11 de enero de 2011

Blues de la madre que te parió


Claro que sé perfectamente que me amas y que vives en mis brazos.

“-No puedes poner la vela en la mesa sin la tortuguita al lado.

-¿Y qué más da? Qué tonto eres.

-Da.”

La tortuguita no va a ningún sitio sin la vela, y la vela tampoco sin la tortuguita.
Yo soy la vela.
Ella la tortuguita.

“-Si te pones así fregando los platos te voy a follar.

-¿Y cómo me pongo? ¿Así?

-Así peor.”

He pintado de azul la habitación. No de un azul cualquiera; si no de nuestro azul. Si te quedas mirando ese azul durante un rato, ves la estratosfera. Dentro tiene cosas, cosas bonitas como las ruedas de una bicicleta o un calcetín de rayas rosas, y blancas.

“Y si un día dejaras de quererme yo...”

Pero está viva. Más que nunca. Radiante. Luminosa. Viva entre mis brazos. Un día y otro y otro más hasta que un día, deje de quererla, dice.

Cuando baile con ella esta canción, estaremos tan lejos del mundo que sólo las cosas de menos de un milímetro tendrán importancia. Flotando en el azul. En el azul nosotros. En nuestro azul.