coño. Me voy a ver la tele a la cocina. Que te den.

-No te vas a ir a ningún sitio. Te voy a despelotar y te voy a comer hasta que se te ponga tan dura que te duela. Se acabó la tele.

-Me cagon to. ¿Pero a ti no te gustaban tanto las de miedo?

-Miedo el que vas a pasar tú ahora. Click y clack. Toma ya. ¿Y ahora qué?

-Me cagon to y en tu padre, ¿pero que has hecho? ¿Y la llave? Dame la llave coño.

-Y una mierda. Mira lo que hago con la llave. Siusssssssssss.

-No tienes derecho. No, no lo tienes, esto es, es, un atentado contra mi espacio vital, eso es, es, una puta mierda que te cagas. ¿Y qué, ahora cómo nos quitamos esto? Yo no pienso bajar así a la calle a por la puta llave.

-Ni falta que hace. Tengo otra. ¿La quieres? Porque si la quieres te la doy. No problemo. ¿La quieres o no?

-¿Te estás quedando conmigo? Los cojones me la vas a dar. ¿Y eso? ¿Eso qué es? No no no, eso ya sí que no, joder, es enorme coño coño coño. Es como un puto pepino mutante. Está loca tía.

-Mi nuevo juguete. ¿A que mola? Para antes de, o para después, no sé ¿Te gusta el color? Ven, verás qué bien, mira, ves, me lo meto en la boca, ummmm, qué rico, ya está, toma, vamos a estrenarlo. Joder cómo se te ha puesto, uhhhhhh, yupi, ¿ves?, cuando quieres te enrollas.

-¿Y a esto qué, que no le vas a quitar ni el precio?

-¡Slurp slurp slurp!

-Jooooooooooooderrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr...

-Ves como sí que querías, si te conozco. Si no fuera por mí...

La belleza del Caos


“Os vamos a sacar de ahí tíos...”.
Eso es lo último que ha dicho la radio. Luego ha hecho Krrrrchhhhhhhhh, y ya no ha dicho nada más.
Risco huele mal. Dos días y ya parece un trozo de carne ahumada.
Le he tapado a Risco la cara con arena, por las ratas.

Si voy a morir en este agujero, Ana nunca sabrá que lo hice pensando en ella. Joder, Ana y sus promesas.

-¡Eh, mamones! ¡¿Alguno habla mi idioma?!

Con suerte, si me quedo dormido, ni me enteraré cuando me claven la bayoneta. Le acabo de volar a un tío los sesos. Y aún tengo munición para muchos más. Robert ya no va a necesitarla, Willys, Casper, joder, si no me matan pronto voy a pillar la puta peste en este puto agujero.

-¡Yo hablo!¡¿Qué quieres?!

Espero que sea un tipo simpático.

-¡Tengo una mujer. Se llama Ana. Amigo, te juro que es un grano en el culo cuando quiere!... ¡No quiero ir al infierno con un grano en el culo, ¿me entiendes?! …!¿Estás casado?!

-¡Tengo novia!¡Se llama Hildelgard!

-¡Si sales de aquí, amigo, nunca le prometas nada! ¡¿Podrías hacerme un favor?!

-¡Si sales de ahí, con las manos en alto, podrás verla de nuevo, americano!

-¡Escucha capullo, dile a tu sargento que deje de soplarte al oído. Tiradme una puta granada y podréis iros a casa. Oh, se me olvidaba, no os quedan granadas. No me extraña, tengo este agujero lleno de colegas con las tripas por fuera!...¡¿Vas a hacerme ese favor o no?!

-¡¿Qué quieres?!

-¡Voy a tirarte mi cartera. Dentro está la dirección de mi casa. Quiero que le escribas una carta a mi esposa! ¡¿Lo harás?! ¡Si lo haces podré dormir, tengo un sueño de cojones, lo cierto es que me duelen las pelotas del sueño que tengo!

Venga sargento, dile al chaval que le tire la cartera, maldito hijo de puta, como me gustaría que asomaras la cabeza.

-¡Tírala!

-!Eso está bien!¡Supongo que sabes escribir! ¡¿Sabes?! ¡Es broma, te la voy a tirar! ¡¿La tienes?!

-¡Es guapa. ¿Cómo has dicho que se llama?!

-¡Se llama maldita sea, ni te imaginas cómo se va a poner cuando se entere de que no vuelvo a casa!

-¡¿Qué quieres que le escriba?!

-¡Dile que, me hubiera gustado conocer al bebé. Que la quiero. Que la echaré de menos, joder, todo eso chaval, imagina que es Hildelgard, dile algo bonito coño, tengo la boca seca como el cañon del colorado, no estoy, muy inspirado!

-¡Hildelgard es bruta como una vaca, si no vuelvo a casa se llevaría semanas pisando mi foto!

-¡Dile que, que fue la última cosa en la que pensé. ¿Ok chico?!

-¡Ok americano!

-¡Eh soldado, gracias!

-¡Ahora ya puedes dormir lo que quieras!

-¡Prefiero esperar a que alguno de ustedes asome la cabeza! ¡¿Te importa?!

21 de mayo de 2010

En sus zapatos


“¿ Y tú y yo qué somos?”, me preguntaba, a veces, y yo a veces le contestaba, y otras la besaba en la puta boca.
“Novios, no somos. No tienes cara de novio. No estamos casados. Tampoco somos amigos, los amigos no...ya sabes, eso que hacemos por los rincones de la casa”.

Pues tú eres tú, y yo, soy yo, le decía mientras encendía un cigarro para que me dejara tranquilo, porque tenía la fea costumbre de no dejar que me acercara si antes no me comía un caramelo de menta después de un cigarro.

Nunca la convencía, nos sentábamos en un banco y mientras la escuchaba pensar, me preparaba para otra de aquellas preguntas raras de mujer, porque si era algo, era muy mujer.

“¿Me quieres?”, decía al rato mirando no sé dónde coño, porque yo miraba, y allí no había nada. En realidad me daban ganas de mandarla a tomar por culo, pero no tenía huevos, porque a pesar de que era, muy mujer, los huevos que tenía ella, eran como de borrico, y la verdad, enfadada, daba mucho miedo.
“Piensa tío”, me decía yo a mí mismo, “Un sí, es poco”.

Al final no decía nada, sacaba un caramelo de menta, me lo metía en la boca y lo chupaba, y entonces, le cogía la carita entre las manos y la miraba fijamente a los ojos, muy de cerca, y se lo decía: “Más que a mi vida”. Y entonces se encendía y los ojos le brillaban como estrellas y esa era, toda la luz que me hacía falta hasta que amaneciera.
“¿Pero me quieres o no?”. La verdad es que era, complicado quererla tanto.

Siempre quería más. Quería sentirse la mujer más hermosa del mundo para mí, la más bonita, de hecho, la única, y desde luego, caminaba como tal, y aunque sólo medía uno sesenta, cualquiera hubiera dicho que era enorme, tan ancha, como una avenida.

No he conocido otra igual. Ni tan ancha. Ni tan mujer. Por muy altas que fueran, guapísimas o rubias de la muerte, ninguna se encendía como ella, ninguna era una luz en mis tinieblas, ni una avenida, y menos, les importaba demasiado qué, o si éramos algo.

Ahora sé qué hay donde miraba. Nunca hubiera pensado que el amor, flotaba.

20 de mayo de 2010

¿De qué me estás hablando?


¿Debo sacrificar mi hermandad con alguien que lleva mi misma sangre, porque su actitud hacia otro con otro color de piel es lamentable y bochornosa? ¿Dejar de abrazarle? ¿De celebrar la vida?
¿Debo entender su postura, en este mundo cada vez más redondo y pequeño donde todo se alea y se mezcla como era en un principio?
¿Debo dar la espalda a un hermano para defender a otro aunque no lleve mi sangre debajo de su piel de aceituna o azul?

Pero antes, me sentaré a la mesa con mi hermano y le hablaré de sus hijos y de los hijos de esos a los que no considera sus iguales, le hablaré de las culturas milenarias y hermosas derramadas por el mundo, de cómo y cuánto se ama en la miseria, de por qué la gente se pregunta precisamente por qué existen las guerras, de qué pronto y en silencio llegan los males a llamar a las puertas, a cualquier puerta, y lo desolador de sentirse sólo, visiblemente olvidado.

Le hablaré y partiré el pan y le miraré a los ojos buscando un atisbo de duda, porque con que sólo vea una minúscula duda en sus ojos, mi hermano aún será mi hermano y no el hermano de los diablos poderosos que rigen la vida en el planeta, la vida de otros de la misma especie y de especies diferentes, de osos y caballos y alces y leones, le hablaré de nuevo de qué clase de legado dejará a sus propios hijos, si cuando estos crezcan, ya no quedará nada sino más hijos de diablo que se devoren entre ellos como caníbales.

Porque en eso consiste la vida, entre otras cosas fáciles, en no dar la espalda a quién te necesita, en ofrecer la oportunidad del diálogo, yo, también puedo cazar un antílope por placer, también puedo no ser feliz con mi enorme nariz ni mis tetas pequeñas y enfadarme con mi vecino hasta el fin de los tiempos, desear el mal como un arma y empuñarla en mi propio beneficio, puedo llenarme de una insana locura y creerme el rey del universo, pero ese, no es el camino, si no el que han dejado otros, antes que yo. Lo sé, porque lo he visto.

Y si mi hermano no claudica, si no pone ni un sólo grano de arena, aún seguirá siendo mi hermano, y aunque mi propio hermano sea su propio rey del mundo, aún seguiré buscándole en los ojos la sombra de la duda igual que busco en los míos cada día si lo estoy haciendo todo lo bien que puedo o debería, si me acuerdo de que estoy aquí de paso, no para siempre, de que sólo soy un hombre, y que de mis acciones, dependerá el futuro de aquellos, a los que tanto amo.

18 de mayo de 2010

De paso


-Oye guapa, ponte otra ronda. Y unos cacahuetes o algo, joder … y como te iba diciendo Paco, va éste y le dice a la tía que si quiere rollo, total, que tenía una amiga, más fea que su puta madre, ¿y qué?, si son las que follan … Una copita coño, que te la he pedido tres veces, a ver si espabilamos … estas tías de por ahí es que no se enteran, pa lo que cobran … pues tiene un culo que pa qué ¿no?, y nos montamos en el Audi, ya te digo, el Toño iba hasta las trancas el cabrón, mu loco, y a la fea se le iban los ojos detrás de la raya que me estaba haciendo en el salpicadero y ...¡Niña, ¿me vas a poner algo o qué, coño ya?!

No odio al ser humano.

Le doy vueltas al café con una pequeña cucharita graciosa y musical kiling kiling kiling.
Es muy temprano para meter mi romántico puño en su puta boca. Tengo sueño. No duermo bien. Seguro que lo entiendes.

-¿Y te acuerdas del maricón de la Proteus? Pues que no nos dejaba pasar, y le digo, maricón, te voy a dar de hostias, que nos dejes pasar coño, que vengo a ver al Fide, y el tío que no, que teníamos que quitar el Audi de la acera, que te meto, le digo, julandrón, dile al Fide que salga, y sale el Fide tío, a eso, que qué pasa, pasa que la maricona esta no nos deja entrar cabrón, pero tú de que vas, y él erre que erre, que si no sabemos que es un local gay y tal, ya ya, se nota, le digo...Oye bonita, me pones otra, pero ya, no te pierdas..., es que estas son tortilleras Fide, yo qué sé, pero follan, y se meten de todo y digo, pues el Fide lo mismo …

Me gusta Pessoa, el poeta portugués; que me besen en la boca, no muy fuerte, pero tampoco suave; me gusta estar descalzo, el silencio y la risa de los niños cuando salen del colegio y son un arcoiris.
La chica es colombiana, pequeña y preciosa y con los ojos del que está mirando por la ventanilla de un tren hacia la cumbre del Cerro Machín, más allá del océano.
La he visto sonreír, y es cierto que es un tobogán.

¿Te gusta mi café?, me preguntó una vez. No sabes cuánto, pensé.

-...pues que le den por el culo, le digo al Toño, porque la fea se puso paranoica tío, con lo de que por detrás no, y va y me vomita en la tapicería y le digo, ¿pero tú sabes lo que vale esto? A la mierda la mandamos, yo qué sé, por ahí por Elcano la dejamos … ¿la rubia? En Elcano también, éste pilló un mosqueo de puta madre y si no lo engancho le mete una patada en el coño y …

Tiene hijos. Se llama Paula. Va a misa. Le encanta Amaral.

-...y joder, me manda un mensaje el gerente que dónde me meto, donde me sale de los huevos, que para eso te pago mamón, no te jode, Paco es que no te enteras, a estos hay que tenerles la correa corta, ya te digo ...¿Y tú qué coño miras?

A veces me quedo mucho rato debajo de la ducha. A salvo.

-¿Que qué coño miras mamón? ¿Nos conocemos?

En algún momento tengo que cerrar el grifo y salir del agua, pasar por delante del espejo, sentir el frío bajo mis pies.

-¿qué pasa, eres mudo, o eres gilipollas?

Soy gilipollas.

También me gusta ver caer las hojas de los árboles. Ver como el viento mueve las cortinas. Las pelis de Meg Ryan.

Cuando le saco a Angustias de las tripas toda la mierda que tiene dentro se derrama por el suelo formando bonitas figuras geométricas. Lo siento por Paula. Más trabajo sin cobrar.
Salgo a la calle y abro el paraguas.
Me gustaba esta ciudad.

16 de mayo de 2010

Dilururi


Me acerco por detrás como una sombra y la empujo con la polla hacia el lavabo y abro el grifo y la tomo de las manos con mis manos y las froto con jabón mientras le quito de una oreja y luego de la otra con los dientes los pendientes y los escupo al puto suelo. “Hijo de puta”, me dice en voz baja con los ojos cerrados.

La cojo del pelo y la obligo a girar la cabeza hacia la izquierda dejando al descubierto su cuello blanco e interminable, y la muerdo, con ganas, sin mentiras, hasta que es un erizo y cada poro se le abre y esputa que está viva. Le estrujo los pezones con los dedos y de la aorta, con la lengua, abro un camino hacia la clavícula, el omóplato, los hombros, y la axila: mi dulce favorito.

Y de pronto se gira y me besa y me derrota y me clava las uñas en el culo y veo sus ojos y sé por qué la amo, por qué mataría por ella una y otra vez, por qué y en qué caos sería capaz de convertirme si un viento hijo de puta quisiera arrebatármela, y de pronto me llena la cara de sus manos y me muerde en la nariz hasta que lloro y me trama un tatuaje con los dedos mojados en saliva, sobre el pecho, que dice “fóllame”, y se aferra a mi cosa tan fuerte que puedo notar como las venas no son venas sino ramas y troncos y raíces y la tumbo, sobre la alfombra de flores de la ducha. Su coño huele a fruta y sabe a té, y toda ella a hierba, recién cortada, hierba, la abro de piernas y la escarbo como un perro.

La veo cabalgarme mientras se hace con el pelo una cola y aguanta entre los dientes las ganas de gritar para el final y pienso, a la mierda los griegos y sus dioses, tú eres mucho más que perfecta, pienso, eres real y te amo tanto, y entonces sonríe y alza hacia el techo los brazos y ocurre que es el momento de gritar y grita y cada uno de los azulejos de la pared se cristaliza y se quiebra atravesado por el rayo de su voz y estalla en mil pedazos, mientras fuera en la calle una ambulancia se salta los semáforos, grita amor mío, grita que el mundo sepa cuánto y con qué poco se puede ser feliz, y el gato, corre a esconderse debajo de la mesa mientras ella me susurra al oído: “Quiero que te corras en mi boca”.

Lo baldío que sos sin más palabras que la espada


Decidle a vuestro ejército, mi príncipe
que de la media vuelta, id, con Dios;
pues ya no soy cautiva, ni estoy presa
y es por mi voluntad, que aquí prosigo,
sabed,
que Draco y su terrible dentadura harán
trizas con vos,
a una palabra mía.

¿Veis seda, mi señor, veis, caras vestiduras?
¿No pretendéis acaso mostrarme entre la corte
como a una flor extraña perfumada de la China?

Aquí, mi dulce efebo, lo soy todo,
hija de nadie, ni esposa, ni criada:
sé pescar con las manos salmones y tortugas,
vaciar de tripas un venado, un jabalí,
trepar por las paredes,
correr tras una garza y alcanzarla,
morderla en la garganta,
hacer fuego …

Draco me cubre de hiedra por las noches
ahuyenta con su aliento los demonios,
me toma sin permiso cuando quiere
y cuando quiero, le dejo que me tome,
¿qué haría yo con vuestros rizos
de trigo entre las manos?
¿Tenéis, un falo prodigioso bajo el sayo?
¿Una tea?
Sabed que grito y me desgarro y que blasfemo
no de un sólo Dios si no de todos, una hereje,
decid, que he muerto entonces si aún me amáis,
que el tiempo ha calcinado mi cadáver, que soy polvo,
y tomad por esposa una doncella
que no haya visto con sus ojos un Dragón.

Atomic Blue Band


Me gustan los bichos. Ver como una mariquita abre las alas en la punta de mi dedo y emprende el vuelo, adiós, ten cuidado con los mirlos y vencejos.
He pasado el aspirador en la terraza con cuidado de no deshacer la fila de hormigas, de no tragarme ninguna de esas bolitas, que en realidad son bichos con muchas patitas. Sé que hay una lagartija mirándome, desde algún sitio. Y han vuelto esos enormes insectos con alas que se meten por donde sale el agua de las macetas, por el agujero de abajo, y ahí hacen un nido.

Me he sentado a mirar el montoncito de tierra que han expulsado justo debajo del tiesto del rosal. Se meten ahí, por el agujerito, y excavan, y crían sus larvas. Entran, salen, y el rosal se muere.
No es tierra, lo que hay debajo del tiesto del rosal. Son cenizas. Las cenizas de mi padre.
Paso el aspirador y absorbo la pequeña montañita de cenizas.

Vuelvo a sentarme al Sol, recostado en la pared. Cierro los ojos y me pongo a pensar en qué sitio viven los que amamos, pero ya no están. Sé dónde. El humo del cigarro se va volando hasta que desaparece. Ten cuidado con los mirlos y vencejos. Cuando yo muera también morirán un poco más los que aún viven dentro de mí, al tiempo que yo empezaré a vivir en otros. Debe ser triste y horrible que nadie te haya amado, y mueras de una vez, sin dejar rastro, debajo de las ruedas de un camión.

Pienso en Monique.
Con los ojos cerrados pienso en Monique y me pregunto si es feliz. Si estará embarazada, si la estarán besando, si existe alguien en el mundo que se coma sus tetas como yo.
Seguro que sí.

Te hubiera bastado Monique con mirar mis manos.
Cuando me muera no estarás a mi lado. Me da mucho miedo. Creo que es la cosa que más miedo me da de todas las cosas que me dan miedo.
Vivir sin ti ha sido duro todos estos años. Pero Monique, morirme, va a ser muy jodido, y además, dijiste que cuando eso pasara, meterías mis huesos en una caja de zapatos y los pondrías debajo de la cama. Puedo hacer que alguien te los mande a Boston. Si es que aún vives en Boston.
Qué tontería.

Quiero cambiar el mundo Monique, y tú no estás.

14 de mayo de 2010

Arcana y el viento


Para descifrar una factura Vodafone
ya tengo a Indiana Jones,
a Hércules Poirot para indagar
dónde está el otro calcetín,
¿Italia?: en los cajones
-si lo dice mi madre ...-
pero ¿y de ti?,
¿qué sé de ti si ni la N.A.S.A,
ni Nostradamus; la bruja Lola,
se atreven a augurarte?

Sé que si dices que sí sí es que no y viceversa
que si no dices nada nada es todo o cualquier cosa
que no te gusta el fútbol, pero los goles
los marcas tú,
cuando sales de la ducha con tacones.
Sé que a las cuatro de la tarde eres morena
y a las siete y media rubia y me falta medio kilo de cartera.
Sé por el ticket de la compra, que existe el chocolate,
los Lacasitos,
el queso Brie.

Eres y no, depende, mía dices,
qué bien, como una Bonoloto, un trébol,
oh, un trébol,
qué suerte tengo, dices, y luego, desapareces,
abracadabra, plof, y todo lo que queda entre mis manos,
es como el viento que mueve las cortinas.

13 de mayo de 2010

Atropina mon amour


Con la pata de una mosca y un bidón de mercromina
pinto que te quiero en el K7, cara norte, si lo ves
cuando aterrices,
llámame al sin-ti-las-cosas-sólo-son-lo-que-parecen,
o déjame un mensaje en el buzón
después de la señal de estoy sembrado,
un rosal en la tetera.

Boto una flota en la bañera cada día
de barquitos con letra Typewrite New Roman,
submarinos de latas de tomates,
y un buzo que antes era Geyper-man.
Si vuelven, me hablan de la Atlantida,
del Mar de los Sargazos, de Ukabuca,
si acaso, de un mechón de tu cabello
y luego callan, apretando los dientes como héroes.

Le he puesto mientras tanto tu nombre a la almohada.
No besa igual; pero tampoco me lleva la contraria.
La casa es un acordeón conmigo dentro.
Miro el reloj, colgado en la pared como un verdugo.
Le pregunto a la escoba que si baila.
Me asomo a la ventana, por si acaso.

12 de mayo de 2010

Species


-¿Me estás mirando las tetas?

-No.

-¿No? Pero coño, mírate tío, yo no he visto más poca vergüenza en mi vida, vamos, voy a llamar a seguridad y te vas a cagar, coño, pero deja de mirarme las tetas, ¿sabes qué te digo? Que te va a envolver el paquete éste un guardia, yo no desde luego, pero bueno …

-Es que...

-¿Que qué?

-Tengo esto. Siempre lo llevo encima. Por si me pasa. Mira. ¿Ves?

-Te estás quedando conmigo. Flipo.

-Está firmado. Y ese es el sello. Y mi foto. ¿Me envuelves el paquete? Tengo un poco de prisa.

-¡Martaaaaaaaa! ¡Ven!

Tap tap tap tap …¿Qué pasa? “Coño Beatriz, ese tío te está mirando las tetas que no veas, joder, pero mira, qué cara más rara. ¿Llamo a Felipe o qué?”.

-No no. Mira. Y firmado. Qué pasada.

-¡Coño! Uy, perdón, usted. Esto lo tiene que ver Pili. ¿La llamo?

-Está en la tercera. Y que se lo diga a Julia. Perdona Marta … ¿Te gusta así el lacito? Si quieres tengo de otros colores.

-No. Así está bien. ¿Falta mucho?

-No no, ya casi esta.

-Perdona por lo de las tetas, yo … es que …

-Qué va qué va, tranquilo, perdóname tú a mí, nada nada, si será por tetas.

-¡Ya estoy aquí! A verlo, déjame sitio Marta, que no veo.

-Es que yo estaba antes guapa. ¿Y Julia, no viene?

-Ya baja. Está al teléfono con Marga y Marga con la de recepción.

-¿Y quién va a recepcionar o lo que sea?

-¿ Y a mí que me cuentas? Joder, el tío es que ni pestañea oye, qué fijación.

-Yo creo que es un profesional, fíjate.

-Qué va; si le sale del alma, ¿no lo ves?

-Oye, y digo yo, Beatriz, que las demás también tenemos tetas, ¿sabes?, no es por nada.

-Ya, pero me está mirando a-mí. Así que tú misma. Es lo que hay.

-Pero qué zorra eres, Beatriz.

-Zorra tu madre guapa, y si no, no haberme cambiado el turno.

-Oye, perdona, es que me tengo que ir. Me devuelves el carnet si eso y me llevo el paquete así, que está muy chulo con el lacito y todo, no sabes cuánto te lo agradezco.

-Uy, mira, qué tonta que soy lo que acabo de hacer, que se me ha desliado todo, en qué estaré pesando, ahora voy a tener que empezar otra vez, no sabes cómo lo siento.

-Es que verás, que me tengo que ir … ¿y este señor?

-Felipe, de seguridad, pero no es por ti ni nada, es que pasaba por aquí, ni caso.

-Pasaba por aquí no, coño, es que nunca me contáis nada. ¿Me dejas verlo? Jooooooder. Y firmado.

-¿A que es una pasada? Eso le estaba diciendo a ésta, vamos, que si lo llego a saber le va a cambiar el turno su padre.

-Y el tío es que ni pestañea, qué habilidad. ¿Y habla?

-Poco. Pa mí que es un profesional.

-Qué pesada. Tú es que no te crees nunca nada hija.

-¿Me devuelves el carnet?

-Es que viene mi jefe para acá, un momentito ¿vale? No tarda nada. ¿Viene o no viene, Pili?

-A ver. ¿Qué pasa aquí? Hay una cola en recepción de cojones y …

-Hablando de Roma …

-Mire, mire don usted.

-Y firmado. Increíble. Coño, Felipe, ¿y cómo no se me avisa a mí de estas cosas?

-Oiga que yo …

-Nada, nada, excusas, como de costumbre. Qué dedicación, ni pestañea, un profesional como la copa de un pino, sí señor.

-Lo que yo decía. No, si es que soy tonta, pues no seré tan tonta.

-Oigan, los de atrás, a ver si hacemos sitio. Felipe, haga algo, que para eso cobra, aquí todo el mundo cobra. Y usted Beatriz, hija mía, muy bien, pero que muy bien.

-Oiga, ¿los servicios?, es que el niño se hace pis.

-Y yo qué sé señora, acabo de llegar y como no hay nadie en ningún mostrador, pues digo, a ver qué pasa ahí.

-Pues aquí no se puede fumar. ¿No ha visto el cartelito? No es que me importe, mi marido fuma; pero en las tiendas es que no se puede. ¿Y está firmado dicen? Como desde aquí no se ve.

-Y con su foto.

-¿Y es guapo?

-No sé, tampoco le veo, pero antes me ha dicho un operario que ni pestañea.

-Es verdad, que yo lo he visto. Y eso que no me he traído las gafas. Lo ves y no te lo crees. ¿Y el niño qué edad tiene?

-Pero si ha llegado después que yo buena mujer.

-¿Me está llamando vieja? Que yo sé lo que he visto oiga. A ver si vamos a tener que llamar a un guardia.

-Yo tengo un primo guardia, si quieren ...

-Felipe, es que todo se le va de las manos, cierre ahora mismo las puertas porque esto es un desmadre y aquí nadie compra nada, pero ya.

-¿Falta mucho? Es que me tengo que ir. No le pongas ni lacito ni nada.

-Ya casi termino, quieres, ¿un vasito de agua?

-Oiga, ¿usted no tenía un primo guardia? Es que se ha desmayado una señora, del calor, y digo, pues este señor creo que le he oído decir que tenía …

-Ya viene una ambulancia, le he dicho a mi Manolo que llame, tú llama, y él, que no Mercedes, que eso es un mareo, pero yo de mareos entiendo, que el Manolo me ha preñado siete veces, tú llama, le digo, que de un mareo no te muerdes la lengua.

-¡A ver si no empujaaaaaaaaaaaamos!

-¡Un Seat León gris plateado matricula tal y tal y tal en doble filaaaaaaa!

-¡Mío mío!

-Oye, que, me tengo que ir, y, mira, ahí hay un guardia, como antes dijiste que los guardias envolvían paquetes y eso , pues …

-Me da igual señora, yo sólo cumplo órdenes, a mí me han llamado, qué quiere que le diga, ni pitos ni flautas. Que no, señora, que para renovar tiene usted que ir a comisaría y hacer cola.

-Que se ha muerto, dicen, un infarto. Pobrecita. Del calor. Si es que aquí no se cabe.

-Me cago en la grúa.

-No, yo verlo no lo he visto, pero dicen que ni pestañea el tío, cuatro horas que lleva. Yo me he traído un bocadillo. Por si acaso. Y una radio para escuchar el partido.

-A lo mejor es falso.

-Qué va, qué va, si está firmado y todo, y además, que el tío es un profesional, se nota.

-¿Pero no dices que no le has visto?

-Tampoco he visto un billete de quinientos. Coño, un cura.

-Es que a una le ha dado un infarto.

-Felipe, yo no sé, pero esto va a ser culpa de alguien, no quiero señalar.

-Del gobierno jefe, que yo no cobro tanto.

-Un milagro hija, deberías sentirte afortunada, tocada por la mano del mismísimo Señor, yo, que soy cura desde hace muchos años, ¿Beatriz te llamabas no?, en fin, un milagro, mírale, ni pestañea.

-¿Y al cura quién lo ha dejado pasar, Felipe? A ver si estamos en lo que estamos o esto es un desconcierto.

-Al servicio ni vayas, no veas qué atasco. Pues que mee en una maceta el niño Consuelo, mira aquél, que no le va a pasar nada, que te digo que la cola da la vuelta. Que sí Consuelo, que ya sé que son de plástico. Coño mira, los de la tele.

“A rebosar... Lo cierto es que en los almacenes no cabe un alfiler, en este momento nuestros compañeros están intentando acceder a la zona en concreto. ¿Tenemos imágenes? Al parecer está siendo bastante complicado. Mientras hacemos todo lo que está en nuestras manos para establecer la conexión con la unida móvil … bien, parece que ...efectivamente, nuestra compañera Ana se acerca al mostrador de atención al cliente, ahí está, como ya les habíamos adelantado se trata de un joven ...incluso los bomberos que … y … más de siete horas ya ...no han podido hacer nada para reanimar a la señora ...un primer plano donde, como podemos observar, ni siquiera pestañea ...”

-Mamá, dale volumen. Mamá, Ricky me está tirando bolitas en la sopa.

-Ricky, a la cama.

-Pero si yo no he hecho nada.

-A la cama. ¡Vecinaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Pon la tres!

-¿La quéeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee! ¡Es que está el Ramón viendo el partidooooooo!
Ramón que dice la Puri que en la tres hay uno que …

-¿Cuñado? ¿Pepe, Pepe? Pon la tres. Pues te grabas el partido coño. No sé, la vecina, que le ha dicho a mi mujer que …

-¡Coño Pepe, cuánto tiempo cabrón! Como ya no quieres nada con los amigos. Bien bien, ya sabes, aquí en Londres siempre hace un tiempo de la mierda, pero bueno, ¿y los niños qué? ¿Que qué? ¿Qué página dices? Ah, vale, vale, espera, que me conecto …hijo puta …

-Te paso el link Guille, una pasada, es que ni pestañea, trece horas, no sé, me acaba de llamar Pepe desde ... No, no llueve. ¿Que está nevando? No me extraña, y con todos esos icebergs por ahí, qué frío, si bueno, fiordos, qué más da.

11 de mayo de 2010

¡Oh Oh!


Ningún idiota debería hablar de la guerra si no ha estado en la guerra.
No hablaré de la guerra.
Ningún idiota debería hablar del hambre si no ha pasado hambre.
No hablaré del hambre.
Ningún idiota debería hablar de los toros si no es un toro.
No hablaré de los toros.
Ningún idiota debería hablar de política si no va a votar.
No hablaré de política.
Ningún idiota debería hablar de la injusticia si duerme tranquilo.
No hablaré más de la injusticia.
Ningún idiota debería hablar del amor si no le han roto el corazón.
No hablaré más del amor.
Ningún idiota debería usar la palabra debería.
No usaré la palabra deberías.

Seré un idiota mudo.

Ahora me pondré a escribir “Tengo que ser más comprensivo”
un millón de veces.
“Tengo que ser más permisivo”, otro millón.
“Soy caca”, un millón más.
“Haz algo-otro millón-capullo”.

Y cuando acabe y me duelan los cojones, a lo mejor,
tengo por dónde empezar.
Mientras, podéis, apalearme,
escupirme,
mearos encima,
y reíros de mí en la puta cara.

No valen más excusas.
No vale morirse en el intento.
Ni cagarse por las patas.
Ni echarle a nadie la culpa de lo que eres.
Y menos, creer que eres importante.
Lo único importante, está ahí fuera,
esperando, que alguien de el primer paso.

10 de mayo de 2010

Historia de un vaso contada por él mismo


Soy un vaso. ¿No es obvio?
Podría parecer que no tengo una historia, que me aburro, que sólo soy, vidrio, un objeto transparente, en mi caso, de forma cilíndrica, fruto de la fusión entre arena de sílice, carbonato de sodio y caliza, a mil quinientos grados. Centígrados. Más o menos. Soy un vaso muy normal, seguramente también se haya utilizado plomo, silicato de potasio, no sé, tampoco me importa demasiado. Me gusto como soy, con todos mis defectos y virtudes, si es que tengo alguna.

El otro día casi me muero. Me parto, quiero decir. Toda mi vida de vaso pasó como una película por delante de mis ojos cuando resbalé de entre las manos de una señora que se asustó de repente porque había visto un fantasma, bueno, los fantasmas no existen, hasta un vaso sabe eso, en realidad era un novio que tuvo cuando aún era joven, hará tiempo. El tío era guapo, ella, la verdad es que estaba hecha una mierda, muy ajada y con los zapatos sucios y el pelo bastante descuidado, en cambio, él era un figurín, con el pelo hacia atrás como mojado y una camisa blanca muy blanca de la que llevaba colgada a una chica con muslos que no eran muslos si no arcos del triunfo, morenísima y con labios de alabastro y ojos de princesa turca, y la señora, en fin, creí que me mataba, que estallaba en el suelo y me convertía en un puzzle de esos que nadie termina, diez mil me imaginaba, trocitos pequeños, me imaginaba, dentro del recogedor, empujado por una sucia escoba y arrojado sin más al cubo de la basura, mezclado con colillas y cáscaras de cacahuetes y restos de achicoria y envoltorios de magdalenas, qué asco, pero no, huy, por qué poco, y gracias al enorme bolso de la señora, que estaba justo en el taburete de al lado, y que por cierto, tenía de todo dentro: rímeles; pinturas; compresas; llaves; un mechero, una barra de labios; otro mechero; tickets de compra del supermercado, la farmacia, la farmacia, la farmacia; otro mechero; una pera-no sé lo de la pera-; una lista rara de cosas raras: “No ser tan tonta a partir de mañana”; “Olvidarle”; “Intentar no arreglarlo todo con crema antiarrugas”; “El frigorífico, no es un Oráculo”; etc. Y una foto con un tío que la abrazaba de la cintura, a ella, guapísima por cierto y sonriendo como si acabara de salir el Sol, un tío con el pelo hacia atrás como mojado y cara de pirata del Caribe.

Pero estoy vivo y quiero celebrarlo. Vivir cada segundo de la vida de vaso que me quede. Dejar de preguntarme, quién soy, de dónde vengo, adónde voy.
Recuerdo el día que llegué a la cafetería metido en una caja de cartón, nuevecito, no como ahora, que ya tengo mil fregados. Aunque si es María la que me tiene entre sus manos, me da igual. Con María estoy a salvo. Tiene las manos suaves, mmmmmm, y mientras me enjabona, canta, es como estar debajo de la ducha, además, siempre me pone en mi sitio, no como Robert, que lo deja todo por ahí y se monta en su moto y sale echando leches, porque tiene una novia nueva en el centro, de hace poco, si hiciera más, lo mismo me dejaba en mi sitio, digo yo; porque las novias a Robert no le duran nada, como el tabaco.

He visto tantas cosas... A veces lloro. No se nota porque soy un vaso, pero hasta un vaso lloraría si lo cogen y lo inclinan y alguien se bebe hasta la última gota de lo que tienes dentro y después dice, llénalo, otro, la última, joder. Pero no es la última, nunca es la última hasta que no me cuenta que su mujer lo está engañando con otro:“Con lo que yo la quiero, no me lo puedo creer, esto no me puede estar pasando a mí, daría la vida por ella, no una, si no un millón de veces-llénalo-, me quiero morir, que puta”.

Y a veces, me río, sobretodo si me sacan a la terraza las noches de verano, qué fresquito, sobretodo si alguien brinda porque hacía mucho tiempo que no se hablaba con otro alguien; porque alguien ha vuelto de muy lejos y alguien lo estaba esperando hacía mucho pero mucho-esos dan saltitos-; porque alguien y alguien se acaban de conocer-esos nunca saben qué decir-, o porque alguien que está dentro de otro alguien pronto va a salir y le van a poner Pablo como al alguien del bigote, no sé, es bonito, y desde la terraza veo pasar los coches con sus luces encendidas y los reflejos me ponen muy guapo, que yo lo sé, brillo de una manera, especial, y me divierto, no todo va a ser siempre estar, medio vacío.

Otra vez una señora intentó secuestrarme. Qué susto. Menos mal que María se dio cuenta, que si no, acabo vete tú a saber, en casa de alguien que me meta en una vitrina y me deje allí quieto para siempre jamás, viendo la misma pared por lo siglos de los siglos amén, qué horror más horroroso.

Aquí soy útil, voy, vengo, me lleno, me vacío, me vuelvo a llenar, María me canta, y por la noche, cuando cierran las persianas, cierro mis ojos de vaso y me quedo dormido escuchando el ruido rosa de las cámaras frigoríficas. Hasta mañana. Otra vez a la batalla de las cucharitas de café, de la gente que va tarde al trabajo, de los niños que cruzan los semáforos camino del colegio, otra vez alguien llevándome a su boca, contándome sus cosas, sus penas y alegrías, sus secretos, es extraño, a mí, que sólo soy un vaso, nada importante, transparente y cilíndrico, al menos en mi caso.

8 de mayo de 2010

Quédate hasta que te vayas


Lo saco de la boca impregnado en esa brea que te gusta y con mi dedo caracol capitán de una barquita de avellana, trazo una ruta transparente desde el coxis a la hierba negra que te cubre como el manto de una virgen adriática la cueva salomónica que eres, hasta que bramas como un ciervo y los ojos te escupen un millón de millones de voltios azules y naranjas y quemas las cortinas, troyana y desbocada y sin embargo, sigo y me abandono como un loco a la locura y lo hundo como un bastón hebreo en las aguas que te inundan el golfo de Bengala y tú, mi Ipanema, te construyes un nido de abejorro entre la ropa de la cama y me ofreces cual espada una batuta invisible y milenaria para que te concierte un horizonte nuevo y luminoso, y tú, mi Niágara de muslos dóricos, me dices que te muerda y te devore sin piedad y yo me inflamo y ardo cobalto y convertido en una bestia de establo rasgo tus escamas de sirena con las uñas y te lamo las espinas y los dedos de los pies y saco el monstruo que soy de la chistera y te ríes y me orientas en el arte de clavarte al colchón de una manera miserable pero humana, sin detener un ápice el giro de los planetas circundantes, tú, mi ajuar, que me arrancas el pelo y lo lanzas al viento, que haces tictac como una bomba, tú, rabo de lagartija, circo, Valquiria, que apagas de un soplido las farolas del Sena y el Danubio y me enseñas que los ríos, hablan, y hablando de los ríos y afluentes de la vida me manejas las nalgas a tu antojo y me distraes a babor, muy dentro, donde entienda el calor, donde me quede, y ahí me unges, y ahí me abraza tu vulva y cada pétalo de piel me lo regalas, y me bautizas con la miel de tu organismo, un magma que palpita casi, una ecuación feroz brotando del abismo que quiero comerme y disfrutar entre los dientes, ahora, mientras te yuxtapones toda y revientas como una manzana atravesada por la flecha de un arquero misterioso.

7 de mayo de 2010

Las flores de San Blas


Eran las que menos tiempo tardaban en marcharse. Si llegaban a San Blas muy pequeñas, a lo sumo, seis meses más tarde, ya se habían ido de la mano de algún matrimonio, siempre católico, muy católico, siempre de muy buena posición y siempre en un coche normalmente negro, muy negro, mientras las demás, la despedíamos con la mano abierta y procurando sonreír, aunque por dentro, lo que queríamos, era tener también cuatro años, no puntitas de tetas, para que una señora con pamela nos pellizcara los mofletes y dijera, qué cosa más linda, ¿verdad Ramiro?, y aunque Ramiro nunca decía nada, una soñaba con una gran habitación pintada en rosa y llena de muñecas traídas de París.

Antes de una visita y por supuesto sin que la hermana Gisela lo supiera, algunas nos poníamos la funda de la almohada alrededor del pecho, tres vueltas, muy apretada, y atada en la espalda con un pequeño nudo, y unas a otras, nos decíamos, suerte, al tiempo que nos mordíamos los labios para estar más guapas, o practicábamos caras en el baño, caras de ángel, y aunque nunca vimos uno, nos salía tan bien que a veces, incluso algún Ramiro se nos había quedado mirando como si realmente lo fuéramos, y de no ser por la mirada inquisitiva de su esposa, hasta creo que nos hubiera sentado en sus rodillas.

Lo peor que podía pasarle a una niña de San Blas, además de ser fea, era que llegara “Ese día”. Si eso pasaba, ya nunca te ibas.

De pronto alguna niña se despertaba a medianoche sollozando, asustada y convulsa, y la hermana Gisela, que dormía con un ojo abierto al otro lado de la pared, venía a ver qué cosa le pasaba, si era, que le dolía la barriga, que tenía sueños, o si le había picado una garrapata de las gordas en la ingle, y normalmente, a oscuras, la hermana le arrancaba de la ingle el bicho y le ponía alcohol de la cocina, o se ponían a orar a los pies de la cama si eran sueños, o si era la barriga, la ponía boca abajo después de lo del ricino, y volvía al otro lado de la pared a seguir durmiendo con un ojo abierto.

Pero si era que había llegado “Ese día”, cogía a la niña en brazos y desaparecía por el pasillo, camino del despacho de la Madre Superiora. Lo sabíamos por el reguero de sangre que dejaba en el suelo, y porque cuando volvía, ya no era una niña.

6 de mayo de 2010

¿Y este botón, para qué sirve?


Me encantan esos tíos que me llaman “Palomita”, a los dos días de conocerme.
Ja-ja-ja.
Eso es mi risa. Sarcástica. Por si alguien no se había dado cuenta.
Y yo creo en la igualdad. Hace un mes pinté mi casa. Yo solita. De muchos colores.
Me caí de la escalera, lo puse todo perdido, un desastre. Pero pinté mi casa. De muchos colores.
Creo tanto en la igualdad que me han echado otra vez del trabajo. Por creyente. “Yo no hago las leyes”, va y me dice el jefe de personal, y voy yo y le digo “Pues yo tampoco hago la idiota”. Y a la semana tenía una carta encima de mi mesa. Pasé por delante de Pérez con mi caja de cartón y cuatro cosas en las manos, antes de irme, “Lo siento, yo...”, me dijo, qué cabrón, qué chivato, se tira el día tocándose los huevos, cobrando casi el doble, y dice que lo siente.
Le invité a cenar. Me miró raro. Pero me dijo que sí. Que sí, claro, que tal vez, se había equivocado conmigo.
Me lo follé esa noche. Es guapo, eso sí. Y cuando me preguntó, que qué tal, le dije, que en mi vida me habían echado un polvo peor, tan corto, y que no me había sabido a nada, que ni me había enterado. Háztelo mirar, le dije, y encendí un cigarro. En realidad me corrí dos veces. Yo también sé hacer putadas.

4 de mayo de 2010

Bonus


Esta ciudad está tan podrida que el día que reviente la mierda llegará a la luna. A veces me arrepiento de haber abandonado Srebrenica. No. En realidad sólo me arrepiento de estar vivo después de Srebrenica. Aunque eso ya tampoco importa. No en esta ciudad.

He muerto 137 veces.
Cuatro, ahogado en las pestilentes aguas de los muelles, entre cadáveres de Pontiacs y esqueletos de bicicletas. Siempre de un tiro en la espalda.
Tres, reventado contra el asfalto de la comarcal, literalmente hecho una papilla para bebés, porque eso, es lo que queda después de caer desde un helicóptero, quiero decir, de que te empujen. La pasta siempre es para otro, mucha pasta, mientras tú caes y caes y caes. Aunque en algún momento, dejas de caer. Por eso revientas. Podría ser divertido. Pero no lo es.

Una vez me atraganté con un hueso de pollo, maldita sea, nadie en esta asquerosa ciudad es capaz de darte una palmada en la espalda. Cualquier vieja, en vez de comida para las palomas, lleva en el bolso una Baretta.

Desangrado en la bañera de un motel-maldita perra-; cortado en trozos y arrojado a los caimanes del zoológico; deshidratado en el maletero de un taxi abandonado en el desierto; electrocutado en la vías del metro-otro empujón-, recuerdo, joder, que peste hacía, no es el mismo olor que cuando la puta mafia rusa te riega de petroleo y te mete en la boca una cerilla, es, como si el mismísimo diablo se estuviera cagando encima de ti, y se limpiara el culo con tu lengua.

No llevo la cuenta de a cuántos jamaicanos me he cargado, amarillos, polacos, qué más da. Aunque hubo alguien. Una vez. Alguien en quien pensé que se podía confiar. Nunca se me dio muy bien pensar. No hablaba mucho-claro que algún hijo de puta le había cortado la lengua con un cutter-, así que no estaba del todo seguro de lo que intentaba decirme antes de arrojarla por el puto balcón. Dejó una bonita mancha en la acera. Era preciosa y se llamaba Helen.

Pero me encantan, las azoteas, de por aquí, en especial, si tienen vistas al océano. Uno puede, imaginar qué hay más allá de toda esta porquería, si es que hay algo, mientras contiene la respiración, y con un ojo cerrado, aprieta suavemente el gatillo. Nada está demasiado lejos. No si pagan bien.

Dicen, que más allá, alguien mueve los hilos, de toda esta mierda.

3 de mayo de 2010

Contra la pared

Si el agua que llueve en los poemas
lloviera en el Sahara, si en vez de en un soneto,
las rosas brotaran en Somalia,
la luna en una celda,
si la nostalgia fuera,
un postre que los niños se comieran con las manos,
si ondearan, los versos blancos en un mástil,
si las metáforas sonaran en la radio,
si las espinas fueran pelo de muñeca,
la sangre, toda la sangre
en vez de alejandrina fuera un río
de vida,
una fiesta en la UCI y los quioscos,
si el amor fuera cierto, no un suspiro, un monumento,
si el silencio
no se truncara siempre con palabras,
palabras
palabras,
si no se maquillaran con hipérboles las putas,
las princesas con símiles, epítetos,
las vírgenes con verbos transitivos,
y fueran sólo carne
una plaga en la tierra, de belleza,
si el otoño flotara en la bañera,
si un Haiku se sorbiera con pajita,
la rima fuera un cucurucho,
la métrica un deporte al aire libre,
si fuera que
de un solo trazo se pintara ser feliz,
que con patas de araña y un tintero
se obrara el milagro de la risa,
de brindar con la vida,
de morirse tranquilo,
si fuera, si fuera que,
entonces dejaría,
te lo juro, poeta,
de alzarme contra ti.

2 de mayo de 2010

Love of Mother

“Que te comas las lentejas”.

Que no. Que ya tengo trece años y no me las voy a comer. No quiero la mierda las lentejas. Quiero que te mueras.

“Te voy a dar una hostia que te voy a meter la cabeza en el plato”

Pero no me las voy a comer. Yo no tengo la culpa de que vengas borracho. Ni de que pasaras hambre en los tiempos de Franco.

“O te comes las lantejas ...”

¿O qué? ¿Me vas a pegar? ¿Como a mi madre?

Salí corriendo hasta donde no alcanzara a verle. Era de noche ya, y frío, no hacía, pero yo tenía frío. Pensé en mi madre. En que le estaría dando una paliza. Por mi culpa. O porque sí, como siempre.

“¿Mamá?”

“¿Dónde estás hijo? Tu padre se acaba de acostar, ven, anda, que es muy tarde y no has comido nada”

“Se me acaban las monedas mamá”

Luego me monté en un autobús que iba a la playa, y aún me sobró dinero para comprarme mi primer paquete de tabaco, con lo que había dentro del cerdito.

Cada vez que la llamaba, mi madre me contaba que me echaba de menos, que cuándo iba a volver, que si comía, que qué hacía, y yo, le preguntaba que si le había pegado, porque esa era la única cosa que me haría volver, pero no solo, si no con Angustias, una navaja muy fea y que daba mucho miedo.
Creo que no volvió a tocarla. Creo que, escuchaba detrás de la puerta cuando yo llamaba, y creo, que Angustias le venía grande.

1 de mayo de 2010

Génesis

-¿Me va a doler?

-No. Cierra los ojos.

_¡¡¡

-¿Y?

-Es...raro. Mojado. Sabe a no sé.

-¿No sabes?

-Quiero más.

-Cierra los ojos.

-Quiero tenerlos abiertos. Quiero verlo.

-No se puede con los ojos abiertos.

-¿Por qué?

-No te gustaría. Seríamos, como peces.

-Los peces me gustan.

-Sí, y a mí. Pero no somos peces. Ciérralos.

-¡¡¡

-¿Qué?

-No los he cerrado. Tu sí. Te he visto. Creo que tienes razón. En lo de cerrar los ojos. Quiero más. Pero esta vez con los ojos cerrados.

-???

-¿Y ahora?

-¿Qué era eso?

-La lengua. Nada más.

-¿Por eso querías que cerrara los ojos?

-¿No te ha gustado?

-No es mi lengua. Nunca había tenido en la boca dos lenguas así juntas. Es raro.

-Si quieres lo dejamos.

-No. Quiero más.

-Tú, tienes que … con tu lengua, así, ves, como hago yo.

-¡¡¡

-¿Qué miras?

-Tienes una nariz muy grande. ¿No podríamos hacer algo al respecto?

-Basta con, girar un poco la cabeza y, bueno, no sé, practicar, eso es todo.

-¿Así?

-Bueno, no tanto, te vas a hacer daño.

-Me hago pis.

-Ve. Voy a estar aquí cuando vuelvas.

-Si no estás, cerraré los ojos y no los volveré a abrir hasta que regreses, te lo prometo, aunque tardes diez mil años. Y será culpa tuya, y allí donde estés, siempre te estarás acordando de que en algún lugar hay alguien esperándote con los ojos cerrados, ciega, sentada en un sofá de diez miel años, viejo y asqueroso, perdiéndose todas las cosas bonitas de la vida, porque no pienso abrirlos hasta que regreses y …

-Si no estoy cuando vuelvas, es que soy idiota.