26 de diciembre de 2010

La hoz




La Tirana había sido un barco tan bonito,
que hasta muerto le caían de las velas,
flores de cerezo.

Volvió de la ultratumba el jueves a las cuatro y veinticinco de la tarde:
como siempre.

Tenía un alambique de ostras y turbantes de coral en botavara.
El foque roto, truncado, muerto.
La mayor raída por las olas del infierno y en en el puente,
la mitad del timón llorando esquirlas.

No la trajo a Ella.

Durante diez minutos tuvo flote.
Varaba en el poniente.
Se mecía.

Luego se hundió como los jueves, como todos.
Haciendo burbujitas,
de champán,
en el centro del océano.

Busca Tirana,
Tirana bonita de velas de cerezo.

22 de diciembre de 2010

Devil


La Tere era una vaca, pelirroja y con la voz de un cabrero.
Andaba como un mono.
Fea de cojones.
Desagradable.
Daban ganas de darle una patada en la boca.

Yo perdona pero, la belleza interior
me la paso por los huevos.

O sea: que no te quiero.
Te ultilizo.
Como a la Tere en los lavabos del colegio.

21 de diciembre de 2010

1041


Tenía un radiocasete marca su puta madre, donde escuchaba a Jean Michel Jarre y otras chorradas, mientras me hacía unos porros muy gordos, de una grifa muy buena que me pasaba el moro del piso de abajo. A veces, también subía lentejas.
Se sentaba en el sofá y me ponía la cabeza como un trompo, hablándome de todas las putas a las que se había tirado y todos los barcos en los que había naufragado y todas las veces que había intentado volver a Marruecos a ver a su madre, que era viuda, y a su hermana, que era muy hermosa.

A veces encontraba a Alan- un estudiante colombiano que vivía en Nueva York y estaba haciendo un máster en España-, sentado en el sofá viendo basket, porque en su habitación no tenía tele, y porque el basket le encantaba. Tal vez, aquél sofá fuera un sofá mágico, donde a la gente le entraban ganas de sentarse sin saber por qué. O porque era mío. Como mi puerta. Siempre abierta.
Alan era muy guapo y sabía bailar cumbia.

Tina era una gran sonrisa. Una sonrisa descalza que entraba y se me tiraba encima como un pequeño mono Tailandés, aunque en realidad, era filipina.
Me contaba que había visto un tipo caminar, tan bien, tan despacio y con esas botas de piel de lagarto pisando suavemente el asfalto, que parecía un arcángel, con una chaqueta de cuero que en la espalda, llevaba la bandera de la revolución francesa y una espada con la punta manchada de sangre. O me contaba los dientes, con sus uñas de gata siamesa, aunque en realidad, seguía siendo filipina.

Subíamos, los días de sol a la terraza a comer sandías y subirnos al techo del ático a tumbarnos sobre el musgo, y mirar el cielo.
Todos, y algunos que venían de otros mundos, como Artero, que era abogado, o Gloria, que era la más zorra de todas las rubias que he conocido, y vivía de calentar pollas y luego pirarse con la pasta.
O tirábamos un mantel de plástico sobre el colchón de la cama y hacíamos una ensalada gigantesca y dos tortillas de patatas y comíamos sobre ella, y nos limpiábamos las manos y la boca con papel del váter, y abríamos botellas de vino que entraban por la puerta en brazos de los que iban llegando.

12 de diciembre de 2010

Cierra los ojos y abre la boca


Pues sí,
quiero mandar tu look arquitectónico a la mierda un rato
y comprarte unas bragas baratas de algodón,
de esas que al lavarlas,
se le van al carajo las flores en el centrifugado.

Y follarte en el cine.
Y no acordarme nunca de qué película hemos visto.
Y reírnos del mundo.

Te me haces viejita.
Tranquila en mi pecho como una mecedora.
Por cierto:
Te he perdonado para siempre.
Para no estar, ¿entiendes?, todo el día con la cara,
de una palmera de huevo.

Y digo yo,
que ahora que eres,
una princesa,
¿por qué no te tumbas desnuda en la cama y llamamos a un Sushi?

8 de diciembre de 2010

Tengo un núcleo tormentoso metido en el culo


Pues claro que también me apetece ponerme delante del presidente Steelman y decirle, mamón, para esto, tú puedes hacerlo. Pero para qué. Si para esta guerra otros vendrán a ponerla de nuevo en marcha. Le meterán un tiro en el cerebro a ese hijoputa y nombrarán otro presidente, otro comité, otras mentiras, que lo mantengan todo en orden.
También claro, podría, ponerme una sotana, e irme a chuparla al fin del mundo, en pos de una tribu que no haya sido corroída por occidente. Y coger la malaria. Y llorar de impotencia cuando cientos de niños se me mueran en los brazos, porque occidente, tiene mala memoria. Y luego rezar. Rezar para que la fe, no me abandone.

Prefiero pensar en Nicollette.

Nicollette en vaqueros andando descalza por la casa.
Nicollette llegando como un barco a mi abrazo.
Nicollette de puntillas.
Nicollette metiéndose mi mano por debajo de las bragas.

Me cago en Steelman.
Me cago en mí.
En occidente.

En todo me cago.

Menos en Nicollette.

Malditas columnas de humo...

7 de diciembre de 2010

Que alguien encienda la luz


Soy muchos.
Los necesito a todos.
A cada uno de ellos,
para mantener esto en orden.
Esto que soy.

Al que te va a meter dos hostias.
Al que coge del suelo una flor.
Al que me clava puñales en la espalda,
y al que defiende su terreno, como un león.
Al que no me cae bien.
Al que se ríe.
Al que llora.
Al que se equivoca.
Al que vuelve a equivocarse.

Soy todos y me falto, aún, seguro, porque a veces,
me quedo sin ninguno.



Feliz Navidad

6 de diciembre de 2010

Peluches


Todo el mundo habla de lo bonitas que son las nubes. Pero nadie se para a mirarlas. Ver cómo cambian de forma, se unen, se dispersan, o cambian de color y llueven. Y si se para, primero mira a los dos lados, a ver si hay alguien, aunque no haya nadie, mira, por si se encuentran a si mismo, ahí, mirando cómo mira las nubes. Como si no pudiera perdonarse algo tan hermoso. Mirar las nubes y olvidarse de que el mundo es una mierda. Ver caballos y nueces y águilas reales en las nubes. Y bajar de las nubes y seguir por la acera sonriendo. Como si el mundo de repente, en vez de una mierda, fuera un lugar por el que aún merece la pena comerse un helado de vainilla. Dar una limosna sin poner cara de asco. Perdonar a alguien. Sentarse encima de la lavadora a fumarse un cigarro, y balancear los pies y acordarse uno de que un día tiene que morirse, si haber hecho los deberes. Y decir: una mierda. Y dar un saltito y poner los pies en el suelo de la cocina y comerse una pera y que todo el zumo
te caiga barbilla abajo. Y luego salir a la calle a perseguir tus sueños. ¿Verdad Klein?

5 de diciembre de 2010

Sprexo


Saltaos la parte teórica de la vida.
Es divertido, cagarse en la letra pequeña.

4 de diciembre de 2010

Mira lo que hago con estas manitas


Me trajeron el sofá y una mesa. El sofá es un sofá cama. La mesa es una mesa.
Parecía tarzán, durmiendo estos días en el suelo. Anoche dormí en alto. A salvo de los escombros y las palas y los alicates y los sacos de cemento. El sofá tiene hasta dos almohaditas-brazos, y no la toalla enrollada en la que estaba recostando la cabeza. Esa puta farola de la ventana es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. Se enciende y se apaga cada quince minutos. No se ve un carajo, porque hasta el martes no dan luz en la casa. Pero tengo una farola para mí sólo. Una que se enciende y se apaga cada quince minutos. Así que, cada quince minutos, no me quedan más cojones que enamorarme.
De ti. Todas las veces de ti. Cada quince minutos de ti.

Me he comprado unos zapatos nuevos. Nuevos. Claro. Qué redundancia. Y me duelen. Como tú. Pero me gustan. Como tú. Y me los he puesto. Tengo un callo de puta madre. No me los quiero quitar. Quiero que dejen de dolerme, y se acoplen perfectamente a mi pie hasta que al andar me parezca que estoy levitando. Quiero domarlos. Como a Furia: el caballo negro. Porque son muy bonitos. Los zapatos más bonitos que he tenido en mi vida.
Como tú.
Ese hijoputa de albañil no ha venido hoy a trabajar. Las paredes están igual. Una mierda. En el techo de la cocina, hay gente viviendo. Caras. Y letras raras. No sé. Parecen. Sí, la cocina parece el inframundo.
Hay naranjos en mi calle. Huelen. A naranjo.
Escucho la radio. Cosas. Si la apago se me acaba la vida. O me pongo a hablar sólo contigo. Y luego soplo, a ver si cruza el mar y te enteras.
Me pica la espalda. Cada letra me pica. Pero no me he puesto nada, sólo agua, agua por tu nombre, limpia y fresquita. Pica mucho. Tal vez debí tatuarme algo más corto, enamorarme de, Ana, por ejemplo; Sofía; Rosa...
Tengo que irme. Tomaré café antes del trabajo. Domaré estos zapatos. Lo sé. Y nunca más me dolerás.

2 de diciembre de 2010

La balada de la piedra preciosa


Que eres una puerta y te cierro y te abro y que,
brotas del desierto, amarilla y suave y que,
aprieto mi cara contra tu culo frío y que,
siento palpitar tu corazón bajo tu pecho y que
me pongo nervioso como un niño de quererte.

Si me mandas a tomar por el culo,
volveré.

Era un inciso.

Puede que estemos locos y me encanta
ver cómo crecemos por debajo del asfalto.

Derriba
la última
frontera.

Y entonces comeremos piruletas.
Iremos al cine.
Habrá palomitas. Cocacolas grandes, enormes con pajita.
Tiraremos al suelo los colchones.
Te compraré un helado de vainilla.
Te daré comida de mi boca.
Te llamaré puta, y amor, y loca y sinvergüenza.
Nos dormiremos escuchando la radio.
Y cuando despiertes,
seré yo quien te diga Buenos días princesa,
y me enrede de nuevo en tus trenzas,
como un rayo de abril en las ventanas.

1 de diciembre de 2010

O sea


-No creo que tenga usted la agilidad mental suficiente como para expresarse con cierta claridad durante la conversación, después de inhalar...

-Dilo coño: esta mierda. Es que eres gilipollas de tu culo tío. Si no te caigo bien me lo dices joder, no te quedes mirando con esa cara de asco, so mamón. Y luego, nos tomamos una cervezas. Después de las hostias. Porque a ti lo que te hace falta son dos hostias en la puta boca, que veas tu propia sangre y sepas a qué sabe, que no te enteras. Desabróchate la corbata, despeinate un poco, que parece que te han metido un palo por el culo. ¿Bueno qué?

-Sí, como quiera, sigamos: le decía, que, desde mi punto de vista...

-¿Lo ves? Es que estás amamonado. ¿Para qué coño pones una coma después del qué?

-Yo a usted no le dispongo ni le tramito su vocabulario, y creame, es de un pésimo gusto, y que conste que no lo digo por menospreciar el lenguaje que utiliza, con todas esas, palabras malsonantes y en la práctica carentes de cualquier valor lingüístico, si no por la necedad con que se aferra en ser desagradable.

-Sí coño, perdona, tienes razón. ¿Pero folla o no?

-Lo que hacemos requeriría de un término más basto. En cambio, disculpe si no me extiendo más; pero dudo, bastante, que pudiera discernir la verdadera naturaleza de lo que experimentamos el uno del otro cuando estamos juntos.

-¿Cómo de juntos? ¿Follando?

-¿Podría demostrar un poco más de respeto por alguien a quien ni siquiera conoce? Es una mujer extraordinaria, sinceramente, un diamante, un magnífico y brillante sol que ilumina todo a su paso, inteligente, y de unos modales exquisitos. La excita que le lea en voz alta, creo.

-O sea, que se pone encima. Pues a mí también me encanta que mi tronca se me ponga encima tío, parece una puta diosa, no te imaginas, con el pelo tan negro cayéndole por los hombros, tan negro, y con la boca abierta como un pájaro chico y los ojos cerrados y las tetas apuntando a donde el viento. Y yo toma que toma Ketama y ella tira que tira de la rama, ya sabes, como locos, y cuando me dice que le diga cosas guarras, como asesinos, lo que te digo, coño mira: de anoche(mordisco gordo). Una pasada. Por poco me parte la polla.