29 de noviembre de 2010

Ñus


Bramo -y te asfixias como el pez y las macetas los días de verano-
tu nombre y me derramas
en estas manos grandes,
tus manos de jilguero.

Bramo -y tililas como un haz de luz de vela-
tu nombre y te derrumbas y en mi pecho con los filos de navajas,
de tus pestañas,
me trazas ven y voy.

Hinco en el suelo las pezuñas.
Te elevo.

26 de noviembre de 2010

Escatológicamente tuyo


“Dale otra vez al centrifugado”
El tercer centrifugado en media hora.
La idea fue mía: “Te voy a comer el coño encima de la lavadora”.
Luego le amarré las muñecas a la cabecera de hierro forjado de la cama y le puse la corbata cubriéndole los ojos. Tenía los labios mojados, las piernas abiertas y jadeaba como una perra.
Le metí la polla en la boca hasta los huevos.
Después le metí el dedo en el culo hasta que perdí de vista el anillo.
Y cuando estaba a punto de romperse y suplicar que me la follara, la agarré del culo y la atravesé de una tacada. Le dolió. Salió ardiendo. Casi se muere.
Se corrió cuatro veces, y de postre, me la chupo con las pestañas y le puse las tetas al baño maría.


23 de noviembre de 2010

Y al principio, Dios creó sus ojos


Y fuimos a la feria. De la mano.
Hablamos poco. Seguramente aquel día habíamos alcanzado el nivel siete y no hacía falta. No recuerdo si hacía rato habíamos estado tres horas metidos en la bañera. Seguramente. Sus tetas flotando, tan brillantes, parecían Nautilus. Mi polla emergiendo de las aguas: “Toma”. El chino, llamando al timbre. Me encantan los rollitos de primavera.

Hay gente que se muere y nunca ha visto el mar.
Ella iba a morirse sin que nadie la llevara a una feria, con sus luces de colores y sus farolillos y el ruido de las tómbolas, los puestos de salchichas, el algodón de azúcar, las canciones ñoñas y un tren de la bruja y los niños pasando por delante tuya una y otra vez montados en caballos blancos, o un Ferrari, o Dumbo.

Mirarlo todo como cuando nunca has visto nada. Meternos dentro de las cosas y del suelo y de nosotros y el uno en el otro y dejar que el viento nos cruzara la cara y dejarnos elevar por encima de todo lo que habíamos aprendido hasta ahora, de todo lo que nos habían enseñado, y dar, una nueva importancia a sólo las cosas de este mundo en las que realmente creíamos. Eso hicimos. De la mano.

Vimos los títeres, los chiquillos levantando las cabezas como grullas en las filas de atrás. Me abrazó. Suspiré.
Habíamos cruzado ríos juntos. Bajado a volcanes. Subido a pisos quince para luego tirarnos. Pero nunca habíamos estado en una feria, buscando a Nemo. Había que derribar tres latas. Con un corcho. Tres disparos, un dólar.
Me encantó jugarme la vida, allí, yo tan valiente, disparándole a las latas para que ella se sintiera como la chica de la película de la falda plisada y las coletas.

Mi tren partía al día siguiente.

Me encantó mirarla cuanto quise, mientras se tomaba una cocacola con los pies colgando de un taburete, pensando en sus cosas, sus cosas de mujer, sus cosas de ella, de sólo ella, y haciendo como la que nunca había roto un plato, tan linda, en sus cosas, mientras yo me dejaba engañar por sus ojos de caballo y me mordía la lengua para no decirle todo lo que había visto en la bola de cristal de la gitana.

Busqué una estrella fugaz en el espacio. No se lo dije. Tampoco pasó ninguna.
Después busqué sus labios, y me encontré a mí.

22 de noviembre de 2010

Sentarse en la cabeza, de un alfiler


¡Plop!
Lata de albóndigas.
Cuchara sopera.
¡Clonk clonk clonk clonk clonk!
Fondo de lata de albóndigas.

Cuando te ríes,
se me olvida que eres una hija de puta.

¡Prfffffff!
Pedo.
¡Kiuchssssssssssssssss!
Cigarro.

¿Sabes cariño?: cuando miro las nubes pienso en ti.
Antes sólo miraba las nubes.
Las nubes son tan importantes para mí...
Sin nubes estaría atrapado en este cuerpo, para siempre.

Tap tap tap tap tap tap.
¡Glop!
Última gotita.
¡Fuochsssssssssssssfuochsssssssfuochsssssssssssssss!
Cisterna del váter.
Tap tap tap tap tap tap.

El primer día que te vi la tierra temblaba a tu paso.
Los árboles y las vías de los trenes y los techos de las casas temblaban a tu paso
y el mundo visto desde lejos, daba botes a tu paso, en el espacio.
Todavía, después de tanto tiempo, hay ondas concéntricas flotando en los charcos.

¡Clin clon clin clin clon!
Lluvia en el cristal.
¡Ñiccccccccccccccccc ñic y ñic!
Muelles del colchón.

Y de repente te giras y dices: Te quiero.
Tan bajito.
Tan tibio tu aliento que me acuerdo de porqué,
siempre te perdono.

21 de noviembre de 2010

Al dente


Yo no le hablo a mi vibrador.
¿Tengo cara de idiota?
Todo es perfecto así. Sin ti.

Me he quemado con la plancha el tatuaje de la teta.
Ahora tu nombre es una cicatriz.
No me dolió.

Es todo lo que puedo contestar a tu pregunta.
No he tenido tiempo de echarte de menos.
Ser mujer es, en fin, no lo entenderías.

No.
El martes tampoco puedo.
Inténtalo en otra vida.

Cuando cuelgues,
nadie va a darse un tiro en la boca.
Nunca tuviste tantos huevos.

¿Sigues ahí?
Supongo que sigues ahí.
¿Son saladas, verdad?

19 de noviembre de 2010

Crónicas de un tipo cualquiera: Aterrizaje forzozo.


Mi llegada a Berlín fue desastrosa, triste, y fría. Fría del carajo. De repente, le decía adiós con la mano a un camionero turco que acababa de dejarme cerca de la estación, mientras con la otra mano, sostenía un bocadillo de salami que el mismo camionero me había regalado para que comiera al menos, aquella noche. Estaba hecho una mierda y no tenía ni un duro. Las últimas monedas, me las había gastado el día anterior en el norte de Francia, emborrachando al turco, en agradecimiento a que se hubiera ofrecido a llevarme hasta donde pudiera, en su viaje desde el sur de Portugal. Y pudo hasta un banco en el andén de aquella madrugada cubierta de niebla, donde los faros de los coches, paracían fantasmas.
Me quedé allí, parado, en mitad de ningún sitio bajo las putas estrellas, mientras el turco seguía su camino hasta la zona industrial, donde llegaría con seis hora de retraso para descargar treinta toneladas de naranjas, por culpa de un temporal cerca de Andorra.

No tenía ni puta idea de dónde iba a dormir, y la verdad, me importaba dos cojones, estaba demasiado ocupado en asegurarme de haber llegado lo suficientemente lejos, como para que cuando reventara en una cantidad asquerosa de pedazos, todo el mundo se hubiera olvidado de mi nombre.

18 de noviembre de 2010

Y la vida ya no


Hablamos. No sé de qué. No quiero saberlo.
Ella tiene dentro brasas encendidas, y por fuera, parece incandescente:
“Quiero comprar el muelle. Y hacerme platera. O montar un burdel, no sé, con chicas guapas y un par de maromos protegiendo la puerta”.
Y digo yo: “Pues yo voy a morirme con los huevos afeitados”, y dice ella, que se dice genitales, y me miro y yo de eso, no tengo, yo tengo huevos. Afeitados. Por ella. Porque yo por mí no hago casi nada, le digo, y me dice ella, que por mí, se lleva afeitando mucho tiempo y nunca ha dicho nada y yo, le digo que es verdad, que me perdone, que soy un egoísta.

“¿Me amarías si me cayera encima un bidón de ácido?”
“¿Me estás pidiendo una promesa?”, contesto.
Me miro en los bolsillos y no llevo promesas. Pero te amaría, le digo y ella, me pregunta lo de todos los días: ¿Y hoy, por qué me amas?, y le digo, que por las manchas de pizza en su pijama, y lo bien que le sienta estar así, soñando, y despeinada.

16 de noviembre de 2010

Mira debajo de la alfombra


Te vivo a tientas.
Te huelo a besos.
Té verde a trozos.
Te hielo dentro.

Venite al cielo de mi boca y volcame la savia tuya como un río y por dentro
comeme vivo
tragame entero
chupame el hueso y escupilo a una baldosa.

O no.

Pero existo y existes.
Como esas estrellas que han muerto hace millones
y millones
y millones de años.

No eres la chica de mis sueños ¿sabes?
La chica de mis sueños nunca se pondría esos zapatos.
Ni una sirena. Definitivamente.
Ni siquiera te huele el coño a flores, pero ¿sabes?:
creo que daría mi vida por ti.
Tendría que pensarlo.
Supongo que nadie me ha besado como tú.

¿De qué estaba hablando?...ah sí: de ti, de mí...
Entonces no éramos soldados
de esta guerra de amor, si no socios de un negocio a media noche al que llamábamos
“Nosotros”.

Y dejar que la luz nos abrace.

15 de noviembre de 2010

Jugando con las cosas de comer


Pensé que iba a perdonarme siempre. Pero no lo hizo.
Me llamo Mónica y no soy feliz.

Siempre duró hasta el ocho de septiembre de hace cinco años a las siete y media de la tarde. Exactamente.
No recuerdo haber visto a nadie en mi vida tan triste como Othis haciendo la maleta.
No recuerdo a nadie tan cobarde como yo, quieta, sentada a los pies de la cama, sin hacer nada por detenerle.
Las cosas no funcionan así, Mónica. Recuerdo que pensé.
Pero yo era Mónica, la misma que siempre se salía con la suya, la egocéntrica y espiral Mónica; Mónica en tacones; Mónica quiero quiero quiero, Mónica pasando por encima; Mónica callada una semana; Mónica fría; Mónica esquivando, sin duda, los besos más bonitos que iba a darle nadie.

Pasó el tiempo. Sin Othis. Y pasaron las nubes y los trenes, los cumpleaños, los camiones de basura y las canciones en la radio, pasó el café y la mermelada, pasó un viaje a Francia, otro a Noruega, pasó una copa, y luego una botella, paso un hotel en Túnez, la luna, las estrellas, pasaron las brigadas de moscas de un verano en la playa, de una cama en Belén, otra en Bilbao, pasaron un notario y un físico polaco con la polla de un mulo, pasó Birdy, Mateo, el señor cuervo, un tipo oscuro al que había conocido en Alemania y del que nunca supe nada excepto, que le encantaba que lo pusieran a cuatro patas y lo dejaran amarrado a una silla mientras me quitaba la ropa lentamente y él sacaba la lengua y jadeaba y ladraba como un animal hasta que se te abalanzaba encima y te arrancaba la piel a tiras.
Pasó que un día, sin Othis, la vida se había convertido en una mierda.
Que ningún hombre era capaz de soportarme. Tan espiral. Tan Mónica.
Que los besos, se acabaron, y empezaron las lenguas y la carne mojada, solamente, sin el más mínimo atisbo de dulzura, ni paciencia, ni una sola molécula de amor.
Que nadie me abrazó.
Que empecé a morirme.
Que dolía.
Que Mónica dolía.
Sin Othis.
Que tenía los ojos tan azules, que daban ganas de bañarse.

12 de noviembre de 2010

Tercio


Me he cortado las uñas de los pies.
Me he afeitado los huevos.
Usé un desodorante caro.
La colonia que a ella le gusta,
y además,
hoy tengo una sonrisa que te cagas.

Porque la amo.
Y cuando sus dedos como patas de jilgueros me acaricien,
quiero estar suave,
precioso,
y que nada,
interrumpa este silencio que dejamos que nos pase,
sólo a nosotros.

Y dejarnos morir en el intento.
Y amarnos cada poro sin seguir un calendario,
ni atarnos a otra cosa que no sea ,
ahora.
Nuestro siempre.
Al fin y al cabo,
lo único importante de la vida,
está ocurriendo en este instante.

2 de noviembre de 2010

Comuniqueichon


“Sí claro claro” es lo que se dice
cuando no te importa una mierda.
“Yo también”,
cuando es mentira.

La miré por debajo y desde luego no decía Made in Taiwan.
Supuse que era única.
Y un carajo.
Era indescifrable.

Me explico: cuando dijo “carótida izquierda a yugular ñam ñam.
...........................................Jaque mate”,
quiso decir que a partir de la esquina que dobló
yo ya no vivo. Me arrastro.

Por ejemplo.

Y si todo se acaba, ¿por qué tirititraun
.................................me duele todavía arría
.................................pitá-pitá-pitá,
.................................tanto el silencio?





............................... .Este silencio.

¿Por qué,
todo se p
..............................ar
..........t
....e?
Se d
.......e
.........r
...........r
............u
.............m
................b
..................a.

Eco de menos tu voz en la tiniebla+tiniebla+tiniebla.