3 de febrero de 2011

Si no fuera por tu risa


Cuando dos átomos se abrazan de verdad,
el universo entero podría derrumbarse alrededor
sin que dejaran de bailar, sobre el azul, flotando,
una canción de amor de los ochenta.

Una mierda pa Paulo Coelho.

Me gusta cómo huelen los manteles de mi casa.
No es nada parecido a la guerra- qué cáncer que,
poco igual que el líquen en los ojos los manteles-,
que libra el mundo contra el mundo, y me parece,
que de lo solos que estaremos algún día,
de todo, lejos, de todo, sin,
seremos una piedra en el camino, más,
y tú un arroyo turbio de palomas,
sobrevolando un siglo en llamas,
para nada.

Y partirte
a besos
la boca.

Cómo, era contigo, jugar al ajedrez.
Mover el álfil y el caballo y derrocar,
de súbito al monarca, tú, cómo, era como,
eras, emocionante,
un tablero de cuadros satinados y brillantes,
negros,
y blancos,
donde yo me arrodillaba a tus antojos
de princesa moderna y delirante,
con destello nenúfar en los guantes,
y un curso de papiroflexia con diamantes.

Todo sigue igual que cuando estabas:
la marca de tu culo en el sofá,
las bragas tiradas por el suelo,
las velas bailando cha cha cha...