4 de febrero de 2011

Te espero en la calle


Dios,
que estás en los cielos...
Baja.
Si tienes huevos.

Yo la tuve con Dios en los setenta.
Le partí una botella de tequila en la cabeza.
Él un palo de billar en las espaldas.
Y todo por la chica más bonita del condado,
de Wichita, Kansas.

Salió cara.
Lucy dejó una perla roja en el pañuelo y se murió
de una tos para adentro que la hundió en el colchón.
Me debes una copa, le dije a Dios mientras,
se evaporaba de la habitación 212,
con el alma de Lucy entre los brazos.