2 de junio de 2011

If


-Se asoma uno a la borda de su vida y entornando los ojos mira el horizonte y enciende un cigarrillo y entre el humo lo que ve, es una mierda. Abres la lata más triste de todas las latas de albóndigas de este mundo y metes la cuchara y la cuchara te la metes en la boca y lo masticas de una manera arcaica todo y poco estimulante y escuchas tus dientes triturar los guisantes bajo la sucia luz de la bombilla del techo de la cocina y, sentado sobre la encimera, piensas de repente que si un hueso de pollo se te atragantara en la garganta estarías solo, solo y en calzoncillos tirado en el suelo con los ojos abiertos como platos y las uñas arañando la puerta de la casa.
Patético.
Y lo peor, es que me gusta.
Esta es mi última visita. Supongo que lo sabe señorita Li.

-¿Por eso has comprado esa pistola?

-Sí.

-Tengo que admitir que no estaba preparada para esto...

El toráx se le abrió como un melón, y entre los labios, sostenía una rosa roja mientras toda la sangre que tenía en el cuerpo inundaba la mesa y resbalaba al suelo hasta la calle, escaleras abajo.

-Me encantaban sus gafas de Prada.

“No creo que fuera necesario”

-Cállate, estúpida arañita parlante.