28 de febrero de 2011

Origamis de bolsillo


Comerse la legumbre cárdena que habita entre sus Grecias
mientras le escucha uno en la barriga, esa musiquilla de Tim Burton y,
convertida toda en fruta, en peras, en limones,
en doradas rodajas de piña y en almíbar,
en un néctar delicioso, barbilla abajo,
devorar la asimetría de sus senos cosenos,
lo tibio de su axila algebraica, dórica, Elevation in the Moon,
el iceberg de su oreja pintada a pastel con cobertura de avellana,
la laca en sus dientes, piedras de rio,
el musgo de sus dedos de alambre, de patas de jilguero,
buscándome la vértebra,
donde sabe que guardo el aquelarre.

A espada me gusta, a vendetta,
a tormenta en el pelo y en un ojo la luna y en el otro, la sangre,
a mermelada agria y a fusta de tacones, me gusta,
que se quite la anilla y ese clic clic y que me estalle, me gusta,
en la boca.