21 de febrero de 2011

Thru


Las paredes de esta habitación son tristes. Aunque no fueran grises serían tristes. Aunque no tuvieran esas frases escritas con bolígrafo, hendidas con la punta, supongo que de una cucharita de café, tal vez de una navaja. ¿Quién sería Amalia? ¿Por qué quién fuera pintó un pequeño corazón sobre la i en vez de un simple punto?
El techo no es mejor. Ni la luz de esta mierda de bombilla.
La ciudad entera es algo triste bajo la lluvia. Tal vez todas las ciudades sean iguales. No estaré el tiempo suficiente en ninguna para comprobarlo.
La maleta aún está abierta sobre la cama y se le ven las tripas: calcetines y espuma de afeitar; un libro, mi único libro, mi libro de siempre; cuatro paquetes de tabaco; cosas, cosas sin importancia.
Y su foto.
Miro por la ventana la gente pasar con el cuello metido en sus gabanes, escondidos de hombros, a salvo casi, dentro de los paraguas. Mañana sale un tren a cualquier sitio. Mañana es un tren. Da igual hacia dónde. Las paredes siempre seguirán siendo grises.